Democracia fracturada

Guillermo Puente Ordorica

En el sistema internacional, uno de los debates de mayor relevancia sigue refiriéndose a la vigencia de la democracia y a los esfuerzos de organización política, económica y social en ese sentido, con la expansión de la libertad de expresión, la búsqueda de la equidad, el respeto a los derechos humanos y el combate a la corrupción, entre otros, como punta de lanza de dichos esfuerzos a pesar de importantes retrocesos y avances de corrientes autoritarias en todo el mundo, con pocas excepciones que pudieran alimentar el optimismo. En ese sentido, a pesar de la vigencia de la democracia en todos los debates políticos, las corrientes retrógradas contribuyen a alimentar una percepción de aparente inviabilidad o imposibilidad de movilidad en favor de todos los aspectos consustanciales a los llamados valores democráticos, pero también diversos actores políticos que se asumen como demócratas o pretenden serlo, se han encargado de aletargar todo tipo de avances, respaldados por una coyuntura en la que la desinformación y la mentira se han convertido, contradictoriamente, en una herramienta de información de la que abusan deliberadamente y sacan provecho para promover planteamientos en favor de intereses y objetivos específicos, no comprometidos con causas progresistas, ni de bienestar colectivo.

Los especialistas se han dado a la tarea de explicar la llamada era de la postverdad que transita asociada a la creciente utilización de las tecnologías de la información, particularmente de las llamadas redes sociales para profundizar este fenómeno. En esa medida, los sistemas democráticos parecen fracturados en su esencia, en diferentes realidades sociales, incluso en países que tradicionalmente se han considerado como modelos democráticos, sobre todo del mundo occidental. El reciente fenómeno político electoral estado unidense ha sido un crisol de todas esas tendencias contradictorias, con un resultado que tiene a propios y extraños preguntándose todo lo que ha marchado mal y que pudiera tender a empeorar a partir del 20 de enero. No es el único ejemplo, ya que tendencias autoritarias igualmente preocupantes han avanzado sus fichas en distintas sociedades como la rusa, la china o la turca, entre otras. Existen situaciones todavía peores a pesar de que se plantearon la consecución de la democracia en sus inicios, como ha sucedido en los países árabes y del norte de África de la llamada primavera árabe, que no solamente han visto fracasar dichos esfuerzos si no que son presa de burbujas inciertas, pletóricas de violencia y tragedias humanas.  Desde luego, la realidad mexicana es excepción y su frágil e inconsistente sistema democrático parece haber pospuesto cualquier esperanza de consolidación ante el avance de corrientes y proyectos poco alentadores.

De forma que la fractura del sistema democrático también ha alcanzado a sus mecanismos de representatividad, con los partidos políticos ocupando un asiento de primera fila, en la medida en que aparecen alejados de los ciudadanos, volcados en asegurar intereses cerrados y corporativos, acrecentado esa sensación de fractura, aprovechada por lo demás por actores políticos que se manifiestan en contra de los partidos políticos, pero que se han beneficiado de sus estructuras y del papel esencial que juegan en la democracia representativa para escalar en las relaciones de poder. De nueva cuenta, el proceso político electoral estadunidense es ilustrativo, aunque claramente no es el único caso que pudiera arrojar luces en este sentido. 

En colaboraciones pasadas, hemos insistido en señalar que parece claro que la estrechez de la democracia contemporánea está tomada de la mano de la profundización de intereses reducidos y privilegios minoritarios, en detrimento de amplias capas sociales.  De acuerdo con la sabiduría popular no se valora lo que se tiene hasta que se pierde; solamente sería peor pensar que en algunos casos ni siquiera se ha tenido democracia.

En perspectiva, los grandes estudiosos apuntan que el problema de la democracia, de sus características y de su prestigio o desprestigio es tan antiguo como la propia discusión de la organización política, y que ha sido repropuesto y reformulado en todas las épocas. (Norberto Bobbio, Diccionario de Ciencia Política, 10ª edición, 1997). De ser el caso, en la época que corre bien podríamos dar cauce a un nuevo replanteamiento para erradicar los males que aquejan a la democracia moderna tomando en cuenta entre otros,  los mencionados en este espacio.

 

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