Espectáculos

Vivir en el circo fue una fiesta continua

Myriam González es una joven mexicana que por una casualidad tuvo la experiencia de vivir en las caravanas del circo Ringling Bros “Cuando estaba en la universidad acostumbraba salir a bailar a los antros de moda, una de esas noches conocí a un joven extranjero, muy amable, con el que platiqué toda la noche, y ahí me enteré que era un trapecista del circo Ringling Bros que se encontraba de visita en nuestro país”.

Después de algunos días de asistir diario a las funciones que ofrecían en la ciudad, el trapecista llamado Kôô János, de origen húngaro, la invitó a acompañarlo a su próxima gira en el verano, la cual sería en varias ciudades de Estados Unidos.

“Me aventuré, era joven y decidí llegar a San Francisco, en Estados Unidos, ahí viví en los vagones de la caravana donde se transportaban de lugar en lugar, la convivencia era extraña, porque la mayoría eran generaciones de familias completas, se casaban entre ellos y sus hijos nacían en el circo y el futuro de la mayoría es volverse cirqueros”.

La joven pasó varias temporadas en el circo, en el que asegura aprendió muchas cosas, “son poco apegados a las personas, a los lugares, se adaptan a los cambios, los que estamos establecidos en un lugar no podemos hacer eso, porque para ellos ésa es su forma de vida”.

Myriam acepta que el circo le dejó una huella grande en su vida, “lo que más me impactó de la vida ahí adentro fue que a pesar de que todos llevaban una vida nómada, las familias son muy estables, la educación es buena y los valores no se han perdido”.

“En ese lugar conocí personas de todas las nacionalidades, había europeos, chinos, estadunidenses y latinos, para ellos era su vida, su trabajo, pero para mí que era una visitante de temporadas fue una fiesta continua”.

A pesar de que ya era conocida por los que administraban el circo, Myriam nunca fue invitada a trabajar en él, “yo sólo viajaba con ellos, no hice ningún trabajo en el lugar, además de que nunca consideré justo lo que les pagaban, a los chinos era a los que menos les pagaban, seguían los latinos, los europeos que venían de países comunistas y los que mejor vivían eran los norteamericanos”.

“Creo que fue una gran experiencia convivir con los artistas, quienes se preparan arduamente para dar un buen espectáculo”, finalizó.

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