Trump, elecciones y desconsolidación - Sergio González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Trump, elecciones y desconsolidación | La Crónica de Hoy

Trump, elecciones y desconsolidación

Sergio González

A finales del año pasado, en estas mismas páginas compartí una preocupación sobre la salud política actual de las democracias modernas. Fue texto innovador de dos autores (Mounk y Stefan Foa) lo que me hizo ver el dilema. En julio pasado presentaron en la revista Journal of Democracy un buen análisis de indicadores poco vistos por la academia en general y por las élites políticas del mundo en particular, que según ellos anuncian tiempos borrascosos bajo el apelativo de “desconsolidación” democrática.
En aquella propuesta analítica original, demandaban seguir con especial cuidado tres fenómenos o síntomas cuyas expresiones tempranas avizoran problemas estructurales peligrosos. El primero es el reconocimiento social: ¿Qué tan importante es para nuestras sociedades que nuestros países sigan siendo democráticos? El segundo, la apertura social hacia formas de gobierno no democráticas. El tercero, el apoyo ciudadano que hayan tenido recientemente candidatos, partidos y en general movimientos de los llamados “antisistema”.
Todos estos fenómenos vienen creciendo en el mundo, como los lectores saben y ven cotidianamente; la manifestación más cercana y reciente es el triunfo de Trump, pero también están Rodrigo Duterte en Filipinas y Chávez y Maduro en Venezuela. Por todo el planeta podemos presenciar desencanto, molestia y hasta desconexión con la democracia, sobre todo en las generaciones más jóvenes, que nos deberían obligar a reflexión.
En la misma línea argumental de julio, los autores publicaron hace unos días un segundo texto intitulado “Las señales de la desconsolidación”. Veamos.
Según ellos, la consolidación, producto de dos alternancias en el poder público, se volvió estable y hasta irreversible mientras no había más opción que la democracia, por gozar de una legitimidad política que las alternativas autoritarias no proveían. Denuncian, sin embargo, que los modernos índices para medir la extensión de la democracia (como el de Freedom House o Polity) no atienden en realidad su durabilidad y, por ello, precisamente ahí es donde afirman que hay que empeñarse en vigilar los tres indicadores de su texto original, mismos que vueltos realidad tienden hacia una lesión sistémica de derechos humanos y libertades e instituciones cuya fragilización no genera registro en esos índices tradicionales de consolidación.
Este vacío conceptual, naturalmente, demanda una nueva cartografía científica, anuncian, pero yo creo que también es necesaria acción política expedita, pues me parece acertado el alegato de que la consolidación ha dejado de ser una avenida de un solo sentido y existen acechanzas que podrían transformarla en un callejón de doble vía, en el que la desconsolidación también tiene peso.
El nuevo texto de Mounk y Stefan Foa no tiene desperdicio, pues además estudian con detenimiento los casos venezolano y polaco, y extraen lecciones importantes de expresiones de desconsolidación que nadie vio venir, aun antes del advenimiento del chavismo, por ejemplo.
El estudio cierra con un apartado sobre las consecuencias de la desconsolidación y le imprimen un sentido de urgencia al tema, al hablar en primer término de las causas primigenias del triunfo de Trump como una admonición que hay que registrar con toda seriedad como probable preámbulo de una tendencia continental indeseable, pero, por ahora, al parecer, imparable.


gsergioj@gmail.com
@El_Consultor_

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