Una sociedad fragmentada

Isidro H. Cisneros

En distintas regiones de nuestro país se observan movimientos de protesta por la frustración y el malestar social que ha producido el aumento de las gasolinas. Como era de esperarse, esta decisión está motivando un generalizado incremento de los precios en los servicios básicos y en los productos de consumo popular. Una decisión inesperada que trastoca profundamente el equilibrio económico y financiero de México, y que ocurre en un momento de incertidumbre por el contexto de cambio de poderes en nuestro vecino del norte, que abre un nuevo ciclo conservador a nivel internacional. Con la decisión de liberalizar los precios la confianza se desvaneció. Y la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir.

El malestar se traduce en protesta contra un sistema considerado obsoleto y, al mismo tiempo, incapaz de garantizar mínimos vitales de justicia social. Representa un recordatorio de las limitaciones institucionales para producir una democracia de calidad con equidad. Las razones de los movimientos sociales están motivadas por una crítica y una reivindicación de cambio al orden establecido. Se dirigen contra las instituciones tradicionales que evidencian el fracaso del Estado en áreas clave de la vida colectiva relacionadas con la política social. Las calles de muchas ciudades son el escenario de una protesta ciudadana que exige cambios a nuestra clase política. Se trata de movimientos por el derecho a mejores condiciones de vida que se manifiestan en formas y niveles muy variados de organización.

El sociólogo del comportamiento colectivo, Alain Touraine, considera que los movimientos sociales surgen cuando los actores concentran sus acciones en torno a aspiraciones comunes frente a las autoridades. Los movimientos evidencian la irrenunciable búsqueda de una sociedad más incluyente y democrática. El profesor Touraine afirma que ellos encarnan las “estrategias del desencanto social”. Cuando el sistema económico resulta inadecuado para proporcionar un marco satisfactorio para el comportamiento colectivo, las personas se ven forzadas a cuestionar el orden institucional poniendo en marcha acciones no conformistas o contrarias al sistema. La acción colectiva es el principal recurso, y con frecuencia el único, del que disponen los ciudadanos para reclamar sus derechos y las formas que adopta tienen poder porque desafían a la autoridad, despiertan solidaridad y cobran significado para determinados grupos de la población.

La acción colectiva puede ser breve o constante, institucionalizada o radical, permite la inclusión, produce reivindicaciones nuevas y se conduce a través de una crítica al sistema. El poder de los movimientos se pone de manifiesto cuando los ciudadanos unen sus fuerzas para enfrentarse a las élites a través de la acción colectiva. En la base de la protesta también se encuentran las redes sociales y los símbolos culturales. Iniciar una protesta es algo relativamente sencillo si existe un malestar común y persistente, lo difícil es ponerle fin de forma exitosa y en un sentido democrático. Los movimientos surgen como un sentimiento de insatisfacción social que el Estado debe atender.

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