Academia

La llegada de Trump también significa el inicio de una política anticientífica

La elección del titular de la EPA y los cambios en las prioridades de investigación de la NASA debilitarían estudios en cambio climático. El intercambio académico con México podría ser afectado

Al guglear las palabras “Donald Trump” y “science” en el popular buscador, el primer resultado que aparece es el juego en línea Trump vs Science, por encima de una larga lista sobre noticias, artículos y editoriales que alertan sobre las políticas anticientíficas del presidente número 45 de los Estados Unidos.

El juego consiste en derrumbar los argumentos sin sustento que Trump escribió en los últimos años en su cuenta de Twitter; para ello hay que lanzarle “evidencias científicas”, libros, estadísticas, globos terráqueos, vacunas y focos ahorradores…

Entre los tuits que presenta el juego se encuentran los referentes al calentamiento global, donde dice que es sólo “un invento de China para frenar la competitividad de EU”, o que en realidad el planeta “se está enfriando”…; que las vacunas “producen autismo” y que los focos ahorradores de energía “causan cáncer”.

Escribió esto antes de la campaña presidencial y mantuvo esa postura durante su campaña, y si bien no queda clara cuál será la política científica que llevará a cabo, algunas de las acciones que ya ha emprendido dan más de una razón para confirmar la preocupación de científicos, investigadores y un buen número de la población estadunidense.

Una de ellas es la elección de Scott Pruitt, ex fiscal del estado de Oklahoma y cercano a la industria de los hidrocarburos —un “negacionista del cambio climático”, suscribe el New York Times—, al frente de la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA, por sus siglas en inglés). Hace algunos días, Pruitt refirió que si bien el cambio climático no le parece un “chiste”, como se había referido Trump al fenómeno, apuntó que sí se requiere “mayor debate y diálogo” acerca de las implicaciones de la actividad humana en su generación, algo que quedó evidenciado de manera irrefutable por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC).

De acuerdo con el portal de noticias Axios —citado por el periódico británico Independent—, el gobierno de Trump planea “reformar” la manera en que la EPA enfocará sus acciones y con ello dejar de financiar proyectos científicos. Un reporte redactado por Myron Ebell —otro “negacionista” del cambio climático (término que define la “creencia” del cambio climático como si fuera un acto de fe) — señala que la EPA “no debería financiar investigación científica”, bajo argumentos de que la agencia “ha incrementado su manipulación científica”. Esto podría significar, refieren estos medios, el debilitamiento del trabajo científico que la EPA realiza sobre el calentamiento global y la obtención de evidencias encaminadas al diseño de políticas para contrarrestarlo.

Por otra parte, el nuevo gobierno estadunidense ha referido que los esfuerzos de esta agencia, al igual que en la NASA serán “reenfocados”, y en sus prioridades no está el estudio del cambio climático. Sobre la agencia espacial, el republicano dijo en Florida (octubre de 2016) que “liberaría a la NASA de las restricciones como agencia logística de la Tierra”. En vez de ello, añadió, reenfocarían sus esfuerzos en la exploración espacial y hacer que Florida y EU “encabecen el camino hacia las estrellas”. 

Antes de estos anuncios, en noviembre pasado, más de 2 mil 300 científicos estadunidenses, entre ellos 22 premios Nobel, hicieron pública una carta enviada al presidente electo y a los miembros del Congreso. En ésta urgían a los políticos a “adherirse a los altos estándares de integridad e independencia científica en respuesta a los actuales retos en salud y medio ambiente”. De acuerdo con The Washington Post, la carta sería sólo el inicio de una “guerra” del gremio contra las políticas anticientíficas de Trump a lo largo de su administración.  

INTERCAMBIO ACADÉMICO. Antonio Lazcano, renombrado biólogo evolutivo reconocido en todo el mundo, plantea que las ideas y declaraciones de Trump se desarrollan dentro de la tendencia antintelectual y anticientífica de un sector fuerte del partido republicano de los Estados Unidos, manifestada en visiones creacionistas antievolutivas  y de oposición al cambio climático, sólo que en las palabras y discurso del presidente éstas se exacerban. Por otra parte, el compañero de fórmula de Trump y actual vicepresidente, Mike Pence, no sólo ha cuestionado la existencia del cambio climático y la enseñanza de la evolución en las escuelas, sino que además se opone al financiamiento de la investigación en células madre.

“Hay preocupación en todas las áreas y para el mundo académico la llegada de Trump como presidente se avizora como un desastre absoluto”, dice Lazcano. El también miembro de El Colegio Nacional agrega que cuando los organismos gubernamentales de ciencia o las universidades estadunidenses otorgan dinero a proyectos conjuntos, incluyendo México, no lo hacen por generosidad ni de forma paternalista, sino porque “la ciencia sólo prospera si se tiene a las mejores personas aprendiendo y enseñando, y en México tenemos muchos casos de quienes pueden enseñar y aprender al lado de ellos”.

De acuerdo con el biólogo, la comunidad científica estadunidense ve con mucho temor lo que realizará Trump al frente del gobierno, “no sólo por esa atmósfera gris, fascista, represiva y antintelectual que se deja ver en sus discursos, sino porque además es obvio que no tiene como prioridad en su plan de gobierno —si es que tiene uno— apoyar la cultura y la ciencia”.

Por otra parte, Alejandro Frank —coordinador del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM— apunta que existe una preocupación real en la comunidad científica del país por la llegada de Trump a la presidencia. “Además de las consecuencias económicas, sociales y humanas que representa la elección de Donald Trump,  tendremos que afrontar su ignorancia absoluta sobre la ciencia. Ha declarado repetidamente que no cree en el cambio climático, como si fuera una cuestión de creer o no, cuando que hay evidencias claras. Ha dicho además que las vacunas pueden causar daños, etc. Su visión del mundo es simple y terriblemente racista”.

El investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM añadió que esta cerrazón es todo lo opuesto a la ciencia, que demanda apertura, escepticismo y búsqueda de la verdad. Para el científico, la victoria de Trump significa una tragedia y podría perjudicar el intercambio académico de EU con México, así como a toda la ciencia global, “porque Estados Unidos es uno de los faros en la creación del conocimiento en el mundo”. 

Algunos científicos ven en el periodo de gobierno de Trump uno “oscurantista”, cuyos primeros afectados serán los propios estadunidenses, incluyendo a los que votaron por él y quienes, no obstante, quizá nunca lo sepan o simplemente no les importa. Por otra parte, está el otro sector de la población y la sociedad educada estadunidense, pero que incluye además a países como el nuestro, que tiene su principal intercambio académico con EU debido a su cercanía. Ése es el escenario y, como señala The Washington Post, esto apenas comienza.   

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