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Asume Trump y predica su nacionalismo agresivo

Donald Trump saluda a sus seguidores junto a la primera dama, Melania, y el hijo de ambos, Barron, tras jurar el cargo de presidente en el Capitolio de Washington.

Donald Trump juró ayer como 45º presidente de Estados Unidos con un discurso en el que, sin nombrar a su antecesor, Barack Obama, describe al país que hereda como un paisaje apocalíptico donde hay “madres y niños atrapados en la pobreza”, “fábricas oxidadas dispersas” y donde “el crimen, las pandillas y las drogas se han robado demasiadas vidas”.  Esta “carnicería” termina “justo aquí y ahora mismo”, proclamó Trump en su primer discurso como presidente.

Nacionalismo puro. En vez de moderar su oratoria —como se espera de un candidato convertido en presidente— y hablar de unidad y de restañar las heridas en una sociedad profundamente dividida tras su victoria, Trump pronunció un discurso nacionalista agresivo, que condena a los ciudadanos de Estados Unidos a una desconocida era aislacionista, marcada por un proteccionismo agresivo, que acaba con 70 años de liderar en el mundo los valores de la democracia liberal.

“A partir de este día, va a ser solo Estados Unidos primero. Estados Unidos primero”, remarcó desde las escalinatas del Capitolio. Y advirtió: “Todas las decisiones sobre comercio, impuestos, inmigración y asuntos exteriores se harán para beneficiar a los trabajadores y a las familias estadunidenses”.

En un discurso de unos 16 minutos de duración, uno de los más breves de la historia, Trump afirmó que su gobierno seguirá “dos reglas sencillas: comprar productos estadunidenses y contratar a ciudadanos estadunidenses”.

Sobre las relaciones internacionales, dijo que buscará la “amistad” con los demás países, pero siempre bajo la máxima de que los intereses estadunidenses están “primero”.

“Reforzaremos viejas alianzas y formaremos nuevas. Y uniremos el mundo civilizado contra el terrorismo radical islámico, al que erradicaremos completamente de la faz de la tierra”, anticipó el nuevo presidente.

Muro ausente. El presidente Trump no nombró durante su primer discurso oficial ni a México ni el muro, pese a que fueron sus grandes obsesiones durante la campaña y le ayudaron a ganar las elecciones.

Por el contrario, dio a entender que muy pronto adoptará una decisión dura para sellar la frontera sur, al lamentar que, durante muchas décadas, “hemos subvencionado a los ejércitos de otros países y hemos defendido las fronteras de otros países al tiempo que nos negábamos a defender la nuestra”.

“Poder del pueblo”. Trump insistió en atacar a la clase política, como hizo durante la campaña electoral: “Hoy no estamos meramente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que lo transferimos de Washington DC y se lo devolvemos a ustedes, al pueblo”.

Mientras Washington y sus políticos “prosperaban”, dijo, las familias trabajadoras “tenían poco que celebrar”, pero eso “cambia aquí y ahora”, prometió.

“El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a ser el gobernante de esta nación. Los olvidados hombres y mujeres de nuestro país ya no lo serán más. Todo el mundo les está escuchando ahora”, insistió.

“El tiempo de la charla vacía se acabó”, exclamó Trump al pedir a los ciudadanos que no acepten a “políticos que solo hablan y no pasan a la acción”.

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