Cultura

Llegar al mar es un salvoconducto a la vejez, señala Jorge F. Hernández

El escritor Jorge F. Hernández.

“George Orwell es de mis autores favoritos, es uno de los fantasmas con los que he tratado de sobrellevar la adrenalina de escribir. Escribo tres columnas a la semana, lo cual es un problema psicoanalítico serio, porque escribir una columna es como dice Juan Villoro: literatura con prisa, y hay personas que se han ocupado en pensar qué significa eso y uno de ellos es George Orwell”, señala Jorge F. Hernández (México, 1962) a propósito de su libro Llegar al mar, antología de los textos que el ensayista ha escrito para su columna Agua de azar.

Entre los relatos que se compilan y que fueron hechos de octubre 2012 a octubre de 2014, hay historias de cómo la familia del autor convivió con Jorge Ibargüengoitia, reflexiones sobre los migrantes que quedan en el olvido y sobre todo, textos que despiden a autores como Luis González y González, Eliseo Alberto, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.

“En esta etapa de Agua de azar se nota que tuve que despedirme de muchos amigos entrañables que nos dejaron acéfalos: Federico Campbell, José Emilio Pacheco, Mutis, Gabo. También hay un cambio de generación y eso se refleja en el prólogo, que se lo pedí a un escritor joven: Hernán Bravo Varela, porque es momento de reconocer que ya estoy encaneciendo. Entonces Llegar al mar es un salvoconducto a la vejez”, comenta el autor.

¿Por qué escribir y por qué buscar la respuesta en Orwell?, se le pregunta a Jorge F. Hernández, quien en un texto alude a las cuatro razones que planteó el autor de Rebelión en la granja: por puro egoísmo, por entusiasmo estético, impulso histórico y por sentido político.

“Orwell era un gran articulista que sabía distinguir perfectamente entre el metrónomo que debes tener para la novela, el segundero que debes de tener para los cuentos y el cronómetro que tienes encima para la columna…hay algunos textos que caducan a los ocho días porque ya no vale la pena hablar sobre ellos. Orwell en el libelo Why I write trató de responderse a sí mismo si valía la pena escribir y por qué; y eso lo hago cada 8 días”, responde.

En la antología editada por Almadía, el articulista también cuenta la historia de porqué su columna en Milenio la nombró Agua de azar: por un anciano que deambulaba en la colonia Del Valle preguntando de casa en casa “por alguna novela que le sobre” y a quien un día Jorge F. Hernández le preguntó sobre su pasado a lo que el señor apodado el Abuelo respondió: `Esto es agua de azar´”.

“Es verídica la existencia del abuelo, alguien me llegó a decir que era un hombre que había trabajado en una editorial, creo que David Huerta me dijo eso. Pero es cierto que pedía novelas y que la frase es de él. Quería tener una columna porque en una conversación que tuve con Adolfo Bioy Casares, él decía que era una manera de soltar la mano y de mantener ocupada la vocación. Entregar columnas es demandante porque si no entregas a tiempo no se publica y si te pasas de párrafos, alguien los va a cortar, entonces debes de tener una disciplina y casualmente esa disciplina me la dio el personaje de la Del Valle”.

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