El federalismo, ¿asignatura pendiente? - Rafael García Garza | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
El federalismo, ¿asignatura pendiente? | La Crónica de Hoy

El federalismo, ¿asignatura pendiente?

Rafael García Garza

CENTRALISMO Y PODER PRESIDENCIAL

Aunque el modelo federalista ha estado incluido en los textos constitucionales desde el inicio de nuestra vida independiente, lo cierto es que ha sido más una aspiración que una práctica. A lo largo de su historia, el federalismo en México ha sido una idea, un debate público, un proyecto político, un motivo de guerras internas y, finalmente, en nuestro tiempo, una forma de organización del Estado que aún tiene fases pendientes para consolidar.

 El centralismo, con raíces en el México virreinal e incluso antes y ejemplificado en el fuerte sistema presidencial que estuvo vigente a lo largo del siglo pasado, ha inhibido la operación de un federalismo real y auténtico, en el país. Claro que los mandatarios tienen autoridad sobre ciertos asuntos domésticos, pero en los asuntos torales económicos, políticos y de seguridad dependen en extremo del centro.

La centralización del poder político y de los recursos gubernamentales alcanzó un nivel excepcional de concentración en el Ejecutivo Federal. Al principiar la década de los ochenta del siglo XX, el sistema presidencialista había arribado a su forma más aguda, considerando la amplitud de las funciones y servicios públicos directamente ofrecidos por la administración federal, en prácticamente todo el territorio nacional.

Esta situación podía comprenderse mejor en el régimen centralista o el de partido dominante; pero hoy, después de la transición y cuando el cambio de partido político es recurrente en los estados y municipios del País, no tiene justificación que sus gobernantes no asuman un rol mucho más participativo y protagónico a nivel nacional.

 

FALTA DE IMAGINACIÓN Y COMPROMISO

Parece más cómodo dejar que el gobierno federal sea responsable de todo, especialmente de aquellos asuntos que por falta de experiencia o capacidad de los gobernantes estatales y municipales no son resueltos con oportunidad o a satisfacción de la sociedad. Es recurrente en el discurso y en la plática de café escuchar reclamos al Presidente o al gobierno federal de asuntos estatales y municipales no resueltos.

La falta de imaginación y compromiso de algunos políticos que gobiernan municipios y estados de la República se dejan ver en los grandes retos, donde es fácil hacerse a un lado y trasladar las obligaciones y responsabilidades de gobierno a la instancia federal. En el discurso de campaña se subraya la necesidad de respetar la autonomía estatal y se formulan grandes promesas de acciones para mejoras y servicios, que si no se cumplen, el culpable es el gobierno federal.

El sistema político ha cambiado, sin duda, pero al parecer no se ha modificado la dependencia de los gobiernos estatales e incluso municipales con respecto al central. Siempre que se presenta una contingencia de tamaño regular en la que las soluciones locales son rebasadas, su suerte queda en manos de la Federación, sea ante el acoso de bandas del crimen organizado, crisis financieras, o desastres naturales.

 El federalismo, dicen los especialistas, incluye el reconocimiento de la existencia de fuerzas distintas del poder central. Es ideal para un país de dimensiones como el nuestro, que es de los más grandes, con peculiaridades culturales por cada región.

 Para que la democracia mexicana se consolide, es necesario que el sistema federal lo haga también, que los gobiernos estatales aprendan a rascarse con sus propias uñas y conformar con la Federación un frente único para eventos de la mayor envergadura como amenazas a la estabilidad nacional o amagos de poderes foráneos. Es triste observar cómo ante las dificultades existe poca iniciativa de los gobernantes locales.

 

FEDERALISMO CONVENENCIERO

De manera por demás paradójica, los esfuerzos para fortalecer el federalismo han surgido en el gobierno central que intenta difundir la densidad económica a nivel nacional, combatiendo la concentración y otros males relativos a la centralización económica, financiera, social, cultural y política. En la segunda década del siglo XXI es necesario para la salud pública que el federalismo sea una realidad. En días recientes hemos tenido ejemplos de la tensión que hay entre un federalismo que se quiere autónomo y otro que a las primeras de cambio pide auxilio federal. Veamos algunos ejemplos.

