Peña y Trump, ¿qué futuro?

Leopoldo Mendívil

ESTIMADOS Y AMENAZADOS

AMIGOS LECTORES:

+Las amenazas sólo son

armas para el amenazado

Leonardo da Vinci

 

Sólo unos cuantos debieron imaginar y muchísimos menos, saber, lo pronto que Enrique Peña Nieto y Donald Trump volverán a verse. La primera cita sólo benefició al segundo, que ya es el hombre más poderoso del planeta a pesar de lo acotado que la ley tiene al Presidente de los Estados Unidos de América. Para el primero, los meses transcurridos desde el último día de agosto pasado a la fecha, fulguran entre los más amargos de su vida política.

El martes próximo, en Washington, Trump pagará, ya como colega, la cita de agosto en Ciudad de México y ya en un ambiente diferente, lejos de las estrategias de campaña que obligan a muchas rudezas y a muchas mentiras, como también a lo que termine siendo la esencia del candidato si es que triunfa.

Razones y corajes nos han sobrado a los mexicanos para pensar y hablar de Trump como de seguro lo seguiremos haciendo si nos cumple las amenazas. Sin embargo, dentro de nueve días, de la ensalada de conductas electorales al estilo estadunidense, pero sin duda agravadas por Trump contra casi todo y contra casi todos, deberán comenzar a separarse, como en las ensaladas,  aquellos ingredientes que serán seleccionados y consumidos por su capacidad alimenticia, de los que hayan de ser desechados en el plato.

En otras palabras, luego de las conversaciones y negociaciones de los equipos diplomático y económico adelantados en la semana para charlar y negociar  con sus contrapartes, Peña y Trump revisarán la semana siguiente, ¿qué de eso se quedará en el plato y se proyectará como la agenda de trabajo equilibrada, aterrizada en la realidad de los hechos a través de la historia y las posibilidades de futuro, ya serenados los ánimos y enfocadas las voluntades hacia una nueva y necesaria, justa, equitativa y compartible contribución de voluntades entre buenos vecinos, si es ése el nuevo trato que nuestros países puedan construir?

Sólo me he topado en todo este difícil y, para México, dañino tiempo, con una mente analítica que dejó fuera de su visión las andanadas del candidato presidencial triunfador y se dedicó a estudiar al magnate acostumbrado a pelear a pedradas si es preciso para progresar en sus negocios, y lo que de esas experiencias es posible aducir como su plan de trabajo presidencial. Me refiero a Luis Rubio, quien concluyó su texto con dos escenarios posibles:

“… Uno es que concluya la era de la relación de amistad funcional que se inauguró en 1988 y que permitió que las dos naciones se vieran mutuamente como inextricablemente enlazadas, donde ambas comparten problemas y oportunidades y no se juzgan sino más bien cooperan. Ése es el riesgo que entraña el extremismo que Trump exhibió en su campaña. El otro escenario es que se acabe reconociendo lo que  en su momento entendieron Salinas y Bush papá: que no existe alternativa más que la cercanía y que la apuesta debe ser a mejorar la relación y la vecindad en lugar de perseverar en la enemistad histórica que hasta entonces prevalecía. En este escenario, las negociaciones que lleguen a tener lugar acabarán afianzando la alianza. La pregunta, no ociosa, es si nuestro gobierno sabrá conducirse en el nuevo contexto para lograrlo.”

Mañana veremos qué tantas posibilidades quedan para lograr la conclusión de Rubio.

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