Espectáculos

Un monstruo viene a verme: Magia cruel. Dolor y ternura

Juan Antonio Bayona ha hecho en Un monstruo viene a verme un homenaje al dolor y a la fantasía. Ha dado una lección de sensibilidad con una película que deja tocar la profundidad del sufrimiento y da una sensación consoladora de que la vida tiene sentido a pesar de sus tragedias, debido a la mágica forma en que está contada. El cineasta español presenta en la cartelera mexicana el mejor de sus trabajos y uno de los filmes más maravillosos y conmovedores que puede haber.

Adaptación de la novela homónima de Patrick Ness, escritor y periodista quien se encargó de adaptar a la pantalla grande su propia obra. La película comienza a tocar el corazón desde su premisa: Cuenta la historia de un niño de 12 años llamado Connor (Lewis MacDougall), quien desde la separación de sus padres se encarga de su casa y teme lidiar con la difícil situación de cuidar a su madre enferma de cáncer, interpretada por Felicity Jones. El filme muestra el tormento del niño y su lucha constante por superar sus miedos con la ayuda de un monstruo (Liam Neeson), que le pone una serie de pruebas que le ayudan a enfrentar su terrible realidad.

Estamos frente a una de esas películas que entre más excesiva se muestra en su sentimentalismo, más impactante resulta el mensaje. Es una fábula que es deliciosa en su narrativa y construcción pero cruel y despiadada en el transcurrir de su historia; es una película que no empalaga en sus altos tonos de emociones, y que es abrumadoramente tierna.

Bayona, en complicidad con Ness, nos ha metido en la mente de un niño condenado por una situación que es real y al mismo tiempo ha tocado nuestras fibras más sensibles con elementos de fantasía. Ambos saben maniobrar con destreza sensaciones complicadas como la tristeza y la angustia, y las utilizan a su favor para darle a la película un tono cada vez más abrumador, como una soprano que lleva su voz al quebranto. Para las personas sensibles este filme puede provocar un llanto inconsolable y al salir de la sala dejará una sonrisa porque alcanza algo inimaginable que es emocionar, conmover y dejar la sensación de magia.

Una buena parte de la virtud que tiene este filme se debe a la sutileza y detalle con que está construida cada escena, y en este rubro juega un papel importante el mexicano Eugenio Caballero y su diseño de producción en la que matiza de colores luminosos algunas escenas en las que la oscuridad y la frialdad parecen absorber al espectador. El filme también tiene un buen uso de efectos especiales y visuales y no abusa con la música y sonido, deja su poder al mensaje y la historia.

La película se cuela por la memoria de cada espectador para doblarlos por dentro al apelar a las emociones del niño que cada uno de nosotros fue y los enfrenta con el momento más duro de cada historia. Por eso la película es tan efectiva. Porque tiene una construcción tal que conecta con las pulsiones humanas más opresoras y aprensivas.

El pequeño Lewis MacDougall brilla con un personaje complejo que a menudo refleja una de las percepciones que tiene el monstruo sobre él: “Eres un muchacho demasiado viejo para ser un niño, demasiado joven para ser un hombre”. Parece que muestra matices dramáticos mucho mejor que otros actores afamados de los que no vale la pena hablar. Mientras que el monstruo esconde en su inmensidad una apariencia intimidante, un fondo benevolente y un propósito por transmitir la sabiduría para enfrentar la adversidad que todos deberíamos de aprender.

Con esta película Bayona cierra su trilogía sobre las relaciones maternofiliales, que inició con El orfanato y continuó con Lo imposible. Vaya sorpresa tan grata este filme que ya lidera las nominaciones al Goya con 12 menciones. Esta película es imperdible.

 

El matrimonio: Loving

Director: Jeff Nichols (EU, 2016)

Jeff Nichols lo volvió a hacer. Es uno de esos cineastas discretos pero con una constante de efectividad. En medio de una polémica en Estados Unidos sobre el tema del racismo en la industria del cine llega con un drama interracial inspirado en hechos reales. Cuenta la historia de Mildred (Ruth Negga) y Richard Loving (Joel Edgerton), una pareja que se casó en Virginia en 1958. Debido a la naturaleza interracial de su matrimonio, fueron arrestados, encarcelados y exiliados. Durante una década la pareja luchó por su derecho a regresar a casa. La película concentra su fuerza en las dos magníficas interpretaciones protagónicas, sobre todo a de Joel, quien hace una magnífica ejecución de escenas contenidas. No es un drama intenso, sino perseverante y noble como la lucha de los dos protagonistas, que recibirá mucho menos de lo que merece en esta temporada de premios.

 

Acapulco, la vida va

Director: Alfonso Serrano Maturino (México, 2013)

Han pasado casi cuatro años desde su debut en el antiguo Festival Internacional de Cine de Acapulco (FICA). Hasta ahora encuentra cabida comercial, aunque en escasas salas. Una película que es amable, con momentos cómicos y a la que quizás le fallan los toques dramáticos que se sienten forzados. Sin embargo, si es una película que resulta entrañable al final del día con la historia de Mariano (Patricio Castillo), quien reúne a sus amigos de toda la vida Justo (Sergio Bustamante) y Antonlín (Alejandro Suárez) a viajar a Acapulco, un lugar que fue importante para ellos desde 50 años atrás. El reencuentro es mero propósito para hacer un homenaje a los verdaderos amigos, y dar un mensaje inspirador sobre lo valioso que es vivir intensamente hasta el último día de nuestras vidas. Filme sencillo, un poco insípido, pero aceptable.

 

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