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Barack Obama: Un legado exitoso, pero incompleto

Agridulce. El primer presidente negro de la historia de Estados Unidos abandona el Despacho Oval con grandes éxitos y momentos históricos en su haber, pero sabiendo que falló en algunas promesas clave

El Yes, we can inundó estadios y mentes. Se estampó en playeras, y la sonrisa y la vehemencia positiva de Barack Obama, que apenas empezaba a salir del anonimato fuera de Estados Unidos se convirtieron en un ícono de la esperanza. Pero no de una esperanza retórica, vacía, más bien fe, sino de una esperanza concreta, activa y activista, de lo que estaba por venir.

Casi pareció que, además del racismo o Guantánamo, Obama iba a erradicar el cáncer. Hasta le dieron en 2009 el Nobel de la Paz, premio que él mismo confesó, en un sketch con el televisivo Stephen Colbert, que “para ser honesto”, todavía no sabe por qué lo recibió.

Ocho años después, el primer presidente negro de EU se marcha con la sensación agridulce de haber hecho historia pero también de haber fracasado en algunos de sus objetivos más ambiciosos. Y se marcha con el terrible temor a que buena parte de los objetivos que sí logró completar queden hechos trizas en apenas semanas o meses por el presidente con el hambre más voraz de destrucción que se recuerde.

Y no es para menos, porque seguramente el elemento del legado de Obama que más ansía Donald Trump destruir es el más humanitario de todos; el que más demostró la bondad de sus intenciones. El Affordable Care Act, popularmente conocido como Obamacare, se encuentra en el punto de mira del nuevo presidente, que considera intolerable que el estado destine recursos a cuidar la salud de sus ciudadanos más pobres. Son cerca de 20 millones de personas los que han conseguido un seguro gracias al tesón de Obama y que ahora podrían perderlo.

LUCES. Pero el Obamacare no es ni de lejos, el único gran éxito del senador nacido en Hawái en sus ocho años en la Casa Blanca. El mandatario demócrata se esforzó para brindar protección a los jóvenes migrantes que llegaron al país como ilegales pero se esfuerzan para salir adelante, estudios universitarios incluidos.

También cabe destacar el increíble avance de los derechos civiles en el país, bajo el mandato del primer presidente que se declaró abiertamente feminista. Obama ha impulsado lo que parecía utópico pocos años atrás: que los homosexuales puedan casarse ya en todo Estados Unidos, sin restricciones.

Además, Obama ha vaciado las cárceles, conmutando penas a todos aquellos que se encontraban presos por delitos menores, como la posesión de apenas unos gramos de mariguana. Los penales de EU estaban absolutamente saturados por culpa del notable sesgo racial que aplica el sistema judicial, y aunque ese sesgo no ha desaparecido —como demuestra el nuevo brote de tensión racial ocurrido en los últimos dos años y medio—, el demócrata ha concedido el perdón a 1,385 reos, más que sus doce predecesores juntos.

HISTORIA. En materia migratoria, Obama lanzó la pasada semana un epílogo, al derogar, en sus últimos días en la presidencia, la ley de pies secos / pies mojados, que concedía la residencia a aquellos cubanos que lograran tocar tierra en EU, mientras que excluía a los que fueran atrapados en el mar.

Esto responde al rápido proceso de deshielo con La Habana, que ha granjeado a Obama el aplauso internacional por acabar con 50 años de ruptura diplomática con el régimen castrista. En el año de la muerte de Fidel Castro, Cuba vive con esperanza las retomadas relaciones con Estados Unidos, y recordará siempre quién permitió que brotara la simpatía entre Washington y la isla, y por supuesto, recordará la visita del demócrata a la isla.

También cargada de simbolismo estuvo la visita de Obama a Hiroshima, que le convirtió en el primer presidente de EU en visitar el memorial a los fallecidos en el lanzamiento de la bomba atómica en 1945.

Pero antes de los simbolismos y las escenas para la historia, el mandato del primer presidente negro de la historia empezó con la necesidad de superar la grave crisis económica mundial que acababa de estallar, y Obama logró reducir un desempleo que amenazaba con convertirse en un problema real a base de estímulo, de inyectar dinero y de aumentar la deuda.

Además, en estos ocho años se ha esforzado en aumentar el salario mínimo, que este año sube en la gran mayoría de estados y que por primera vez se situará por encima de los 10 dólares por hora.

SOMBRAS. Sin embargo, el legado de Obama también tiene sus puntos negros. En 2008, prometió cerrar la cárcel de Guantánamo, abierta apenas seis años antes. En los ocho siguientes, no lo ha logrado, pese a intentarlo una y otra vez. Quizás es injusto atribuirle a él sólo el fracaso, puesto que los republicanos han torpedeado insistentemente esta y tantas otras propuestas, pero aunque la cárcel ha pasado de albergar a los 242 presos que encontró el mandatario en 2009 a los 41 que quedan ahora, el hecho es que Obama fracasó en su propósito.

Tampoco ha logrado limpiar el mundo de terrorismo, pese al ostracismo de Al Qaeda. Bajo su mandato, el Estado Islámico logró hacerse fuerte y devastar la vida de millones de personas, y tuvo luego que rectificar y dejar de tolerar su existencia en Siria para combatir a los yihadistas con uñas y dientes en Mosul.

Además, con Obama la Casa Blanca multiplicó el uso de drones, aviones no tripulados que bombardean donde haga falta. La deshumanización de la guerra llevó a numerosas masacres de civiles, especialmente en Pakistán, lo que ha granjeado al mandatario multitud de críticas alrededor del mundo.

BLOQUEO. Tampoco ha logrado Obama llevar a cabo su ansiada y prometida reforma migratoria. De nuevo, gracias al bloqueo republicano. Sin embargo, cabe notar que entre 2009 y 2014, EU deportó a 2.4 millones de migrantes ilegales, más de los cerca de 2 millones que expulsó George W. Bush en sus ocho años en Washington. Y eso sin contar todos los que fueron retornados en la misma frontera.

El bloqueo republicano, y algunas reticencias entre los demócratas también son claves para entender por qué Obama ha fracasado en su promesa de imponer un mayor control de armas, tal y como prometió entre lágrimas después del desgarrador tiroteo en la escuela primaria Sandy Hook en 2012.

Los demócratas tienen un amplio y arduo trabajo por delante para recuperar el control de la Cámara de Representantes y el Senado, pérdidas que, en 2010 y 2014 respectivamente, constituyeron uno de los fracasos más importantes y menos publicitados del mandato de Obama.

Quién sabe si, sin el férreo y a menudo mezquino bloqueo de los republicanos en el Congreso durante estos ocho años, en lugar de un legado con luces y sombras, hablaríamos de historia en mayúsculas. En cualquier caso, el recuerdo de Obama perdurará por más méritos que por ser el primer presidente negro de la historia en Estados Unidos. Que no es poco.

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