El verdadero final de la temporada de la NFL

Edgar Valero Berrospe

Y a otra cosa… El Superbowl es un gran espectáculo, incluso, para la televisión, debe ser no sólo el mejor negocio del año, sino un evento que aporta cientos de millones de dólares en negocio para las múltiples cadenas que participan en la transmisión. Pero la verdadera temporada de la NFL terminó anoche.
Cuando salimos del Estadio Gillette aquí en Foxboro, claro que había caras de felicidad, de satisfacción, pero también había una enorme cantidad de caras tristes. ¡Y como no! Aquí se acabó la estupenda campaña de los Patriotas que sumaron su triunfo 16 de la temporada, pero los verdaderos aficionados, los de a pie, los de cada semana, esos ya no verán dentro de dos semanas a su equipo volver a pelear por la victoria, porque la próxima victoria será en el Superbowl, y…
Y, por esos asuntos del clima, Boston no ha sido sede del Superbowl, es más, muy probablemente nunca lo sea, menos después de la aventura de hace tres años cuando el nuevo estadio de los Gigantes estuvo a punto de ver como por vez primera se posponía el Supertazón por una tormenta invernal, que, afortunadamente no sucedió, y si en cambio la única tormenta que hubo fue la lluvia de anotaciones de los Halcones Marinos de Seattle que aplastaron a los Broncos de Denver.
Pero aquí en Foxboro se despidió esta noche la pasión. No más apasionantes capítulos de los aficionados que cobijan a su equipo. No más parrilladas afuera del estadio entre los seguidores de un equipo u otro. No más peticiones como aquella de la afición de Pittsburgh a Ray Lewis pidiendo que no se retirara por lo que perdería la rivalidad entre los Steelers y los Cuervos.
Sí, el Superbowl es un gran acontecimiento. Pero hablando con la razón, la verdad es que nada se acerca en un juego de campeonato de la NFL, a la pasión desbordada de los aficionados en su casa viendo la victoria de su equipo. Así he podido atestiguarlo aquí en Foxboro con los Patriotas, en Denver con los Broncos, en Indianápolis con los Potros, en Baltimore con los Cuervos, pero sobretodo, más que en ningún otro sitio, en Pittsburgh y Oakland con los Acereros y los Raiders.
Y anoche, hemos atestiguado como Bill Bellichick, incluso más que sus propios jugadores en el terreno de juego, ha ganado magistralmente su séptimo boleto al Superbowl, más que nadie en la historia y ha dejado a Tom Brady a nada de ser una leyenda viviente, un posible ganador de 5 Supertazones, algo que nadie ha hecho nunca. ¡Y lo hizo ver tan fácil!
Los Patriotas se han convertido en la franquicia más ganadora de la historia en la postemporada, el único equipo que durante casi dos décadas ha sido favorito prácticamente cada año para ser campeón, y la demostración de anoche, ante un equipo que contaba con dos valiosas piezas como Le´Veon Bell y Antonio Brown al servicio de Ben Roethlisberger, sólo ha ratificado el nivel soberbio de entendimiento de Bellichick con Brady, quien a los 39 años está a nada de poner punto final a su carrera, y salvo que otro chico ambicioso como lo fue él en su momento, Matt Ryan, se lo impida dentro de dos semanas, podría incluso decir adiós antes de tiempo con su quinto anillo de Superbowl en la mano.
Habrá historias para contar, eso sí, durante las dos próximas semanas, una de ellas, que Ryan es también un consentido del área de Nueva Inglaterra, porque nadie puede olvidar su paso por las Águilas de Boston College, a las que convirtió al menos durante un corto periodo, en el segundo mejor equipo de la NCAA en sus años de colegial.
Se acaba la pasión, se acaba la temporada, pero viene el negocio, el show, el espectáculo y el Superdomingo, aunque los verdaderos aficionados tengan que conformarse con verlo en la tele…
 
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