La escuela del crimen

Edgar Valero Berrospe

No sé qué me indigna más. El cinismo o la desvergüenza. Cosas que podrían ser sinónimos o vistos de esa manera. Ayer presentamos una nota donde Antonio Lozano, quien todavía funge como presidente de la ex Federación Mexicana de Atletismo, disfrazada con nueva denominación de Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo, quien respaldado por otro funcionario tan cínico y desvergonzado como él mismo, se presentó a dar una conferencia de prensa ocupando para ello, las instalaciones del Comité Olímpico Mexicano.

Lozano fue encarcelado durante 23 días acusado de malversar fondos públicos que se le entregaron para que el organismo que representa, apoyara el desarrollo del atletismo en México. Algo que por supuesto no ha sucedido ni antes con el otro nombre, ni ahora con el que ocupa. Después de “garantizar” el daño obtuvo la libertad condicional y seguirá el proceso en libertad, pero eso de ninguna manera quiere decir que está exonerado de las acusaciones que formuló en su contra la Comisión Nacional del Deporte.

Es decir, para dejarlo bien claro, el proceso sigue y aunque ahora las leyes mexicanas afortunadamente argumentan que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, por el momento el señor Lozano está siendo sujeto a un proceso. Yo no soy abogado ni agente del Ministerio Público Federal, pero si me queda claro que si lo detuvieron, encarcelaron y demás, es porque cometió uno o varios delitos.

Lozano presentó, de acuerdo con la argumentación de la CONADE, documentación falsa, facturas, no se cuantas, pero si sé que fue más de una, y aunque hubiera sido sólo una para justificar un peso, ya es un delito, porque además, estamos hablando de fondos públicos, malversados y usados para otros asuntos diferentes para los cuales le fue entregado el dinero.

Hace dos días, con una sonrisa que a mí sí me insulta, porque soy ciudadano mexicano y he aportado como usted que me lee, aunque sea una pequeña parte de esos fondos para que este tipo, un auténtico vividor del deporte, ocupe el dinero para lo que quiere, salió y dijo que al salir del reclusorio, lo había hecho “fortalecido”.

No me queda claro como es que una persona que ha sido encarcelada por haber presuntamente (como se dice en términos legales) cometido un delito, pueda “salir fortalecido” de la cárcel. A Lozano no lo detuvo la policía porque creía que era culpable, sino porque un juez recibió pruebas suficientes y bastantes para obsequiar la orden de aprehensión. Pero si Lozano cree que porque estaba cerca de él, César Moreno, de igual o peor turbulento pasado, pero que para su suerte contó con que en sus días los directivos del deporte eran blandengues o cómplices de sus fechorías y jamás lo denunciaron ante la autoridad, por eso ya está “fortalecido” y puede salir con su sonrisita cínica de “ya fregué a Castillo”, está equivocado.

Porque además, el pleito no es de Alfredo Castillo, el titular de la CONADE, ni son ganas de perjudicar a nadie por perjudicar. Son ganas de que ese dinero que le cuesta a cada mexicano se ocupe para lo que se debe. Ah, y que va a venir no se que autoridad de la Federación Internacional a apoyarlo, es otra precisa e irreverente estupidez.

Yo creo que Lozano y sus secuaces no se han detenido a ver lo que sucede en el mundo civilizado del deporte. Le puedo asegurar que ninguna autoridad, ni Carlos Padilla, presidente del Comité Olímpico Mexicano, ni Sebastian Coe, presidente de la IAAF, van a mover un dedo para apoyarlo en nada mientras no compruebe su inocencia, lo cual, créame, no va a ser posible. Si la propia IAAF metió al bote por tranza a Lamine Diack, el senegalés que fue presidente del organismo, ya me puedo imaginar la cara de Sir Sebastian Coe preguntando “¿Qué hay que apoyar a quién?... ¿No es ese el directivo mexicano que metieron a la cárcel?”…

Lo que no tengo ninguna duda, es que Lozano sí salió “fortalecido” del reclusorio pero por otras razones, quizá ya haya aprendido nuevas técnicas para “tranzar”, para “fabricar” documentos falsos como sus facturas, y quizá alguna identificación que le permita evadir a la justicia mexicana e irse del país como lo han hecho otros rateros como Javier Duarte y muchos funcionarios más que creyeron que jamás la justicia les iba a poner un guante encima… ¡Cínico!

 

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