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“Los constituyentes de 1917 no perdían el tiempo en discusiones vanas... eran estadistas”: René Palavicini

◗ El sobrino-nieto de Félix Fulgencio Palavicini, responsable de la convocatoria del Congreso Constituyente de 1917, rasca en el pasado de este topógrafo apasionado del periodismo, el amor y la política. René Palavicini charla con Crónica en la Alameda de Santa María la Ribera

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Por esta Alameda de Santa María La Ribera, donde hoy los skaters se deslizan sobre tablas, solía caminar Félix Fulgencio Palavicini, el periodista, el hombre quien lanzó la convocatoria del Congreso Constituyente de 1917.

Vivía muy cerca del rumbo, en la calle de Pino. Y este parque de árboles retorcidos, designado sede del kiosco morisco siete años antes de redactarse la Constitución, se convirtió en su centro preferido de reunión con los amigos, afines casi todos a Francisco I. Madero y luego a Venustiano Carranza.

Quizá se enamoró aquí por vez primera… "Era un hombre inquieto, enamoradizo", cuenta René Palavicini de quien fuera su tío-abuelo.

Al cumplirse 100 años de la Carta Magna, Crónica buscó la huella familiar, un rastro de sangre de algunos de los más importantes constituyentes.

"No quiero meterme mucho en su vida privada, porque él era muy discreto… -dice el sobrino nieto-. Oficialmente tuvo tres hijos: Julieta, Pedro y Manuel, y dos matrimonios, el último con una mujer de origen cubano, hasta ahí me quedo".

Pero se trata también de escarbar en los secretos de Félix y su estirpe…

René, el descendiente más visible de los Palavicini en la actualidad, nos regala unas pistas: es licenciado en derecho, profesor de garantías constitucionales (¿destino?) en la Barra Nacional de Abogados y la Universidad Obrera, y alguna vez fue campeón nacional de oratoria. Tiene 72 años, "pero mínimo me aventaré un noventón", dice convencido, "porque me inspiro en don Félix y me divierto mucho: conozco varias cuevas que me vitaminan, donde encuentro nietas de sobra y si hay que tomar, lo hago bien".

En 1940, cuando era embajador en Argentina, Palavicini publicó uno de sus últimos libros: El Arte de Amar y Ser Amado. Y se antoja leer unos párrafos aquí en la Santa María de moros y nostalgias:

"El amor es multiforme y polifacético, el amor es pasión, representado por el que sentía Romeo por Julieta, Eloísa por Abelardo… El amor físico, la simple atracción de los sentidos por una campesina, una obrera o una vendedora de amor, cuyo precio se conoce de antemano y por desagradable que sea esa clase de amor, casi todos los jóvenes a los 16 años, comienzan por ahí”.

René ha traído al kiosco musulmán las ediciones príncipe de algunas de las obras del abuelo, las cuales resguarda con vehemencia: les colocó ya un empastado más resistente y en las primeras páginas dibujó su firma en señal de pertenencia.

Casi como las piruetas del skateboarding, el descendiente gira en torno a la vida de Félix Fulgencio…

¿Cómo es que se convirtió en artífice de la Constitución de 1917?

"Don Félix formó parte de la XXVI Legislatura del Congreso, que vivió momentos muy difíciles como el asesinato de Madero y Pino Suárez. Finalmente Victoriano Huerta logró usurpar el poder: a casi todos los diputados antimaderistas los hizo secretarios de Estado, mientras que a los renovadores los mandó a la cárcel de Lecumberri en noviembre de 1913, por sus ideales maderistas y la condena a los asesinatos del diputado Serapio Rendón y del senador Belisario Domínguez".

Palavicini estuvo encarcelado durante seis meses… Hasta abril de 1914.

"Tras salir de prisión, Venustiano Carranza, ya en su papel de primer jefe del ejército constitucionalista, le ofrece la Oficialía Mayor de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, hoy SEP. Luego lo nombra subsecretario encargado del despacho: estuvo ahí de 2014 a 2016. En una reunión de gabinete en Veracruz, Carranza comparte la idea de reformar la Constitución de 1857, pero don Félix propone algo más de fondo: convocar a un congreso para redactar una nueva ley, en los siguientes días se vuelve principal promotor de la idea, logra convencer al Ejecutivo y es el propio Palavicini quien elabora la convocatoria: se llama a elecciones en todos los estados".

