America First... y México - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
America First... y México | La Crónica de Hoy

America First... y México

Francisco Báez Rodríguez

La presidencia de Donald Trump va en serio. Lo ha demostrado desde el día uno. Si logra sus propósitos, significará un cambio importante en el orden mundial, en la realineación de las naciones y en la redefinición del futuro, que definitivamente no será el que hace apenas un año podría haberse proyectado en una línea del tiempo. Para México puede ser un cataclismo si no sabemos, como sociedad, hacerle frente de una manera inteligente.

Las ideas que Trump expresó en su discurso inaugural dejan claro que el gobierno de Estados Unidos abandonará explícitamente varias de las grandes políticas que se establecieron después de la II Guerra Mundial, para apuntalar el papel de EU como principal potencia vencedora de aquel conflicto bélico.

El modelo de desarrollo económico mundial planteado tras la II Guerra, en los acuerdos de Bretton Woods, promovía una apertura comercial global: acelerada en Europa continental; paulatina en el resto del mundo. La crisis fiscal-presupuestal de los Estados y la necesidad de partirle el espinazo a las organizaciones de trabajadores generaron, a partir de mediados de los años setenta, una segunda ola: de creciente integración productiva. El neoproteccionismo de Trump pretende echar para atrás ese proceso.

El modelo político internacional estuvo durante años dominado por el enfrentamiento entre la democracia representativa y los sistemas socialistas de un solo partido. La guerra fría, caracterizada por el intervencionismo de las potencias rivales en otras naciones, terminó con la victoria de Occidente. El mundo unipolar trajo nuevos equilibrios y una estabilidad fundamental, una suerte de Pax Americana global, que ha mostrado resquebrajaduras, pero no fracturas importantes. La visión del nuevo presidente de EU es que eso no conviene, y deja claro que los intereses estadunidenses del momento importan más que las alianzas históricas o los valores democráticos presuntamente compartidos.

La idea de “Estados Unidos primero” en el terreno económico y en el político, equivale a un borrón y cuenta nueva en sus relaciones e intercambios con otras naciones (cuenta hecha a partir de los intereses de los grupos de poder más conservadores en EU).

En ese sentido, no es ocioso recordar que el lema “America First” es también el nombre del grupo que intentó que Estados Unidos se mantuviera neutral durante la II Guerra Mundial. Los aislacionistas gringos de entonces estaban, por supuesto, infiltrados por los nazifascistas.

El neoaislacionismo de EU —que a la postre dice que “cada quien se rasque con sus propias uñas y nosotros nos metemos sólo en lo que sea negocio”— obliga a nuevos acomodos mundiales. El neoproteccionismo, a una revisión profunda del modelo actual de desarrollo global, que está haciendo agua por distintos lados, tanto en lo político y social, como en lo productivo.

Esta nueva política necesariamente golpea más a las naciones más cercanas en lo político y en lo económico al modelo que Trump quiere desechar. Y México es el caso más evidente.

Nuestro país se ha presentado —y con claridad a partir de los años ochenta— no sólo como vecino, sino también como uno de los principales amigos y socios de Estados Unidos. En lo económico, pasamos del viejo modelo de sustitución de importaciones a uno de apertura global e integración subordinada a las economías más fuertes, empezando por la de EU. En política internacional, el camino fue de convergencia creciente, pero nunca total, con las posiciones de los vecinos del norte.

Ahora todas esas coordenadas, que nos permitieron por años estar en una zona relativa de confort, han cambiado.

Todavía no asimilamos del todo el tamaño del golpe, pero lo central es que nos obligará a movernos, a ya no ser los mismos. Si no cambiamos, la realidad nos forzará a hacerlo, y de manera más drástica.

Por una parte, y ya se ven los primeros pasos, estamos obligados a replantear nuestra relación bilateral con EU. Su gobierno nos ve como beneficiarios abusivos de un acuerdo, el TLC, que ha sido de beneficio mutuo. Su presidente, alérgico al multiculturalismo, ve con malos ojos a los mexicanos que han contribuido a engrandecer su nación, y los usó como chivos expiatorios en su campaña. Prácticamente todas sus iniciativas nos perjudican.

La relación hoy menos que nunca se puede trabajar tema por tema. Es necesaria abordarla de manera integral. Hacerlo de manera conjunta con Canadá, cada que se pueda. Y, si en la lógica de Trump no hay posibilidad de acuerdos ganar-ganar, al menos hay que intentar que México no pierda. Eso significa que hay que defender cada punto y, en todo caso, venderlo muy caro.

Lo que no se puede es empezar cediendo. Ya Trump tomó la iniciativa, pues hay que evitar que determine toda la agenda. Y no entregar prenda —como por ejemplo, las deportaciones “de forma coordinada y ordenada”— sin obtener nada a cambio. La clave de la negociación será que México tenga muy clara y en orden su lista de prioridades.

Y más allá de la relación bilateral, el nuevo marco obliga a diversificar aceleradamente relaciones políticas y comerciales. También, a revisar el modelo de una economía jalada por las exportaciones que, en esa obsesión, no ha dado al mercado interno la importancia que se merece.

No son temas menores. Europa y Asia son grandes mercados; los de América Latina ya están explorados y puede avanzarse en ellos. Las ventajas comparativas de México son muchas: es hora de dejar atrás la competitividad epidérmica, centrada en la baratura de la mano de obra, y hacer buen uso de nuestros acuerdos comerciales vigentes.

Los meses que vienen serán difíciles, pero la crisis siempre es oportunidad. Si seguimos con el viejo modelo, la perderemos y sobrevendrá el desastre. Si pensamos fuera del cuadro, y asumimos que los tiempos están cambiando, podemos atraparla.


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