Cultura

Develan simbolismo de dioses del pulque en la cultura mexica

El Colegio Nacional. En la última jornada del Coloquio Internacional Xpwμa Color Tlapalli se explicaron los signos que tienen estas deidades, como la Yacametztli, que es la representación de la Luna en forma de vasija de pulque y que daba a los dioses su carga sacra de seres nocturnos

La Madriguera Lunar o Yacametz­tli, el Chictlapanqui, que consistía en combinar el color rojo y negro, así como el Itztopilli o bastón de obsidiana, son elementos que en diferentes investigaciones han tenido presencia constante, informó Diego Matadamas en su conferencia “El simbolismo de los dioses del pulque del Templo Mayor develado por el color”, en el último día de actividades del Coloquio Internacional Xpwµa Color Tlapalli.

Previamente a la exposición, el arqueólogo habló del origen del pulque, producto que se obtiene a partir de la fermentación de la savia de distintas variedades de maguey y que según La Tira de la Peregrinación, conocido como Códice Boturini, el pulque fue concebido en 1239 en la ciudad de Chalco.

Desde otras interpretaciones, el pulque tiene un origen mítico, en el que participaron varios dioses y que tenía asignado el signo calendárico 2 conejo.

SÍMBOLOS. Al hablar de los signos, el investigador señaló que existen varios; sin embargo, presentó tres considerados como los más importantes: “En primer lugar se encuentra la Madriguera Lunar, llamada en lengua náhuatl Yacametztli, su forma es la representación de la Luna en forma de vasija de pulque a la que generalmente se le colocaba un conejo en el interior, este elemento les da a los dioses su carga sacra de seres nocturnos vinculados con el aspecto acuático y femenino del cosmos”.

En segundo lugar se encuentra el Chictlapanqui, “constituido por la combinación de los colores rojo y negro, generalmente en bandas verticales u horizontales que pueden utilizar en el rostro, en el cuerpo completo o en sus atavíos”.

Como último elemento, Diego Matadamas habló del Itztopilli o bastón de obsidiana, que los dioses del pulque portaban en su mano derecha que estaba  constituido por un elemento alargado que pudo haber sido de madera, que tenía en su extremo distal una perforación sobre la que se insertaba un cuchillo.

“Normalmente, este instrumento ha sido interpretado como una especie de hacha que se utilizaba en labores agrícolas gracias a los análisis de los contextos del Templo Mayor”, dijo.

HALLAZGOS EN EL TEMPLO MAYOR. Los símbolos que explicó Diego Matadamas fueron encontrados en diferentes excavaciones en el Centro Histórico de la Ciudad de México y para su conferencia se centró en una Almena, en la escultura Pachtécatl y en un grupo de esculturas vinculadas al gobierno de Izcóatl.

Gracias a los vestigios, el arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia comentó que el conjunto de esculturas permitieron, a través del color, reinterpretar el contexto, reanalizar las propuestas que se había dado y establecer una nueva propuesta.

ALMENA. El bloque de piedra de aproximadamente 50 centímetros de altura fue recuperado de los rellenos constructivos del Templo Mayor durante las excavaciones de la primera etapa en 1978.

“Podemos ver que conserva una rica capa polícroma, por su forma podemos decir que se trata de un elemento vinculado al pulque, gracias a su iconografía que corrobora que se trata de una vasija ritual. Su forma general es un cuerpo globular, con dos aletas laterales y una base formada por un cono truncado”, informó Matadamas.

La Almena estuvo colocada en el exterior y se sabe que tiene diferentes capas de color: “las superiores no correspondían a las inferiores. También hay campos de estilo en el color que pueden ser por la participación de un nuevo pintor más entrenado o por un cambio en la moda que pudo haber ocurrido sobre la iconografía de este tipo de imágenes”.

PACHTÉCATL. La escultura que fue recuperada en la Ofrenda 6 del Templo Mayor es un personaje de aproximadamente 30 centímetros de altura que representa a uno de los dioses del pulque, aseveración que se pudo hacer por los elementos que la constituyen.

“Al hacer la restitución cromática pudimos encontrar una gran cantidad de pigmento ocre en todo el cuerpo del personaje, lo cual nos lleva a percatarnos que no estaba vistiendo ninguna ropa. En la parte trasera no se encontró ningún pigmento”, dijo el arqueólogo. 

GRUPO DE ESCULTURAS. Nueve efigies antropomorfas halladas sobre la escalinata de la tercera etapa constructiva del Templo Mayor, vinculada con el gobierno de Izcóatl, corresponden al momento en el que los mexicas aún permanecían bajo el dominio de Azcapotzalco.

Las piezas encontradas en 1978 son diferentes entre sí en cuanto a materiales, formas y medidas: “Esto nos llevó a pensar que en ellas trabajaron diferentes artesanos o diferentes talleres, algunas son de basalto y otras de andesita rosada. Dos muestran una rica capa cromática, sin embargo, salta a la vista que son diseños muy diferentes”, declaró el investigador del Proyecto Templo Mayor.

TECNOLOGÍA. Los descubrimientos se hicieron gracias a la utilización de Dstretch, plugin gratuito, empleado generalmente para la pintura rupestre que utiliza filtros de color que permiten resaltar detalles que no se perciben fácilmente.

Con los estudios, concluyó Diego Matadamas, se estableció que el pigmento azul se identificó en las diademas que portaban y en sus orejeras. El ocre apareció en tres esculturas en la zona de las orejeras y en una de las esculturas en el área del torso. El blanco se utilizó para decorar todos los bragueros haciendo alusión a la materia prima que era el algodón, así como en algunas muñequeras y orejeras, y el color negro en la zona del cuerpo y rostro.

 

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