Palavicini participa como candidato en representación del Quinto Distrito del DF, gana la elección aunque su credencial es muy discutida en el seno del Congreso: uno de sus paisanos -de Tabasco-: Rafael Martínez de Escobar, se opuso a su presencia, acusándolo de traidor y de haber sido porfirista, un reproche que ya después se encargará de aclarar René. Ahora no, porque los perros paseantes por la Alameda se han inquietado: ladran, mueven sus colas enmarañadas y galopan en derredor de René… Él, sin perder serenidad, prefiere mostrar otro de los libros únicos de don Félix: Los Diez Civiles Notables de la Historia Patria, el cual coordinó en 1914 y repartió a todos los niños de primaria: son semblanzas de Fray Servando Teresa de Mier, José María Morelos, Andrés Quintana Roo, Valentín Gómez Farías, Miguel Lerdo de Tejada, José María Luis Mora, Gabino Barreda, José María Iglesias, Leopoldo Río de la Loza y Justo Sierra.

¿De dónde proviene el apellido Palavici? -se pregunta a René, ya sin acosos caninos.

--Es de origen italiano, pero en realidad se arraigó en México hace más de 400 años. Un Palavicino fue confesor de Sor Juana Inés de la Cruz en 1670, el apellido es más mexicano que el pulque, arraigado en Tabasco, donde se desarrolló la familia.

Ahí, en Teapa, Tabasco, pequeño pueblo limítrofe con Chiapas y rodeado de ríos, nació Palavicini en 1881. Estudió preparatoria y carrera en el Instituto Juárez de San Juan Bautista, hoy Universidad Autónoma Benito Juárez de Tabasco. Se recibió en 1901 como ingeniero topógrafo, aunque sus pasiones fueron el periodismo y la política. Fue siempre esquivo a contar su vida familiar y se negó a usar su apellido materno: Loría. Las razones son desconocidas por la familia.

--¿Y sí fue porfirista?

--Falso --reacciona René--. Acaso tuvo una relación indirecta con el porfiriato porque en una ocasión Justo Sierra, como Secretario de Instrucción Pública, le regaló una beca para ir a Francia a estudiar pedagogía. Estuvo allá menos de dos años y cuando regresó ya el movimiento maderista estaba en pleno auge: Madero había publicado su libro La Sucesión Presidencial, don Félix se acercó a él y lograron tenerse un gran aprecio, tanto que cuando don Francisco inició su campaña presidencial de 1909 se lo llevó como orador de campaña. Palavicini era un hombre muy culto, con gran facilidad de palabra.

En el periodismo, desde muy joven había publicado en Tabasco Los Precursores; y en el período maderista transformó en diario al semanario El Antirreleccionista. Sin embargo, duró sólo dos meses por la embestida del gobierno de Díaz. Más tarde -el 1 de octubre de 1916- fundaría El Universal. Era director de la Escuela Industrial de Menores cuando decidió lanzar su candidatura a la XXVI Legislatura del Congreso.

"Ha sido la más extraordinaria legislatura de la historia independiente, integrada por diputados renovadores como Palavicini, José Natividad Macías, Luis Cabrera y Jesús Urueta, conocido como El Príncipe de la palabra; y los antimaderistas José María Lozano, Nemesio García, Francisco Olaguíbel y Querido Moheno, cuatro exquisitos oradores parlamentarios que conformaron el famoso cuadrilátero. Era un deleite escuchar a los dos bandos en tribuna: sus improvisaciones o citas a los grandes pensadores romanos o griegos".

--Nada que ver con los legisladores de ahora

--Al menos no perdían el tiempo en discursos vanos ni acusaciones sin trascendencia. Eran estadistas, conocían la historia del país, el rumbo.

BESOS Y LIBERTADES. Más allá del mediodía, la hora de los amoríos clandestinos entre estudiantes oriundos de Santa María y de besucones detrás de los álamos, es tiempo de hablar sobre los anhelos legislativos de 1917… La mayoría de los constituyentes iban en contra de los derechos del hombre y del ciudadano otorgados por Dios al nacer, enarbolados en la Constitución de 1857. El reto era pasar a la protección de garantías individuales, de libertades y derechos del ser humano frente al poder del Estado.

