El muro - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

“Se iba a colocar a un hombre contra un muro y a tirar sobre él hasta que reventara; fuera yo o Gris u otro era igual.” Jean Paul Sartre. El Muro.

 

No importa quién sufra, lo prioritario es construir un muro y dividir a unos y a otros. ¿Por qué? Por muchas razones, pero la principal es el miedo y la inseguridad. Colocar a los hombres contra o frente a un muro hasta que revienten de hambre, falta de oportunidades, abandono, tristeza por la separación o en el intento de treparlo y saltar del otro lado, da igual. Lo que impera es la soberbia, la exclusión.

¿Quiénes construyen muro para separar? Todos. Los más firmes, son los internos: los mentales y los afectivos. Los más evidentes, aquellos que delimitan lo mío de lo que pertenece a otro. Los países se conforman creando muros, fronteras, y limitando el acceso al territorio.

Los muros internos infranqueables congelan el corazón humano y lo marchitan por la soledad. Agrian el carácter y adelantan la muerte. Secan el cerebro, matan la creatividad y enraízan prejuicios que afectan el razonamiento claro y certero.

Los externos inexpugnables no dejan entrar, pero tampoco salir. Son medios de defensa, pero también trampas mortales. Son más necesarios cuando se fomenta el odio, la envidia, la avaricia y el egoísmo social. Proliferan con la injusticia y la desigualdad entre las sociedades y los hombres. Los muros pueden ser zanjas profundas, campos minados, alambrados, paredes de hormigón o barreras naturales.

¿Dónde se han levantado muros para aislar a los hombres? La línea Maginot de trincheras en la Primera Guerra Mundial, que fue el cementerio de millones de personas; la costa de Normandía que fue superada por el desembarco aliado en el Día D, en el que murieron cientos de miles soldados; el muro de Berlín símbolo de la Guerra Fría y la amenaza nuclear; y ahora entre México y Estados Unidos, la frontera con más cruces diarios en el mundo —más de un millón al día—.

Con el tiempo, todos los muros han caído o están condenados a convertirse en atractivo turístico, como la Muralla China. El Rin, que fue frontera, hoy es el corazón de Alemania. Cuando las barreras se rompen surge el desarrollo, como sucedió con Japón que se modernizó rápidamente después de la apertura a occidente en 1904. El abandono del aislacionismo estadunidense (Wilson) y el chino (post-maoismo) fueron el detonante de su crecimiento como potencias económicas mundiales en el siglo XX.

Entonces, ¿por qué el empecinamiento de Trump y sus seguidores por darle tanta importancia a un muro a medio construir? Por miedo a reconocer sus propias limitaciones. La Gran América que pregonan ya no es posible sin sus dos socios: el norteño, Canadá, y el sureño, México. La prosperidad que buscan no la podrán alcanzar sin un trato justo a sus vecinos con quienes tienen fuertes lazos económicos —cadenas de producción y distribución— e intereses compartidos.

Lo grave no es la construcción de un muro externo —los datos del Colegio de la Frontera demuestran que en el fondo es una falacia y una tarea imposible—, sino los odios que siembra y los agravios que renacen. Si es buena la unidad de México, que se exprese como si fuera una sola voz, pero a nadie conviene que sea sólo para oponerse a un fanfarrón.

El muro, según Trump, es benéfico para ambos y en cierto sentido es correcto. Allá se fortalecen los grupos xenofóbicos y aquí quienes pretendan utilizar el nacionalismo como vía de retorno al autoritarismo. La mayoría, allá y acá, es perjudicada. Esta mayoría la componen hombres que los instigadores del odio pretenden poner contra el muro de ambos lados del mismo y reventarlos. Sin importar quién sea.

¡Que los mexicanos vayamos a pagar el muro trumpiano! Es irreal y falaz si se pretende que el financiamiento sea con la elevación de los impuestos al consumo de productos mexicanos en los Estados Unidos, pero decirlo como parte del discurso de legitimación del nuevo presidente estadunidense es un agravio inaceptable.

Los cruces legales en la frontera Estados Unidos-México se dificultarán, tal vez reducirán, pero los ilegales continuarán con más muertes. Un muro no detendrá a una madre para querer reunirse con un hijo; a un desesperado para buscar una opción de vida; a un idealista para alcanzar el sueño americano; a un niño no acompañado ir con su familia o a un narcotraficante o traficante de armas continuar con su negocio infame.

Las ideas de que el muro es la solución a la baja productividad de la economía estadunidense o que es el inicio de una era de seguridad y tranquilidad son ingenuas. Sólo son el anuncio de un previsible fracaso que requiere identificar una causa externa para justificar. La mención al muro sólo es un elemento de propaganda, explotada por Trump. Esta circunstancia no debe ser un reactivo para un cambio radical de nuestra diplomacia ni la justificación para cometer exabruptos.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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