Trump en la antesala de la Oficina Oval

Wilfrido Perea Curiel

Donald Trump se encuentra a horas de arribar a la Casa Blanca. Como presidente electo en su primera presentación, marcó la línea de sus políticas, reiterando firmeza y rudeza en su discurso. Que no quepa duda, el futuro mandatario de Estados Unidos pasará sin miramientos de las palabras a los hechos, más vale tener claro que de ninguna manera suavizará su posición ante México.

Para nuestro país, el panorama es pesimista. Distintos analistas coinciden en un futuro inmediato complicado, señalando que lo peor aún está por llegar.

El magnate inmobiliario ha dirigido su presión hacia ejecutivos de empresas automotrices. Ford anunció en días recientes retirar su proyecto de inversión en San Luis Potosí y el efecto no se hizo esperar: el peso se desplomó ante el dólar y los mercados se pusieron nerviosos.

Ford, Toyota, General Motors y, este fin de semana, BMW han sido las armadoras destinatarias de los recientes mensajes de Trump, en su intentona de lograr que estas empresas monten sus complejos en Estados Unidos. El millonario ha dicho que tiene la misión de convertirse en el más grande creador de empleos de la historia.

Otras industrias norteamericanas instaladas en México remojan ya sus barbas, ante la resolución del magnate de acometer para obligar su salida del país y su traslado al vecino del norte.

Emblemática será su intimidación para la edificación del muro fronterizo. Toda una imagen plástica de lo que le espera a la complicada relación bilateral. Por disparatada que suene la idea, el futuro huésped de la Casa Blanca insistirá en que los mexicanos deberán pagar por esa cortina divisoria.

Proteccionismo, renegociación del TLC, guerra comercial, xenofobia y, particularmente, un acentuado antimexicanismo son los elementos principales que resaltarán en el escenario que tendrá lugar a partir del viernes.

La puerta, que por muchos años estuvo abierta para la industria exportadora mexicana, parece cerrase ante el asombro de los mexicanos y del gobierno federal que, por cierto, luce azorado ante los embates. Se impone la toma de decisiones y acciones inmediatas. El difícil escenario plantea una estrategia múltiple.

Por principio, la diplomacia no puede y no debe abandonarse. Urge que la cancillería elabore y dé a conocer una inteligente agenda bilateral, precisando los aspectos innegociables mexicanos y que se han de presentar a la administración Trump, a modo de comenzar pláticas y negociaciones. Lo peor que nos podría suceder es evidenciar que no tenemos una clara posición ni una estrategia definida.

Los puntos no sujetos a negociación para México, dentro de esta agenda, debieran ser: la defensa de los connacionales en los Estados Unidos y, por supuesto, el abandono al disparate de pretender financiar la construcción del muro. Sin embargo, la punta de lanza para esta operación puede ubicarse en los temas de seguridad, que son temas comunes y que poseen una dimensión continental y le dan fuerza a nuestro país para convenir posiciones.

Mirando hacia nuestra economía, es necesario aprovechar la circunstancia para reorientar la política exportadora mexicana. La enorme dependencia de la economía norteamericana obliga a aprovechar la coyuntura para acrecentar la relación con Canadá, nuestro tercer socio comercial, así como intensificar los intercambios con Europa y Asia; China para ser específicos.

Qué decir del mercado interno, despreciarlo y no aprovechar la situación es abandonar la mejor de las oportunidades. Es tiempo de fortalecer la economía interior y diversificar los destinos de exportación.

La puerta que cierra Trump nos lleva a ver otras puertas abiertas que no hemos atendido suficientemente. O lo hacemos ahora como país, o nos resignamos a la dependencia sumisa ante el gigante del norte, cuya economía quién sabe cómo salga librada de la aventura Trump.

pereawilfrido@me.com

 

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