El Congreso comenzó a funcionar el 1 de diciembre de 1916 y concluiría los trabajos el 31 de enero de 1917.

"Palavicini defendió todas las libertades: de conciencia, prensa, tránsito, religión --cuenta René--. Propuso que se consideraran ciudadanos mexicanos a todos los nacidos en Hispanoamérica, y que la mujer tuviera derechos, lo que se lograría hasta 1953. Votó a favor de la propiedad de la tierra y el derecho al trabajo -artículos 27 y 123- escritos por Pastor Rouaix, Andrés Molina Enríquez, Francisco J. Múgica y Heriberto Jara, pero estuvo en contra del artículo 3 pues consideraba que la educación debía ser libre, no laica, y que los padres debían tener la libertad de enviar a estudiar a sus hijos donde  quisieran. Se opuso también al artículo 130, el cual negaba a los ministros religiosos toda participación política. Su bandera fue la libertad de conciencia, realidad hasta 1992".

Palavicini se inspiró en lo vivido durante dos meses en el Gran Teatro Iturbide (hoy Teatro de la República) de la ciudad de Querétaro para escribir una obra más: Historia de la Constitución de 1917, considerado el mejor libro sobre aquella aventura constituyente y comparado con Historia del Congreso Constituyente de 1857 escrito por Francisco Zarco.

-A 100 años, ¿qué reflexión haces sobre la Constitución en la cual participó tu tío abuelo?

-Introdujo algo muy avanzado en su época: el derecho social, que no existía en ninguna constitución mundial. Fue tal su innovación que la Revolución Rusa iniciada en octubre del 17 retoma algunas de sus ideas, que ya tenían más de nueve meses de vigencia. A pesar de que se le han hecho más de 600 reformas y adiciones, algunas inútiles, sigue siendo ejemplar. Hoy soy de la idea de revisarla a fondo, no de promulgar una nueva, sólo quitarle aquello que le sobra o la contradice.

-¿Cómo marcó a la familia la esencia de Félix Palavicini?

-La familia tuvo gran influencia de él, es un orgullo y honor que haya formado parte de los nuestros. No se le ha hecho justicia, se habla más de otros constituyentes, pero fue él quien convocó a aquel Congreso. Se dice que era reaccionario, conservador, pero en el constituyente todos eran revolucionarios, unos más radicales que otros.

En mayo de 1920 Venustiano Carranza es asesinado y Palavicini aborda el hecho con dolor en sus escritos periodísticos. El gobierno de Adolfo de la Huerta le ofrece el cargo de embajador confidencial ante los gobiernos de Inglaterra, Francia, España, Bélgica e Italia. Fue tal la insistencia que él acepta con la condición de no recibir sueldo ni viáticos, como una forma de marcar distancia ideológica.

Álvaro Obregón lo desaparece del mapa político, pero no del periodístico: funda algunas revistas… Hasta el llamado de Lázaro Cárdenas, quien le pide hacerse cargo de la embajada de México en Argentina. Y durante esa travesía diplomática escribe sus reflexiones sobre el amor, ya citadas aquí.

Regresó a México en los 40´s, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.  Se aventuró entonces en un noticiero radiofónico  –a la postre sería considerado precursor del género—. Siempre se despedía con una frase: “Hasta aquí hoy, continuaré mañana”.

Falleció el 11 de febrero de 1952 en la Ciudad de México y sus restos se encuentran en el memorial de los constituyentes del Panteón Dolores.

En su autobiografía titulada Mi Vida Revolucionaria narra su vida en la política y omite la privada. Y huele de pronto, en esta Alameda ancestral, a papel… A papel revolución. René muestra este otro libro, donde el constituyente redacta el primer decálogo del periodista mexicano cuyos ideales siguen vigentes hasta nuestros días.

El sobrino-nieto se esfuerza por rescatar un par de matices privados de don Félix, además de su fascinación por las mujeres: su gusto por la comida hogareña y su lealtad absoluta a los amigos, con quienes hace más de un siglo caminó por este barrio ahora inundado de patinetas.

“La fidelidad que le tuvo a Madero y a Carranza no se debió tanto a las ideas políticas, sino a la relación de amistad”, dice René, aferrado a la única fotografía que atesora de él…

   

 

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