Prejuicio es juicio sin razonar; hemistiquio es medio verso (prefijos, sufijos y la hache muda)

Carlos Alberto Patiño

Prefijos y sufijos confieren significados. Se suman a las raíces para dar nuevo sentido. Son morfemas complementarios.

En español los tenemos de origen latino y griego. En México, también del náhuatl.

Entre los más conocidos está la “a” privativa, que viene del “alfa” que se añadía para indicar un sentido negativo, de carencia o ausencia. “Anónimo”, sin nombre; “átomo”, sin división; “anarquía”, sin gobierno; “amorfo”, sin forma; “abulia”, sin voluntad, son ejemplos del uso de este prefijo.

De origen latino es la negación “in”, a la que no hay que confundir con “in”, en.

Tenemos, con la primera, “intacto”, no tocado; “infinito”, sin final; “irregular”, sin regla; “inmenso”, sin medida.

Del otro “in” tenemos “encima”, en la parte más alta (la cima); “instruir” (struere, edificar), “imponer”, poner en.

Hay otro “in” que significa a, lugar a, dirección: “inducir”, (ducere) guiar; “importar” (portare), llevar; “inhumar” (humus) suelo.

Digresión. En español, algo que puede encenderse es inflamable. Aquí “in” no es negación. Es necedad usar el término “flamable” que es palabra del inglés. Si se quiere decir que algo no es combustible se combinan los dos “in” la negativa y la que incluye: “ininflamable”.

“Ne” también es negación, como en “negocio” (otium, ocio); necio (sciens, saber); “nefasto” (fastus, bueno).

“Semi” es prefijo latino que da la idea de mitad: “semicírculo”; “semidiós”, como Hércules y Aquiles; “semitono”, como los bemoles y sostenidos. El sonido 13, de Julián Carrillo está formado por microtonos (micrós, pequeño, como en microscopio).

El prefijo griego “hemi” es más o menos equivalente a latino “semi”. “Hemiciclo” (medio círculo), como el dedicado a Juárez; “hemisferio” (media esfera), como las partes de la tierra; “hemíptero” (pteron, ala), como las chinches.

De “pteron”, viene helicóptero, es ala más “helix”, espiral.

Con “hemi” viene el “hemistiquio” del título de esta entrega (stikhos, línea, verso).

Otro prefijo griego es “eu” que significa bien. Así tenemos “eugenesia” (génesis, generación); “eutanasia” (tánatos, muerte); “eufemismo” (femí, decir); evangelio (angelo, anunciar).

“Dis” es griego. Entraña contrariedad, dificultad: “displasia” (plasis, modelar); “disentería” (enterón, intestino); “disfunción” (fungi, emplear, cumplir).

“Anfi” significa de uno y otro lado. Lo vemos en “anfibio”, el ser que vive en el agua y en la tierra. Está en ánfora, el recipiente que tiene asas a cada lado, y en anfibología, la mala construcción gramatical que nos lleva a dar dos o más significados a una oración.

“Peri” es alrededor, como en “periférico (fero, llevar); “periscopio” (skopeo, ver); “perímetro” (metrón, medida); “pericardio” (kardias, corazón).

“Para”, del griego, es al lado de: “paralelogramo” (grama, línea); “paradoja” (doxa, opinión).

De “pro”, del griego hacia adelante, viene “profecía” (femi, decir); “pronóstico” (gnosis, conocimiento), “problema” (ballo, lanzar).

Y del latín “pro”, a favor: “proponer” (ponere, poner); “proveer”, “providencia”; “provisión” (videre, ver).

Pre”, “prae” es “antes de”. “Prejuicios”, como los de Trump, son juicios adelantados, ideas que se tienen sin razonar. “Prever” es ver antes. “Presumir” (sumere, sumar).

“Sin” es conjunto, unión, igualdad. “Sinfonía” (foné, sonido); “sinóptico” (opos, vista), “síntesis” (titemi, poner); sístole (contracción, en este caso del corazón).

“Hiper” es sobre e “hipo” es debajo. “Hipertrofia” (trofé, alimentación); “hipertensión” (tendere, tensar, estirar); “hiperbóreo” (boreas, Norte); “hipoteca”, “hipótesis” (titemi, poner); “hipotenusa” (teíno,tender), hipodérmica (dermatos, piel).

