¿Por qué llora el niño, mamá? - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
¿Por qué llora el niño, mamá? | La Crónica de Hoy

¿Por qué llora el niño, mamá?

Fernando de las Fuentes

El viaje más largo es el que se realiza al interior de uno mismo

Hammarskjöld

Sin importar el tiempo que lo separe del niño que alguna vez fue, el ser humano, pasada la adolescencia, tiende a pensar que la infancia es una etapa que ha quedado atrás, superada.

Impone una barrera emocional entre el adulto supuestamente capacitado para vivir y el niño indefenso que, inevitablemente, tuvo que haber sido, porque derrumbarla duele.

Cuando alguna emoción enterrada a piedra y lodo queda al descubierto, tras un evento que lo sacuda, trae al presente memorias difusas de infancia y reconstruye con la imaginación los hechos, en un ejercicio mental llamado memoria sustitutiva, para explicarse lo sucedido en aras de reforzar la barrera.

Así, el adulto se aleja tanto de sí mismo, que ni siquiera se da cuenta de que reproduce actitudes y conductas que lo dañan, establece una y otra vez el mismo tipo de infelices relaciones, se ve envuelto frecuentemente en la misma clase de situaciones insostenibles.

Hasta que, por supuesto, se da cuenta y entra en crisis. De entender que todas las heridas son de infancia y que las del adulto no son más que réplicas, comenzará por la más segura de las soluciones: traer el pasado al presente, donde puede ser manejable.

Habrá cosas que comprenda o que crea comprender, pero pocas que pueda solucionar, porque el proceso de sanación es inverso: no se explica el pasado a la luz del presente, sino el presente a la luz del pasado. El que viaja no es el niño, sino el adulto.

El recorrido es introspectivo, un viaje largo de saltos cuánticos; es decir, nos puede llevar años y, sin embargo, de un momento a otro nos encontraremos donde teníamos que estar. Tales saltos se dan con cambios simples de actitudes: dejamos de intentar que el niño sienta como el adulto y le permitimos a éste sentir como el niño. Es entonces cuando verdaderamente captamos. De eso se trata el desarrollo de la conciencia.

Da miedo, pero el miedo, que no es más que un auto boicot, se va cuando uno hace lo que tiene que hacer, no antes. Sabremos entonces con certeza por qué llora el niño, y nos daremos cuenta que no está en nuestro pasado, sino aquí y ahora. Somos el niño asustado y herido.

La diferencia es que ya no dependemos de quienes nos pueden fallar, sino del adulto que tiene plena capacidad de darnos lo que siempre hemos necesitado, el que ahora somos, consciente y amoroso, tras el viaje interior.

Y a partir de este encuentro, sólo necesitamos cambiar algunas cosas, con perseverancia y paciencia, para que la vida del adulto se transforme espiritualmente, sin que esto signifique que andemos por la vida “pobres y a ráiz”, sacrificadamente haciendo el bien, como los arquetipos desalentadores de la psique humana. Loables, sí, pero no la única vía del espíritu.

Cambiamos nuestro diálogo interior, que en la separación con el niño ha sido predominantemente negativo: “soy tonto”, “soy insuficiente”, “los demás se aprovechan de mí”, “las personas no me quieren”. No se trata de sustituir las sentencias, sino de guardar silencio interior, que no es lo mismo que quedarse callado, para ver que no son ni ciertas ni justas. Las verdaderas vendrán solas.

Dejamos de defendernos de todo y de todos. Cada vez que nos defendemos innecesariamente, y en la mayoría de las ocasiones así es, estamos tratando de obtener la aprobación del otro, y por tanto le estamos cediendo nuestro poder y dignidad. Es el niño que no obtiene la aprobación que necesita: la nuestra.

Establecemos una relación entrañable con nuestro niño, al cual protegeremos con responsabilidad, de lo contrario él intentará protegernos, bloqueándonos vivencias para evitar un dolor que considera inmanejable desde su fragilidad.

Hay que consultarlo cuando hacemos algo que lo puede afectar, o estaremos poniendo en riesgo nuestro equilibrio.

Hay que mirarlo con empatía y ternura.

(Militante del PRI)

delasfuentesopina@gmail.com

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