El futuro de la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales en México - Consejo Consultivo de Ciencias | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
El futuro de la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales en México | La Crónica de Hoy

El futuro de la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales en México

Consejo Consultivo de Ciencias

María Alicia Mayer González* y Soledad Loaeza**

En el contexto actual, debatir sobre el presente y el futuro de las ciencias humanas y sociales es una tarea ingente, de carácter prioritario. En este volumen (Hacia dónde va la ciencia en México: Humanidades y Ciencias Sociales) se presentan las reflexiones de un grupo de especialistas sobre la situación de nuestras disciplinas desde diferentes ángulos, y comparamos puntos de vista en relación con el desarrollo de las sociedades, del sistema cognitivo humano y de los problemas teóricos, prácticos y metodológicos de nuestro conocimiento.

Cuando Edmundo O’Gorman publicó su obra Crisis y porvenir de la ciencia histórica (2006) hace más de 65 años (y cuya segunda edición es la que referimos aquí), los retos de esta disciplina parecían centrarse en el debate teórico, entre intelectuales cientificistas e historicistas, de ciertos problemas conceptuales, metodológicos o de interpretación de la realidad del pasado. Esto podía hacerse extensivo —toda proporción guardada— a las ciencias humanísticas, principalmente la filosofía y la filología, y en buena medida también a las denominadas ciencias sociales (la sociología, el derecho, la geografía, la ciencia política, la economía), ellas mismas contrapunteadas entre sí. En la actualidad, el mundo globalizado en el que vivimos —de cuyo vocabulario no ha desaparecido la palabra crisis— está conectado por diversos medios tecnológicos, y en él se desarrollan amplios intercambios y relaciones que imponen nuevos desafíos y exigencias.

Las ciencias humanas y sociales no son simples actividades culturales cuyo único fin es generar en quien las cultiva —aun cuando se reconoce su mérito— un acervo infinito de erudición a veces estéril, sino que cumplen una función social primordial. Su autenticidad como generadoras de conocimiento es innegable.

En nuestro tiempo predomina una necesidad franca de conocimiento en estas áreas. Junto con la enseñanza en nuestro país de las ciencias matemáticas y físicas, amén de las tecnológicas y de otras similares, debe transmitirse también el saber humanístico. Privilegiar las actividades que generan beneficios materiales tangibles no basta, pues si la información cuantitativa no va aparejada con la formación cualitativa, se generan falsas perspectivas de desarrollo. La formación cualitativa es imprescindible para forjar una conciencia crítica del mundo en que se vive. Ya lo había advertido el físico Thomas Kuhn (1977) a finales de los años setenta, cuando observó que eran muchos los científicos que habían admitido la pertinencia de la historia y la filosofía para sus quehaceres especializados.

Desarrollar y ejercitar el juicio privado, entender las necesidades íntimas de lo humano, argumentar de manera correcta, analizar críticamente un problema, darle una dimensión ética a los actos personales son acciones que ayudan a impulsar sociedades más libres, palpitantes, preparadas, menos serviles y superficiales.

Lamentablemente, parecería que las humanidades y las ciencias sociales tienen que ser defendidas para que se reconozca su valor, para evitar que desaparezcan o que sean vistas como conocimiento de segunda categoría. Son incontables los foros, los coloquios, las mesas redondas y las reuniones académicas donde se debate su pertinencia, los problemas que enfrentan y su futuro. Es una lástima que, pese a que de toda esta actividad se derivan muy ricas conclusiones, las ideas que se han vertido tengan una difusión significativa muy limitada en el ámbito más general. Una reunión muy importante, organizada por la Coordinación de Humanidades de la UNAM, dio pie a la publicación de un libro con los resultados de las discusiones (libro Hacia dónde va la ciencia en México: Humanidades y Ciencias Sociales. Ruiz, 2013).

La misión de estas disciplinas es entender desde la acción gubernamental hasta la organización de la sociedad. Parece demasiado, pero sin ello los esfuerzos de cualquier gobierno para sentar bases y diseñar presupuestos estarían mal orientados. Un dato muy significativo: en mayo de 2013, la organización QS Clasificación Mundial de Universidades dio a conocer la lista de las mejores 200 escuelas de educación superior en el mundo. La Universidad Nacional Autónoma de México fue señalada como líder en tres disciplinas humanísticas, historia, filosofía y letras modernas, situándose como la primera en Iberoamérica y en el sitio 31 en el mundo, muy por arriba de las ciencias ambientales, las ingenierías, la física, la biología y las matemáticas.

El propósito de esta referencia no es ostentar nuestros desvelos y logros, sino asentar que, pese a los obstáculos que enfrentamos quienes trabajamos estas áreas del saber (sujetas a bajos presupuestos, a sistemas de evaluación inequitativos, que reciben pocas plazas para contratar a gente joven recién egresada de las carreras) producimos conocimiento, hacemos aportes en diversos terrenos y tenemos aciertos en programas institucionales que tienen un reconocido valor científico en el ámbito internacional y, por lo tanto, se deben estimular, apoyar e impulsar.

Además, como afirma Valeria Belloro en su contribución a este volumen, quizás una de las tareas de las humanidades sea “fortalecer la visión de la universidad como uno de los espacios sociales de desarrollo cultural, que debe formar estudiantes no para insertarse en el mercado de trabajo (o no solamente) sino en lo fundamental para generar riqueza; y que la riqueza incluye pero excede lo monetario y que los recursos necesarios para el desarrollo científico no son solo económicos sino fundamentalmente humanos”.

A partir de preguntas muy concretas que atañen al futuro de nuestras disciplinas, hemos tratado de responder a ciertos lineamientos con la convicción de que nuestras aportaciones deben tener una utilidad práctica para diseñar políticas públicas que vean en las humanidades, primero, fuentes de saber primordial y necesario y, segundo, las ventajas del apoyo a las labores de investigación, docencia y difusión de esas políticas. Se trata de proponer metas claras y concisas, pues, aunque sean muchas las sugerencias que se desprendan de los argumentos en torno a estos temas, habrá muchas más que seguirán ventilándose en los medios intelectuales y universitarios y esperamos que sean escuchadas en amplios círculos de la política, la cultura y la sociedad.

*Investigadora del Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad Autonóma de México en España

amayer@unam.mx

**Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias  e Investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México

maloa@colmex.mx

Imprimir

Comentarios