Cultura

Poderes Legislativo y Judicial son los más reformados en la Constitución

Algunos de los ponentes del coloquio “México: ¿necesita o no una nueva Constitución?”, el cual finalizó ayer.

Los vapuleos políticos que el gobierno de Estados Unidos y Trump han asestado a México tienen un vínculo con el sistema presidencialista del gobierno mexicano y esto, a su vez, tiene una relación con algunos de los anacronismos que nuestra Constitución arrastra no sólo desde hace 100 años, sino incluso de la Constitución de 1824. 

Lo anterior fue explicado por Diego Valadés, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y uno de los principales especialistas en constitucionalismo del país, durante el coloquio “México: ¿necesita o no una nueva Constitución?”, donde adjudica, paradójicamente, la debilidad del gobierno mexicano por la insistencia histórica de mantener “fortalecido” el régimen presidencialista. 

“Esto no tiene un carácter abstracto, sino que se relaciona con problemas históricos, actuales y futuros, porque en el país tenemos los problemas de inequidad social, corrupción, violencia, y ahora otro grave que se llama Trump. Todos tienen que ver con nuestro régimen de gobierno y para ellos hay respuestas constitucionales, y por no tomarlas en cuenta a tiempo nos encontramos en una de las circunstancias más precarias registradas en nuestra vida como nación independiente”, enfatizó. 

Para el también miembro de El Colegio Nacional lo anterior no es excesivo y agrega que al decir que las condiciones en las que vive hoy México, en proporción a las características del país, son mucho más graves que las que se vivieron hace 100 o 200 años, cuando se promulgaron las constituciones de 1917 y 1824, respectivamente, donde también existieron crisis importantes. 

“La gran diferencia entre hace 200 y hace 100 años es que había entonces optimismo y entusiasmo para la generación de respuestas institucionales; en cambio, ahora tenemos escepticismo y desconfianza, que comenzamos por expresarla a nuestros gobernantes y ahora a nosotros mismos: si somos o no capaces de salir de los múltiples problemas en los que nos encontramos baches que ahora parecen abismos profundos”.

200 AÑOS DESPUÉS… Es con una de esas respuestas constitucionales que se explica el presidencialismo al que se refirió Valadés, al igual que Agustín Basave y Jorge Islas, durante la mesa “Organización del poder”. Puntualizó que de los casi 700 decretos de reforma de los que ha sido objeto la Constitución de 1917, la mitad se refieren a los órganos de poder; de éstos, 202 están vinculados con el Poder Legislativo, alrededor de 100 con el Poder Judicial y cerca 50 con el Poder Ejecutivo. “Lo más reformado ha sido el Congreso y los tribunales, en tanto que el restante se ha defendido como una roca”. 

Ahora bien, continuó, del total de los 136 artículos de la Constitución, sólo 22 se mantienen inalterados desde 1917, de esos hay 7 iguales a la de 1857 y de éstos hay uno que se mantiene igual desde la Constitución de 1824, el artículo 80 —“Se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un sólo individuo, que se denominará ‘Presidente de los Estados Unidos Mexicanos’”—.

“Esto significa que estamos por llegar al bicentenario del presidencialismo impertérrito, hagamos lo posible porque eso no ocurra, en vez de ello hagamos algo diferente. No es posible que los artículos que regulan el sistema presidencial mexicano sigan siendo intocables y uno venga tal cual por casi 200 años”.

El académico advirtió que, de no cambiar cambiamos este proceso de concentración arcaica del poder, seguiremos resintiendo los efectos negativos de que hoy vivimos. “Hoy nos encontramos con la patología del poder presidencial en EU (imperial) y la patología de poder presidencial en México (carente de legitimidad —por infracción de procedimientos democráticos—). Allá es un sistema que se les desbordó y aquí uno que colapsó”.

GOBIERNO DÉBIL. Diego Valadés enfatizó su advertencia: si no  se resuelve el problema del sistema presidencial en el país, nos encontraremos en condiciones de “extrema debilidad”, cuyos efectos ya estamos viendo: “el presidente de México no tiene que decir que no va a Washington, porque allá ya le dijeron ‘no vengas’. Lo ven débil”. 

¿Cuáles eran las opciones para fortalecer el gobierno? Una de ellas, puso en la mesa en primera instancia Agustín Basave, era la de un sistema parlamentario robusto. Valadés explicó que esto habría permitido tener una coalición de gobierno para contar con un apoyo político construido de manera eficaz mediante acuerdos con el Congreso. Así, el trato de EU con México habría sido distinto ante una cisma como el gobierno trumpista. 

 

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