En el aula de la tragedia afloró el “contagio social” de la violencia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

En el aula de la tragedia afloró el “contagio social” de la violencia

Escenas de dolor y consternación reflejaban padres de familia de los alumnos del Colegio Americano del Noroeste.

Fue una bomba que voló por debajo de los radares de todos; de maestros, de padres de familia, de compañeros. Nadie lo detectó. El final sería la muerte en clases en el Colegio Americano del Noreste. 

En Monterrey, especialistas en educación y conducta tratan ahora de explicar este hecho, el primero en su tipo en el país.

Aunque todavía no hay versiones detalladas que expliquen la furia contenida del agresor, algunas voces sugieren que no hemos sabido leer cómo se sienten “nuestros niños y jóvenes”.

Un niño que es violento lo anuncia desde antes y siempre trata de llamar la atención, cuenta Mónica García, quien ha mirado de cerca el tema de la violencia en los centros escolares en Monterrey. 

Mónica, con maestría en psicopedagogía, trabaja en las zonas difíciles de la Sultana y habla de algunas conductas en estos perfiles. 

Son niños que hacen bromas pesadas y que suelen ser antisociales, el problema es que no hemos desarrollado la habilidad social de traducirlos, es decir, de entenderlos, indica la maestra. 

También sugiere que en escuelas privadas, la violencia puedes escalar con tal de mantener el status de la clase social en la que se desenvuelven los estudiantes. 

Esta tragedia, sin embargo, está lejos de las zonas conflictivas en las que Mónica acostumbra trabajar. Es San Pedro Garza García, el municipio más próspero de la zona metropolitana neoleonesa, la que se equipara incluso al desarrollo humano y bienestar de países nórdicos.

Pero es allí, donde en busca de explicaciones, se intenta detectar lo que Mónica dice que son componentes de los chavales conflictivos.

El día ha transcurrido pesadamente en Monterrey.

Un recorrido corto permite llegar de la escena de la tragedia a las afueras del Colegio CECVAC, una institución de 40 años de tradición, católica y con ligas académicas a la Anáhuac.

Guardaespaldas, mayordomos y nanas se las ingenian para dejar a los niños en la entrada de la escuela sampetrina. Una enorme fila de autos se desparrama mientras las profesoras, con sombrilla en mano, salen a recibir a los estudiantes.

Aquí, las alumnas se humillan entre sí por su posición social o compiten a partir del auto en el que vienen a dejarlos, cuenta una de las profesoras con más arraigo en esa escuela.

Lo mismo puedes verse entre muchachos del Colegio Americano (otra escuela). Entre ellos es motivo de burla si el chofer los trae en una camioneta que no es del año. Incluso, el destino de las vacaciones son motivo de mofa. Suele ganar el que haya ido a un lugar al extranjero.

¿Pero es esta la única violencia?  El doctor José Castillo Ruiz, egresado de Harvard y especializado en Ciencias de la Conducta radicado en Monterrey, considera que lo ocurrido en el Colegio Americano del Noreste es producto de “contagio social” de la violencia.

Relata que hace una semana se vio cómo un muchacha anunciaba su suicidio por Facebook. Los mensajes de violencia están a la orden del día, considera el doctor quien habla de descomposición social.

En el caso del joven asesino del Colegio Americano del Noreste, las redes también, ya muerto, lo hicieron circular como parte de un grupo fanático a los narcos en el que presuntamente habría anunciado un día antes su intención de realizar una masacre escolar.

Para el doctor Castillo, en todo esto hay síntomas de descomposición social, desintegración familiar y una suerte de anticultura que logra anidarse a través de los medios de comunicación.

Ayer, los regiomontanos tuvieron que sortear otro disparo en las redes. La filtración de un video donde se aprecia la agresión contra la maestra y sus alumnos. Uno de los rotativos con más arraigo en la ciudad decidió difundir el video en el que el jovencito hería a sus compañeros y su maestra y se pegaba un tiro por el que moriría posteriormente.

Lo de siempre: al parecer las autoridades que tomaron el video como evidencia, terminaron filtrándolo a un medio de comunicación.

La ira de las redes sociales no tardó en sentirse en la sultana.  

No es la primera vez que este diario se convierte en vocero de hechos violentos. En 2011, cuando la ciudad era peleada por dos cárteles de la droga, se difundían imágenes de cadáveres colgados de los puentes.

Incluso, documentaba en fotos los mensajes que los narcos dejaban clavados con puñales en los cuerpos de sus víctimas. 

Esta vez, las imágenes son de niños.

El día continuó transcurriendo pesadamente. Ya en la noche, a las afueras del colegio que por la mañana había sido invadido por una coreografía de policías, militares y autos blindados, era visitado por personas que dejaban veladoras y cartulinas con mensajes de solidaridad pegadas en uno de los accesos al plantel ubicado el sur de la ciudad.

“Yo vine porque me duele mucho lo que está pasando. Esto ya es mucha descomposición”, decía Rolando Palomo, un vecino que “todo el día estuvo con el corazón acongojado”.

“El dolor de los padres de estos niños uno también lo siente. Es momento de poner atención a la familia. Somos gente buena, de trabajo”, señalaba el vecino de la colonia Satélite.

En una veladora, en una hoja impresa, alguien dejó un mensaje:

“Es tiempo de recordar y creer que todos somos una gran familia. Somos hijos, seremos padres. Un hijo, una hija nunca deben irse antes de tiempo. Hoy todos hijas, padres, sentimos un profundo dolor. Hoy todos somos víctimas. Hoy necesitamos detenernos y mirarnos los unos a los otros. Reflexionar lo que queremos como familias. Lo que queremos como sociedad. Este no es el camino que queremos. Esto no puede, no debe suceder. Y de que esto ya no suceda está en nosotros, en la familia unidad. En la familia que se comunica. Que muestra interés en lo que el otro hace”.

La llovizna de a poco apaga las veladoras y arruga las cartulinas colgadas. Los elementos de la Fuerza Civil mantienen la sirena prendida de la unidad que ha permanecido toda la jornada en guardia. Alguien al fondo pregunta dónde se pueden enviar más flores a las familias. Un par de muchachas, ex trabajadoras del colegio hacen una oración.

Una mujer con su hijo cargando baja rápido de un auto y prende una veladora en silencio. También deja flores, después arranca y se enfila hacia la avenida Lázaro Cárdenas. Se pierde. 

En la esquina, en un Oxxo, un taxista le sube el volumen a las noticias que hablan del video filtrado. También de un cateo en la casa del muchacho que disparó. Monterrey se pone nuevamente a prueba. Ahora no fue un huracán o los narcos.

Un muchacho con una pistola calibre .22 no sólo causó daño a sus compañeros, también movió el tapete a una sociedad regiomontana que todavía no alcanza a entender qué pasó en esa aula.

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