¡Y los sufijos!

“Icos”, lo relativo a: “físico” (fisis, naturaleza); “cromático” (xroma, color); aritmética (aritmós, cantidad, número).

“Ismo”, doctrina, creencia, estado. “Arcaísmo” (arkhaios, antiguo); “antagonismo” (anti, frente a; ago, luchar).

“Ista” da la idea de prosélito o secuaz. “Dadaísta” (seguidor del dadaísmo); “sofista(sofía, sabiduría).

“Itis” es inflamación. “otitis” (otós, oído); “hepatitis” (hepatos, hígado).

Del náhuatl nos vienen muchos toponímicos. “Co” y “go”, lugar. Como en “Aculco” (en donde da vuelta el agua); “Azcapotzalco” (en el hormiguero).

“Pan” o “pa”, en: “Actopan” (en terreno fértil); “Ixtapan” (en la sal).

“Titlan”, entre: “Tenochtitlán” (entre los nopales); “Amatitlán” (entre los amates).

“Can”, región: “Teotihuacán” (región de los dioses), “Coyoacán” (zona de coyotes); “Michoacán” (país de los pescadores).

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Tania Marsilli me da a conocer una infografía donde se dice que la “H” es muda por una transformación de la “F”. Sí y no.

En latín y en las formas antiguas del español, palabras que ahora se escriben con “H” llevaban la “F”.

Recuerden la advertencia del rey Alfonso VI a Ruy Díaz: “Cosas veredes, mío Cid, que farán fablar las piedras”.

O al marqués de Santillana con sus señeros versos: “Moza tan fermosa/non vide en la frontera/como la vaquera de la finojosa.

La “F”, efectivamente devino en “H” en algunas palabras, pero no por eso es muda. Es una cuestión fonética. Los primeros hablantes del español encontraron dificultad en pronunciar esa letra en combinación con otras y la empezaron a suprimir, quedando en la escritura como la “H” que nos viene del griego.

Ésta no era una letra sino un signo ortográfico llamado espíritu áspero que se anotaba como una virgulilla sobre la letra inicial de algunas palabras. Dice Alfonso Torres Lemus, en su libro Filología. Apuntes de etimologías: “En el alfabeto antiguo o anterior, el espíritu áspero se representaba por el signo ‘H’”.

Es el caso de palabras como hidráulica, hidrógeno, hídrico, que derivan de la palabra “hidros”.

Himno, Homero, hipérbole, hipodérmica, hipopótamo ostentan la “hache” proveniente del espíritu áspero.

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Regaños. Habla un corresponsal de Radio Red: “Murió ante los balazos que recibió” ¿Se imagina el lector a la víctima sucumbiendo detrás de los tiros? Tener un micrófono o un teléfono para reportar un hecho no es complicado, pero un profesional está obligado a ser cuidadoso y, sobre todo, a conocer el idioma que es, para nosotros, los comunicadores, un instrumento fundamental. De nada sirve la tecnología sin una seria preparación.

El reportero debió haber dicho “Murió a causa de los balazos que recibió.

Me llega la imagen de una etiqueta. Dice: “Jabón corporal en barra para niños con forma de hipopótamo”. La anfibología puede resultar graciosa, pero igual funciona para hacernos pensar en el problema de la obesidad infantil.

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El Arca de Arena buscaba la palabra con etimología griega que describe a una persona de ánimo exaltado, excitada por algo que le causa gran admiración. En forma literal, alguien poseído o inspirado por un dios, lleno del numen divino. La respuesta la dio Mangel: “Hoy llego con todo a El Arca de arena: La palabra que pide es ‘entusiasta’: expresión que usaban muy pocos de mis profesores en la primaria”.

También dio la respuesta la lectora Ma. Eugenia Yáñez Morales, quien, como se nota, estudió etimologías en la prepa (entusiasmo era ejemplo de palabra derivada de la raíz “teós”.

Y bien, El Arca está en busca de una palabra de origen latino, contundente, terminante por lo redondo.

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