El momento que vive México

Maria Elena Álvarez de Vicencio

No hay fecha que no se cumpla y el nuevo presidente de la Unión Americana ya está fungiendo como tal; confiamos en que su desempeño no sea como lo anunció. Esperamos que el gabinete de Trump y el Poder Legislativo de su país puedan conducir el ejercicio presidencial por el rumbo que el mundo necesita. Es deseable también que el Gobierno Mexicano tome  una actitud digna y asertiva ante las amenazas anunciadas.
El momento que vivimos es muy especial, tiene similitudes con lo que pasaba en los países socialistas cuando los ciudadanos empezaron a constatar que el sistema comunista  no era la solución para extinguir  la pobreza. El desencanto y la desesperación hicieron caer el  muro de Berlín.
Los países democráticos se han sentido orgullosos de la libertad que la democracia  ofrece a los ciudadanos. El Liberalismo es aplaudido por quienes pueden disponer de recursos para hacer negocios y acumular riqueza. El analfabetismo disminuía; muchos jóvenes pudieron llegar a las universidades y encontraban trabajo después de la titulación. La salud y la vivienda mejoraban; parecía que el Estado de Bienestar podía ser una realidad.
Pero en México la mayoría no ha mejorado. La población aumentó notablemente; los cinturones de miseria cercan las ciudades capitales; los campesinos dejaron de sembrar y la emigración hacia el norte es vista como una solución. El analfabetismo aumenta de nuevo, especialmente entre las mujeres; la educación media y superior sólo alcanza para una minoría.
La democracia que es orgullo de las naciones, tiene como elementos constitutivos el pueblo, la libertad y el progreso, pero si uno solo de ellos rompe su vínculo con los demás y se erige en principio único, esos elementos se convierten, como dice Todorov, en: populismo, ultra liberalismo y mesianismo, los tres son  una amenaza para las democracias.
Esa amenaza últimamente la está sintiendo México; la mayoría privilegia sólo el progreso, olvidando además que la economía, al depender de los bienes privados, es independiente del poder político; que en nuestro caso esa economía se haya convertido en instrumento al servicio de los intereses económicos de pocos, incluidos algunos gobernantes, no justifica desconocer la esencia, aunque sí se requiere combatir la desviación.
El desequilibrio económico por el que atraviesa el país se agrava y complica por la corrupción que nos envuelve; no se pueden analizar objetivamente las causas que han provocado la situación financiera en un ambiente  que tiene como marco el saqueo de las arcas públicas, realizado por algunos gobernantes, agravado además, por la impunidad. Esta realidad ha sido un caldo de cultivo para exacerbar el populismo y el fortalecimiento del mesianismo que ya existían bastante cultivados.
El progreso requiere de análisis y planeación, y cuando no hay medios que materialmente permitan su avance, se necesitan auténticos liderazgos que sean creíbles para la  mayoría cuando expliquen que las medidas impopulares son indispensables y que están justificadas. También tendrán que proponer cuál será la solución y qué paliativos se aplicarán y por cuánto tiempo. No se puede hablar sólo de los daños, se requiere ofrecer soluciones ciertas y creíbles.
En los momentos de crisis los  líderes que expliquen y presenten las soluciones no pueden ser advenedizos, deben ser de instituciones (partidos también) confiables o de la  estructura del gobierno, aun cuando su nombramiento sea reciente. Cuando no existen líderes intachables, el camino se le deja libre al mesianismo.
El momento que vive México puede ser una oportunidad, si los obstáculos internos y externos se superan con  auténtica honradez, con propósitos de bien común; si se eliminan los beneficios particulares y se privilegia  proteger a quienes menos tienen. 

melenavicencio@hotmail.com

 

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