En el inicio de la era Trump - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
En el inicio de la era Trump | La Crónica de Hoy

En el inicio de la era Trump

Leopoldo Mendívil

MTRO. LUIS CASTRO OBREGÓN,

POLITÓLOGO:

 

+Si el adoctrinamiento es bien

conducido, casi todo el mundo

se puede convertir a lo que sea

Aldous Huxley

Hace casi tres años, en Francia apareció un libro titulado Común, que escribieron el filósofo Christian Laval y el politólogo Pierre Dardot, pero a México han llegado solo algunos ejemplares de la edición española (tú, seguramente, uno de ellos), pese a contener una doctrina que pudo comenzar a controlar a nuestro  neoliberalismo. Será por eso…

Creo que el país debiera estar ya inundado de esa doctrina, denominada como el título del libro; todos debiéramos haber aprendido, estudiado y, en lo posible, demandado su aplicación; más cuando sabíamos que, hoy, Donald Trump jurará sobre la Biblia y se convertirá en el nuevo presidente de los Estados Unidos de América.

Pero nunca es tarde y como deseo incitar la lectura de Común, abajo transcribo algunos párrafos de la doctrina que explica el libro aludido. Dice (págs. 15-16):

“El presente parece estar suspendido. Vivimos este momento extraño, desesperante e inquietante, en el que nada parece posible. El por qué no tiene ningún misterio, no se debe a ninguna eternidad del capitalismo, sino al hecho de que éste no ha topado todavía con suficientes obstáculos. El capitalismo sigue desplegando su lógica implacable, aun cuando demuestra cada día su temible incapacidad para aportar la menor solución a las crisis y los desastres que engendra. Incluso para extender su dominio sobre la sociedad a medida que va desarrollando todas sus consecuencias. Burocracias públicas, partidos de la democracia representativa, expertos, están cada vez más encerrados en corsés teóricos y dispositivos prácticos de los que no pueden salir. El hundimiento de lo que había constituido la alternativa socialista desde mediados del siglo XIX, que permitió contener o corregir algunos de los efectos destructivos del capitalismo, agrava el sentimiento de que la acción política efectiva es imposible e impotente. Quiebra del Estado comunista, transformación neoliberal de lo que ya ni siquiera merece el nombre de socialdemocracia, deriva soberanista de  buena parte de la izquierda occidental, debilitamiento de la masa de asalariados organizados, ascenso del odio xenofóbico y del nacionalismo son otros tantos elementos que nos llevan a preguntarnos si hay todavía fuerzas sociales, modelos alternativos, modos de organización y conceptos que permitan esperar un más allá del capitalismo.

 

La tragedia de lo no común

La situación que se impone a la humanidad es, sin embargo, cada vez más intolerable. El verdadero espíritu del capitalismo nunca fue mejor plasmado que con la expresión atribuida a Luis XV: Después de mí, el diluvio. El capitalismo, al producir sobre una base cada vez más amplia las condiciones de su expansión, está destruyendo las condiciones de vida en el planeta y conduce a la destrucción del hombre por el hombre. El empuje del capitalismo había sido más o menos canalizado por políticas redistributivas y sociales tras la Segunda Guerra Mundial evitando así, se creía, el retorno de los desastres sociales, políticos y militares que había producido desde el siglo XIX. En los años 1980, el neoliberalismo, con la ayuda de las políticas públicas, impuso una vía distinta, extendiendo la lógica de la competencia a toda la sociedad.

“De todo ello ha resultado un nuevo sistema de normas que se apoderan de las actividades laborales. Este nuevo sistema instaura una competencia generalizada, ordena la relación con uno mismo y con los demás en función de la lógica de la autosuperación y el rendimiento indefinido. Esta forma de la competencia no nace espontáneamente en cada uno de nosotros como un producto natural del cerebro; no es biológica, sino efecto de una política deliberada. Es con la ayuda muy activa del Estado como la acumulación ilimitada del capital dirige de un modo cada vez más imperativo y rápido la transformación de las sociedades, de las relaciones sociales y las subjetividades. Estamos en la época del cosmocapitalismo, en el que mucho más allá de la esfera del trabajo, las instituciones, las actividades y los tiempos de vida son sometidos a una normativa general que los reconfigura y los orienta de acuerdo con los fines y los ritmos de la acumulación del capital. Este sistema de normas es el que alimenta, hoy en día, la guerra económica generalizada, sostiene el poder de mercado de las finanzas, engendra las desigualdades crecientes y la vulnerabilidad social de la mayoría, acelerando además el abandono de la democracia”.

Esto es el neoliberalismo, pero Trump trae algo más grave: Trump mismo…

Dios, agárranos confesados, pero defensores. Será menos peor…

 

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