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Lo que no debemos olvidar de Trump

Inquietud. 2 El magnate jura hoy bajo la sombra de una presidencia ilegítima, sin haberse desprendido de sus negocios, con México en la mirilla y sin señales de que vaya a controlar su narcisismo patológico que lo convierte en alguien tóxico e imprevisible

1.- No olvidemos que ganó ilegítimamente

Cuando la ventaja en las encuestas de Hillary Clinton parecía insalvable, Donald Trump dijo lo que nunca se atrevió a decir ningún candidato en la historia de Estados Unidos: que no reconocería su victoria porque su campaña estaba viciada y conspiraba con la prensa liberal para robarle el triunfo. Pues bien, esto fue lo que ocurrió: hubo juego sucio, pero no contra él, sino contra ella.

Semanas antes de las elecciones, el Comité Nacional Demócrata denunció un hackeo masivo para perjudicar a Clinton. Los servicios de Inteligencia de EU confirmaron la procedencia de los ciberataques: Rusia, gobernada por quien, curiosamente, Trump no se cansa de adular: Vladímir Putin.

Pese a la gravedad del caso, el jefe del FBI, James Camey, ocultó el “detalle” de la “conexión rusa”, alegando imparcialidad electoral. Sin embargo, diez días antes del 8 de noviembre, el republicano Camey “olvidó” su neutralidad y anunció que reabría el caso de los correos de Clinton. A las puertas de las elecciones dijo que no encontró nada perseguible, pero el daño ya estaba hecho y fue suficiente para que un puñado de votos inclinaran la balanza a favor de Trump en estados claves, como Florida, Michigan o Pennsylvania, que le dieron la victoria final, gracias a esa anomalía de EU, que declara ganador al candidato que logre 270 delegados del Colegio Electoral, en vez de conceder la victoria a quien gane en votos populares, como logró Clinton con casi tres millones más que su adversario.

Para fortuna del magnate, Clinton sí juega limpio y reconoció su derrota, por muy injusta que le pareciera. Y, efectivamente, fue injusta y lograda por la injerencia rusa y el papel dudoso del FBI. Por eso, como dijo el Nobel de Economía Paul Krugman, “es incluso un acto patriota denunciar que Trump es un presidente ilegítimo”.

2.- No olvidemos que es un narcisista patológico

Ya lo escribimos en Crónica en mayo, cuando todavía era un aspirante republicano. Trump padece desorden de personalidad narcisista y egocéntrica, que hace que necesite sentirse adulado por otros y no soporta que lo critiquen. Síntomas de que nos enfrentamos a un perturbado mental fue cuando atacó a Meryl Streep, que reprendió al republicano por haber humillado cobardemente a un periodista con parálisis cerebral que no escribió bien de él.

Si así se comportó con un discapacitado y con una de las actrices más respetadas ¿Qué les espera a los gobernantes extranjeros que no le rindan pleitesía? ¿qué nuevo orden internacional puede surgir de quien llama terroristas a los refugiados sirios y no es capaz de decir una mínima crítica al criminal de guerra Bachar al Asad, solo porque es aliado de su idolatrado Putin?

3.- No olvidemos que es un empresario, no un político

A estas alturas lo grave no es sólo que siga negándose a presentar su declaración de impuestos y se ufane de haber burlado al fisco, lo preocupante es que, quien desde hoy se sentará en el Despacho Oval, se niega a desprender de sus negocios en EU y en varios países, a los que ha cedido a sus hijos.

Una de dos, o Trump cree que sus compatriotas son idiotas y van a creerse que no hay conflicto de intereses entre su cargo político y su negocio familiar; o el idiota es él por no hacer lo que hicieron sus antecesores —crear un “blind trust” (fideicomiso gestionado por administradores anónimos)—, para evitar así la amenaza de verse envuelto en un proceso de destitución, por usar su cargo para beneficio propio.

4.- No olvidemos que su cortoplacismo amenaza al planeta

Como vimos arriba, Trump es un empresario que juega a ser político, sin dejar de ser lo primero, algo difícilmente compatible para un bueno gobierno, especialmente si pretende gobernar a la primera potencia.

¿Cuál es el problema, además de que tratará de diferente forma a países donde tenga inversiones? Básicamente uno que afecta a los empresarios avariciosos y sin escrúpulos: el cortoplacismo.

El ejemplo más sangrante es la lucha contra el cambio climático. Trump prometió en campaña sacar a EU del Acuerdo de París y explotar al máximo la extracción de carbón y petróleo del subsuelo nacional. Es probable que Trump sepa en el fondo que el calentamiento global es consecuencia de la quema de estos combustibles fósiles, pero no le importa, porque, sus efectos perniciosos serán una verdadera amenaza a largo plazo y no ahora, cuando lo único que le preocupó fue ganar el voto de los estados industriales o mineros.

Su cortoplacismo mezquino no sólo pone en peligro el primer gran acuerdo de la humanidad para salvar el planeta del desastre, sino que su política proteccionista agresiva, con la que busca crear puestos de trabajo en EU cuanto antes, robándolo de otros países, amenaza con reventar el libre mercado y amenaza con abrir una era de guerras comerciales entre países que antes eran socios.

5.- Y no olvidemos que es un enemigo de México

Trump empezó su carrera a la Casa Blanca llamando “criminales” y “violadores” a los mexicanos y hoy se instalará allí reiterando que el muro lo pagará México y abriendo oficialmente la cacería de indocumentados para su deportación. Pero a estas alturas, lo del muro parece un mal menor comparado con el chantaje con tintes mafiosos dirigido a los que inviertan en México, en vez de hacerlo en Estados Unidos.

El nuevo presidente de Estados Unidos ha decidido incluir a México en su particular eje del mal, junto a China y de nuevo Irán. Se equivoca gravemente y será su propio equipo —y desde luego el gobierno mexicano— el que tendrá que hacerlo entrar en razón y recordarle que los lazos entre ambos países son mucho más fuertes que la fuerza de su odio para intentar romperlo. La cuestión es cómo hacer entrar en razón a un loco.

 

fransink@outlook.com

 

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