“México: ¿necesita o no una nueva Constitución?” | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

“México: ¿necesita o no una nueva Constitución?”

En el marco de su centenario, constitucionalistas, intelectuales e historiadores se reúnen en la UNAM para abrir el debate sobre la pertinencia de una nueva Carta Magna o sólo su reforma

“México: ¿necesita o no una nueva Constitución?” | La Crónica de Hoy

El constitucionalista Diego Valadés ha enfatizado la necesidad de reformar o sustituir la Constitución de 1917, la cual cumple este año su centenario. En este contexto, el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM ha argumentado a Crónica porque la primera opción es la más viable, para lo cual hay que reordenar el texto y arreglar las contradicciones e ineficacias que han resultado después de 100 años reformándola.

Ayer, en la UNAM inició el Coloquio “México: ¿necesita o no una nueva Constitución?”, el cual se realiza en el Instituto de Investigaciones Filológicas y que concluye mañana.

Héctor Vasconcelos, coordinador del coloquio, refirió ayer en su inauguración que la efeméride del centenario de la Constitución de 1917 reavivará el debate en torno a su vigencia, que es asunto toral para el país. “El foro detonará un debate que deberá continuar a lo largo del año y más allá, especialmente cuando se conozcan los resultados de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México”.

En el mismo acto, Alberto Vital, coordinador de Humanidades de la Universidad Nacional, dijo que el nombre del evento cita una pregunta provocadora, pero es en la UNAM, debido a su capital político y, por ello, su credibilidad, donde se puede iniciar la discusión sobre el replanteamiento de nuestra Carta Magna.

“Todas las leyes de la república están supeditadas a la Constitución y a pesar de más de dos centenas de cambios y reformas, su esencia sigue ahí. No todas sus leyes se mantienen acordes a las necesidades ciudadanas, en tanto que otras han sido petrificadas. Por ello, necesitamos preguntarnos si es necesario otra constitución”.

Los primeros citados para responder tal pregunta fueron Bernardo Bátiz, Lorenzo Meyer y Jesús Silva-Herzog Márquez, durante la mesa “Visiones histórico-políticas del constitucionalismo mexicano”. Sus respuestas, en resumen, fueron: sí, sí-no y no, respectivamente. A continuación sus argumentos.

DESMANTELAMIENTO. De acuerdo con el ex procurador del gobierno capitalino y constituyente por el partido político Morena, se requiere emprender una nueva constitución debido a que la de 1917 ha sido desmantelada a lo largo de estos 100 años. “El de hoy es un documento distinto, si bien hace algunas décadas las reformas realizadas en ésta fueron inocuas y superficiales, fue con la llegada de los tecnócratas que se desdibujó”.

No obstante, añadió, todas las constituciones han aportado avances notables, no obstante culminan. “Por ejemplo, la Constitución de 1824 evitó la fragmentación e independencia de diversos estados; la de 1957 separó a la Iglesia del Estado, y la de 1917 reunificó al país (…)”.

Por lo tanto, aseveró, hay una necesidad de realizar una nueva constitución, la cual podría verse reflejada en un primer ensayo con la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. No obstante, reconoció que ha sido un “ejercicio muy complicado”, donde “no ha sido posible debatir”.

SÍMBOLO. En su oportunidad, Lorenzo Meyer atajó la pregunta del coloquio partiendo de que el concepto de una nueva constitución es más bien simbólico. “Porque es mejorable y si fuera rehecha igualmente sería una nueva constitución. No entiendo la diferencia, es simbólica”.

Por otra parte, el historiador y analista político destacó una característica histórica que han tenido en común la promulgación de otras constituciones: un escenario en “crisis extrema”.

En 1812, 1957 y 1916-1917, las constituciones se realizan en este contexto, apuntó y resumió: en 1812 había una crisis con una guerra externa e interna, se elaboró entre bombardeos de cañones franceses. En 1957 los liberales habían tomado el control militar en un país muy dividido donde no existía un Estado y donde éste y el conservador preparaban el gran choque final, acompañados de influencia extranjera. En 1916 se llevó a cabo bajo la expedición punitiva de los norteamericanos en suelo mexicano y la presión que se ejerció para negociar la constitución cuando ya estaba hecha y no hacer efectivas medidas que afectaban intereses de los extranjeros. Además México aún padecía los estragos de la Revolución.

Ahora, ¿hoy en día nos encontramos en una crisis extrema? Si bien el clima político, social y económico del México actual, y bajo la presión de EU y el gobierno de Donald Trump, enmarcan al país en una situación muy complicada, todavía no sería equiparable a los anteriores contextos, “pero enfatizo: todavía”.

Añadió que actualmente nos encontramos divididos e insatisfechos con el país que tenemos, pero esa división no deja la posibilidad, como en casos anteriores, de que una de las partes se imponga. “En ninguno de los otros antecedentes hubo un acuerdo real que representara al país, todas fueron representaciones parciales; en la actualidad no hay forma de que un grupo se imponga a otros, bueno de facto sí, pero muy difícilmente se llegaría al plano constitucional”.

Toca turno a Jesús Silva Herzog-Márquez. “No tengo la menor duda de que el expediente constitucional es una tarea pendiente de la política del país, estoy convencido de que es necesario transformar muchos aspectos de la Constitución para proveer mecanismos de gobernabilidad democrática, pero el gran brinco que debemos dar no es cambiar el texto de la Constitución, sino leerla como una ley”.

Añadió que, bajo el radicalismo de quienes llaman a una nueva asamblea constituyente, se busca no tener una carta magna que sea una ley, sino un símbolo y emblema de la democracia. “Esto es un error, es repetir la vieja opción épica y sentimental del constitucionalismo. Debemos pensar y leer la Constitución en otros términos, para enfrentar la amenaza exterior, recuperar la civilidad después de la barbarie que hemos enfrentado la última década e impulsar una agenda de equidad. Un nuevo evento constituyente no aportaría nada y, por el contrario, sería una evasión de los problemas mayores”.

Sea cual sea el camino a tomar, el centenario de la Constitución de 1917 es la coyuntura para debatir el tema, y así establecer la gobernabilidad de los diferentes poderes de gobierno y en busca de un documento que no sea utópico, como refirió Meyer.

“Las constituciones son de dos naturalezas: las que expresan lo que existe y se consolida en un marco legal y político para que funcione, y la otra, del tipo que tiene México, las que reflejan lo que debería ser”. Por otra parte, recordó el historiador, en los ejemplos expuestos acerca de las constituciones, resultado de crisis extremas, “en ningún caso fueron hechas de forma representativa y el grueso de la población estaba ausente”.

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