En Veracruz, el nuevo gobernador Miguel Ángel Yunes, que ganó la elección abanderando al PAN y esgrimiendo un fuerte discurso antigubernamental, llegó al gobierno estatal y de inmediato comenzó a pedir ayuda a la Federación para solucionar la crisis financiera a modo de un rescate para salir del apremio. Consiguió también que la Marina, y no policías locales, se hicieran cargo de la seguridad pública en las principales localidades de la entidad. No sólo eso, la Federación, a través de la PGR, entregó al gobierno de Yunes dinero recuperado de las raterías cometidas por Javier Duarte. Todo eso siendo un político opositor que se llenó la boca con descalificaciones para el gobierno federal, sin el cual su gobierno no sería viable.

 

RESPONSABILIDAD ESTATAL

En el estado de Quintana Roo tenemos otro ejemplo reciente. Joya de la corona del turismo en el país, Quintana Roo es un estado rico que genera divisas frescas de manera constante. Lo natural sería que tuviera todo para ser realmente autónomo o por lo menos no depender en extremo del gobierno central. Está gobernado por Carlos Joaquín González, integrante de una familia que es dominante en la entidad y que fue militante del PRI siempre, hasta que resolvió irse por la libre logrando una alianza de partidos de oposición. Tenemos entonces que se trata de un gobierno fuerte y con recursos. Sin embargo, cuando Carlos Joaquín tuvo su primera dura prueba, con los tiroteos consecutivos en Playa del Carmen y posteriormente en Cancún, reprobó. Su policía no pudo con el desafío y tuvo que pedir la ayuda de gendarmes federales. Quintana Roo tiene los recursos para crear y consolidar una policía eficaz y honesta, pero no se mueve en esa dirección y cuando hay algún contratiempo la receta es: pide refuerzos a la Federación.

No sólo hay ejemplos de seguridad sino también en el plano económico, como el aumento en el precio de las gasolinas que desató una serie de protestas, algunas de las cuales terminaron en saqueos. Los gobernadores tienen instrumentos y atribuciones para tomar el toro por los cuernos y tratar de solucionar los problemas, pero lo cierto es que no quieren o no pueden y su respuesta ante el apremio es invariablemente, que la Federación nos ayude.

 

TAN LEJOS DE DIOS Y TAN CERCA DE EE.UU.

Del discurso inaugural de Donald Trump puede decirse que se ajustó al guión de su propia campaña. Un mensaje populista, nacionalista, con ingredientes de pastor religioso, citando el nombre de Dios a la menor provocación. Los expertos sostienen que las frases clave remiten a los tiempos de la Alemania nazi, cuando el populismo de un líder conservador, proclive a los discursos nacionalistas de un pueblo elegido, se transformó en una máquina de muerte como no ha conocido otra el mundo. Trump mantiene sus amenazas en contra de México: el muro va, y rápido; el TLC se renegociará a beneficio de Estados Unidos o se rompe y, claro, el amago de deportar en el corto plazo hasta tres millones de personas a México

Todavía no sabemos con claridad qué hará el gobierno mexicano ya con Trump en la Casa Blanca y cuando sus deseos comiencen a convertirse en órdenes ejecutivas. La toma de posesión ha sido considerada un gesto hostil en contra de sus aliados, comenzando por México. El presidente Enrique Peña Nieto se tomó su tiempo y será hasta mañana lunes cuando se transmita un mensaje especial a la nación sobre la política exterior del país y claro su eje central será Trump y su obsesión de ubicar a México y los mexicanos como los villanos de la historia. Vienen días difíciles. No hemos visto nada todavía. Debemos estar preparados, México tiene fortalezas, pero es fundamental que cada quien asuma su responsabilidad y con decisión y unidad enfrentemos las embestidas del nuevo gobernante norteamericano. Nuestra historia nos demuestra que en las adversidades México ha sabido salir adelante.

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