¿El Acapulco del Caribe? - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
¿El Acapulco del Caribe? | La Crónica de Hoy

¿El Acapulco del Caribe?

Juan Manuel Asai

Turismo.- Establecer la disponibilidad de drogas como atractivo turístico es jugar con fuego.
La oferta de drogas en un destino turístico lacera instituciones, desgarra el tejido social y crea una masa delincuencial que se extiende sin control a otros giros, como robo, extorsión, trata de personas, secuestro. El destino que cae a la tentación y ofrece drogas como un incentivo más a los visitantes se vacía, en el sentido más amplio del término. Pierde densidad cultural, se queda sin visión de mediano plazo, se auto consume.
En México tenemos un ejemplo nítido: Acapulco. El puerto con la bahía más hermosa del mundo perdió encanto, glamur, ante el dantesco espectáculo de los decapitados. Por la corrupción e ineficacia de las autoridades, Acapulco llegó a ser una narcotienda. Los spring breakers no tenían que internarse en callejones inmundos para conseguir alguna sustancia prohibida, los taxistas los surtían en la Costera. El resultado es que la Costera se convirtió en escenario de tiroteos, persecuciones, ajustes de cuentas y Acapulco salió, acaso para siempre, del radar del turismo internacional.
Su caída dejó lecciones que debimos haber aprendido. Una de ellas, acaso la número uno, es que paz y cocaína no se llevan. Hay que elegir una u otra. La segunda es que la permisividad no es una cualidad, es un defecto. Si en una comunidad todo se vale, nada tiene valor. Lo anterior con motivo del brote de violencia en Quintana Roo, estado líder en turismo en México y en toda América Latina. Más de la mitad de las divisas que el país capta por concepto de turismo internacional se generan en los destinos de Quintana Roo, cuyas cajas registradoras tintinean sin parar todos los días y todas las noches.
Las balaceras en Playa del Carmen y en Cancún hicieron sonar las alarmas en las principales oficinas dedicadas al turismo, tanto en el sector público como en el privado. En las circunstancias actuales del país, particularmente adversas, con la gallina de los huevos oro del petróleo secada o saqueada, el turismo se perfila de manera clara como motor poderoso de la economía nacional. No podemos darnos el lujo de un tropezón, mucho menos en Quintana Roo.
Los principales destinos turísticos del país deben recibir el trato de instalaciones estratégicas. Hay que cuidarlas como se cuida Laguna Verde o algo así. No exagero. De su funcionamiento óptimo depende muchas veces la estabilidad social en una región del país. Desde luego no se trata solamente de un problema de seguridad, sino de algo mucho más amplio, como el diseño de un destino, que incluye el incómodo tema de la primera línea de este texto y es la posición de la comunidad empresarial turística del destino ante el consumo de drogas.
Volvamos a Acapulco. En el momento que estalló la crisis, dueños de antros, incluso varios ubicados en la Costera, tenían un pie dentro del negocio del esparcimiento y otro en la venta de drogas. Se parecen, pero no son lo mismo. ¿Cuál es la situación en Quintana Roo? Confío en que estemos a tiempo de corregir cualquier desviación. Enrique de la Madrid y Carlos Joaquín son políticos experimentados. Saben que el riesgo de la política de dejar hacer, dejar pasar es que se llega más temprano que tarde a un punto de no retorno. Acapulco es otra vez el ejemplo. Es vital para el país que Quintana Roo siga operando, que no pierda su imán. Los primeros interesados en evitarlo son, deben ser, los habitantes de la entidad. ¿Qué tan comprometidos están?


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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