EU: ¿se acabó la magia?

Rosario Avilés

L os esfuerzos que acercaron y mantuvieron a nuestro país uncido al carro de los Estados Unidos en el marco de la globalización económica, iniciados desde fines de los 80, agotaron su rentabilidad. La magia se acabó y ahora hay que replantear los acuerdos y, tal vez, tomar decisiones inéditas.
Que un ilustre egresado del ITAM, como Luis Videgaray, hable de un cambio de paradigma, donde las naciones más desarrolladas deciden dejar de creer en la apertura comercial, muestra hasta qué punto el modelo económico ha dejado de ser útil. Todo eso que aprendieron los economistas mexicanos en las universidades de Estados Unidos ha dejado de ser vigente: hoy, el nacionalismo es la neta del planeta.
El problema, como siempre, es que países como el nuestro, afanados en adaptarse a las tendencias externas, se quedan colgados de la brocha con los cambios a medio hacer, con los beneficios sin obtener y con miles de ciudadanos hartos de escuchar que el reino de los cielos está por llegar, sin que se vea claro a qué horas y dónde.
Estamos descubriendo, de pronto, que la economía interna está descuidada, que tenemos que diversificar mercados, que nuestra mano de obra está infravaluada, que no hay empleo ni empresas mexicanas con futuro cierto, que no debimos poner todos los huevos en la misma canasta, que nos excedimos en la apertura, que no negociamos el libre tránsito de personas, pero sí de mercancías y un largo etcétera que, como siempre, nos toma con los dedos en la puerta.
¿Qué hacer? Lo que debimos hacer hace años: dedicarnos a crecer y a fortalecer a las empresas nacionales, privilegiar el empleo bien remunerado, trabajar hacia dentro.
No deja de ser irónico que todo esto pase precisamente cuando el sector aéreo está en le proceso de mayor apertura jamás iniciada. El nuevo Convenio Bilateral de Aviación, si bien no llegó hasta el punto de ser convenio de cielos abiertos (y ya vimos la ventaja de no haberlo hecho), sí es bastante más permisivo y es probable que los mexicanos no logremos muchas ventajas que habíamos vislumbrado, como ya lo prevé hasta Aeroméxico que está a punto de sellar su destino junto a Delta.
Todavía está por verse lo que se planteará en las nuevas negociaciones del TLCAN. Recordemos que en el NAFTA original hubo sectores que no se pusieron sobre la mesa y que hoy podrían ingresar a las listas de apertura, entre ellos el petróleo y el transporte aéreo, que en su momento quedó fuera del NAFTA a petición de… ¡Estados Unidos!
Es difícil prever el escenario en el que se darán las negociaciones (si es que podemos llamarlas así). Pero en todo caso tendríamos que hacer una valoración global de la nueva política en el marco del paradigma que está cambiando.
Se ha dicho muchas veces en este espacio que es indispensable que contemos con una política de Estado en materia de transporte aéreo. Que esa política marque con certeza lo que este país quiere en el futuro para su propia aviación, que apoyemos a nuestras aerolíneas, nuestros aeropuertos, nuestras empresas y que las decisiones de qué rutas, qué frecuencias, qué nuevas plazas queremos abrir y desarrollar, se tomen en México y no fuera del país.
Ahí tenemos como ejemplo los cruceros y otros servicios de transporte marítimo. Basta que haya algún mal sentir hacia México (ya sea por inseguridad, por racismo tipo Trump, por mala percepción) para que quedemos desconectados de las grandes rutas de las empresas navieras y de los flujos de comercio que necesitamos para crecer. Es hora de replantear, como lo acaba de decir el Presidente de la República, nuestro foco de atención.

Lo oí en 123.45:Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio


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