La Muralla China fue la ruina de su constructor - Carlos Villa Roiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
La Muralla China fue la ruina de su constructor | La Crónica de Hoy

La Muralla China fue la ruina de su constructor

Carlos Villa Roiz

El 27 de junio de 1984, el periódico vespertino de Beijing publicó en primera plana que la Muralla China sufría severos daños por abandono y nada más en la zona cercana a la capital, el 66% de la obra estaba en ruinas y solo en 16% conservaba sus bastiones y almenas completas; habían desaparecido del mapa de 20 a 30 kilómetros nada más en el distrito de Miyun.

El presupuesto para dar mantenimiento a la muralla era enorme si se toma en cuenta su dimensión, y como el presupuesto estatal estaba comprometido en proyectos sociales, se habilitaron programas de donación voluntaria bajo el lema “Amor a China, reparación de la Gran Muralla”, que apenas sirvieron para restaurar los dos bastiones más altos de Badaling y una parte de la muralla.

El constructor de la Gran Muralla China fue Qui Shi Huangdi, quien unificó las murallas feudales que protegían a varias ciudades, de modo que para el 221 a.C. ya había unificado el país con un ejército de 300 mil hombres, pero el precio que pagó por la muralla fue la causa de su ruina y el aniquilamiento de la dinastía que con bombo y platillo iniciaba.

La razón fue simple: en la construcción de la muralla empleó recursos en detrimento de otras obras que beneficiaban a su pueblo, además de que empleó a 3 millones de personas que representaban al 15% de la población, y que fueron arrancados de sus obligaciones en el campo por lo que hubo carestía en el imperio. Esto fue la semilla de una revuelta popular que incendió su palacio porque el imperio ya estaba sumergido en la miseria.

Varios poetas chinos hablan del sufrimiento del pueblo en aquellos años: Wu Longhan preguntaba: “¿Por qué es tan alta la muralla? ¿Por qué sus cimientos están llenos de huesos? Otro poema refiere: “Atardecer, no hay nadie en la llanura norte. Bajo el cielo solo se oye gemir a los demonios”.

La muralla, ciertamente, detuvo las migraciones de los campesinos hunos que llevaban a pastar a sus ovejas a territorio chino y en contra los ataques mongoles; hubo emperadores que se empeñaron en mantenerla e incluso ampliarla, hasta que en la dinastía Qing, el emperador Kang Xi se valió de políticas menos feudales y dejó de prestar atención a las obras defensivas y mantuvo buenas relaciones con los reinos vecinos, especialmente con los tibetanos y los mongoles. Por eso, dicha dinastía llegó a gobernar muchos siglos más. La muralla, que aisló a China, fue una de las causas de su retraso cultural que solo vinieron a romper los primeros misioneros jesuitas.

El muro de Donald Trump podría tener similitudes con esta historia. En principio, se está hablando de su construcción pero no de su mantenimiento frente a las inclemencias del tiempo y la oxidación natural de los metales. En la Torre Eiffel, por ejemplo, más de 500 personas trabajan todos los días del año en mantenimiento de soldadura, lubricación y reemplazo de piezas oxidadas, y un equipo de 30 pintores laboran permanentemente en todos los niveles de esta torre.

La construcción del muro de Trump desviará recursos que se podrían usar en obras más importantes como escuelas y hospitales, como lo dice el gobernador de Texas; además, encadenara perpetuos presupuestos para mantener esta inútil obra, y más cuando ha disminuido la migración ilegal.

Por no dejar la historia trunca del emperador Qui Shi Huangdi diremos que fue sepultado en el monte Li, y cuentan que la gente fue depositando sobre su tumba puñados de tierra, lo que dio forma al monte Li, con la intensión de que jamás pidiera salir de su tumba. El emperador, a su muerte, nunca fue llorado por el pueblo.

 

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