¿De verdad, unidad total? Cambio histórico rotundo

Leopoldo Mendívil

PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO:

+No demos importancia al número,

sino a la unidad de las fuerzas

Giuseppe Mazzini

 

Este espacio inició, en el año 2006, una insistencia que luego retomaron otros medios, sobre la necesidad de que la legislación electoral, de ser preciso en todos los países del planeta, estableciera la obligación para todos los precandidatos a puestos clave de mando y gobierno, de someterse a estudios psicológicos…      

Naturalmente nadie, en ningún país que se sepa, dio importancia a la propuesta. La confianza en que una situación de esta naturaleza jamás se presentaría fue compartida por el mundo entero y el reloj siguió su marcha hasta hace algo menos de 600 días, cuando nada menos que en el país más poderoso y supuestamente ejemplar en cuestiones de democracia comenzó a crecer una monstruosidad política en la figura de uno de los precandidatos del Partido Republicano, quien jamás, en sus actividades de empresario aceptablemente exitoso, ocultó su especial carácter, tan especial que para muchos siempre delató el estado igualmente especial de su condición mental…

Las cosas siguieron su ya preocupante ritmo. El personaje sorprendió al mundo entero cuando logró la candidatura presidencial y realizó una campaña de escándalo tras escándalo, provocados todos ellos por su obsesiva tendencia a mentir, a insultar, a montar realidades que sólo existen en su cerebro, pero en las que él cree como si se tratara de un dogma de fe.

Este  individuo, que toda su vida ha impuesto sus falsedades y logrado sus caprichos, se metió a lo más alto de la actividad política sin cultivar una experiencia que no fuera contra su convicción sobre la suciedad moral y que priva en esa actividad, y decidió imponerle la suciedad de su propia conducta y con todo y eso ganó la elección presidencial y es ya el personaje más poderoso de la actualidad mundial.

Y siente un profundo y cerval odio por México.

¿Por qué ese odio?

Lamentablemente no se sabe.

Pero él lo lubrica intensa y permanentemente y lo practica como practica todas las acciones que emprende: sin método, sin lógica, sin conocimiento, sin experiencia. Como se le ocurre.

Y las impone.

Así lo ha hecho en el curso de su primera semana de trabajo como presidente de los Estados Unidos de América.

Excepto en su locura del muro fronterizo entre su país y el nuestro. La situación generada por su impertinente terquedad que todos conocemos, dentro y fuera de México, y prácticamente todos rechazamos, provocó ya el primer freno tajante, permanente y hoy más que nunca definitivo..., que..., en otro aspecto, está provocando una reacción casi milagrosa en México, de haber comenzado a provocar, por vez primera en la totalidad de nuestra historia como república independiente y soberana, la decisión de actuar sin rupturas ni confrontaciones, sino con un espíritu de unidad que no se conocía, más allá del efímero instante del apoyo casi total a la realización de las macrorreformas económicas de hace cuatro años.

Y éste ha jalado consigo otro milagro político, que parecía imposible a la enésima potencia…

Hacer causa común con usted para demandar al señor Trump que entienda:

México ni aceptará, ni construirá, ni pagará su muro maldito…

Algo menos milagroso, pero digno de exhibir como la primera ocasión, también, que ocurre:

Romperá usted la costumbre política de ir a Washington a ponerse a las órdenes del presidente en turno.

Todo indica que por fin comienza la verdadera independencia mexicana…

 

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