Mundo

¿Quién quiere a Trump y quién no?

Expectación. Nadie se siente indiferente ante la llegada al poder del magnate populista. ¿Qué esperan del próximo presidente de Estados Unidos seis líderes mundiales?

Trumpófilos

Vladímir Putin

El presidente de Rusia no ve la hora de que Donald Trump se siente ya en el Despacho Oval. Cuando eso ocurra, dentro de tres días, podrá respirar aliviado porque habrá logrado de un golpe quitarse del medio a Barack Obama, a quien guardaba una profunda hostilidad, y tratar a partir de ahora con un declarado admirador de su persona y de su modo de gobernar.

A Putin poco lo preocupa lo que digan de su presunta maniobra de pirateo cibernético para ayudar a su “amigo neoyorquino”, lo que le interesa es “recomponer lazos con EU”; un eufemismo que, para los que hemos seguido la trayectoria del hombre fuerte del Kremlin, es una forma de decir que quiere convertir a Trump en su marioneta y lograr de él, para empezar, que le levante las sanciones y le ayude a convertir a Siria en un protectorado ruso.

 

Theresa May

Marginada por sus socios europeos por el triunfo del Brexit, la primera ministra británica ha visto luz al final del túnel. Ayer, la líder conservadora se encontró con un inesperado aliado: Donald Trump. El magnate —con intereses económicos en Escocia y Gales— le dijo que no se angustie si esos pérfidos europeos quieren echarla de mala manera de la Unión Europea, porque él le tenderá la mano con un generoso acuerdo bilateral.

May aplaudió el apoyo, pero la canciller alemana Ángela Merkel le echó un jarro de agua helada al recordarle que Londres, que quiere atrasar cuanto más pueda el Brexit, no puede negociar bilateralmente con otro país mientras sea parte de la UE. Si rezó por algo la “premier” esta pasada noche habrá sido por la derrota de Merkel en las elecciones a finales de este año.

 

Benjamín Netanyahu

Después de sufrir a Obama, Trump es, para el primer ministro israelí, lo más parecido a la llegada del Mesías. El magnate republicano está dispuesto a llegar donde no se ha atrevido ningún otro mandatario estadunidense desde que estalló la Guerra de 1967. Ha prometido que una de sus primeras medidas será trasladar la embajada de EU de Tel Aviv a Jerusalén, una decisión que supondría no sólo la retirada definitiva del proceso de paz de los palestinos (que aspiran a levantar su futura capital en Jerusalén Este), sino que incendiaría las relaciones de Washington con los países musulmanes y dispararía la amenaza de atentados yihadistas contra occidentales, en venganza por la judaización del tercer lugar sagrado del islam.

Trump amenaza también invalidar el acuerdo nuclear con Irán, como quiere Netanyahu, con la esperanza de arrastrar a EU a una nueva guerra en la región.

 

Trumpófobos

xi Jinping

El dragón aún duerme, pero está siendo molestado y tiene muy mal despertar. Ésta es, en otras palabras, la advertencia del presidente de China a Trump por su coqueteo con Taiwán, su provincia rebelde. De hecho, de su boca ha salido una palabra que debería preocupar y mucho a su adversario estadunidense: “Guerra”. Fue pronunciada para elevar el tono de advertencia de Pekín tras insinuar el magnate que podría anular la política de “una sola China”, respetada por todos los mandatarios de EU desde que el republicano Richard Nixon estableció relaciones diplomáticas con la China comunista de Mao en 1972.

Xi parece cómodo tanto en su papel belicista como en su papel de guardián del libre comercio. Quién iba a decir que Davos, la capital de invierno del capitalismo, iba a recibir con los brazos abiertos al líder de la China comunista, para que haga de contrafuerte al proteccionista líder de EU.

 

Ángela Merkel

La canciller alemana se ha convertido en el único líder occidental que se siente con fuerzas para frenar la locura proteccionista de Trump y sus chantajes a las empresa que inviertan en países como México y no en Estados Unidos, una práctica que no difiere mucho de la de los mafiosos con los negocios de los territorios bajo su influencia.

Al mismo tiempo que Merkel alertaba sobre las “tentaciones proteccionistas” que sólo causan un beneficio a corto plazo y conducen a la guerra comercial, la empresa automotriz BMW no se dejaba chantajear por Trump y anunciaba que mantiene sus inversiones en México, a diferencia de otros inversores, como los italianos de FIAT, los japoneses de Toyota o los estadunidenses de Ford, que se han asustado a la primera de cambio.

Con Alemania no se juega, y con la Merkel menos.

 

Papa Francisco

El Papa se mantiene, de momento, a resguardo del huracán Trump, pero esto podría dejar de ser así en cuanto el futuro presidente empiece a aplicar sus políticas agresivas, como la decisión de expulsar a millones de inmigrantes indocumentados o de despojar a millones de estadunidenses de bajos recursos del seguro que les otorgó el todavía mandatario Barack Obama.

La doctrina trumpista, en cuyo vocabulario aparece la palabra venganza, pero no compasión, está llamada a entrar en colisión con la doctrina del argentino Bergoglio, más cercana a los pobres y completamente alejada de los suculentos negocios y la opulencia consumista en la que vive el magnate y con la que logró convencer a millones de hipnotizados estadunidenses en las pasadas elecciones.

Trump tendrá derecho a gobernar sobre los bolsillos de los estadunidenses, pero Francisco gobierna sobre las almas de millones de católicos en ese país. El choque pues, está servido.

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