El muro de la intolerancia

Víctor Romo

Sólo seis días en la presidencia bastaron a Donald Trump para llevar la relación México-Estados Unidos al nivel más tenso del último siglo, al anteponer la construcción de su muro fronterizo a cualquier negociación y, por si fuera poco, insistir en obligarnos a pagarlo.

El 6 de marzo de 2015, con un tuit que ya destilaba odio y rencor, el entonces precandidato republicano reveló el tamaño de su animadversión por los mexicanos: “No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a EU”.

Este mensaje explica —no justifica ni debe tolerar— el maltrato que nos receta sistemáticamente el ahora presidente de Estados Unidos, el más impopular históricamente, dentro y fuera de su país.

Por eso, a casi dos años de distancia de ese mensaje, Trump firmó una orden ejecutiva que autoriza la “construcción inmediata” del muro y mandata la persecución, detención y casi cacería de migrantes en sus fronteras.

La arbitrariedad de la forma devela que para Trump, el muro es una obsesión que no admite diálogo ni búsqueda de acuerdos, solo cabe la imposición de ideas radicales y regresivas por encima de cualquier protocolo diplomático, razonamiento legal o de carácter humanitario.

Pero la historia no se equivoca, ha demostrado que más allá de proteger territorios, los muros provocan segregación, discriminación, odio, dolor, miseria, derramamiento de sangre y hasta ecocidios. Ahí están Berlín e Israel.

El muro de Trump no busca proteger sus fronteras. Pretende mostrar al mundo el abuso del fuerte, el ejercicio del poder brutal; el triunfo del odio, la intolerancia y la discriminación, sobre la fraternidad, la igualdad y la equidad; el sojuzgamiento de un pueblo sometido por su dependencia del verdugo.

Es una pared maniquea para dividir buenos (los gringos) de malos (los mexicanos). Para aislar a delincuentes y narcotraficantes de los “decentes ciudadanos estadunidenses”. Es, en suma, la regresiva visión decimonónica de supremacía racial que retorna para discriminar con violencia desmedida.

Ese es el significado y el mensaje del muro, que pretende aplastar la soberanía de México para pavonearse ante el mundo como el imperio todopoderoso, victorioso e invencible. De ese tamaño es la intolerancia y la megalomanía. Pobre mundo con Trump.

* Asambleísta del PRD

* Presidente de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación de la ALDF

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