¿Cuál es nuestra ventaja competitiva?

Rosario Avilés

Una de las grandes lecciones del huracán Trump en este inicio del 2017 es que México no puede seguir apostándole a la mano de obra barata. Si pretendemos seguir compitiendo en los mercados internacionales a base de castigar a nuestros trabajadores con salarios ínfimos, llegará un día en que el esquema truene por sí mismo.

En los primeros días de Ereinador Trump tuvo tiempo de llamar a cuentas a los armadores de automóviles estadunidenses establecidos en México para asegurarse que dejen de invertir en nuestro país y se pongan a crear empleos en Estados Unidos, no importa qué tan caro sea, porque la prioridad es crear puestos de trabajo.

En estos 23 años de TLC nos sentíamos muy seguros del valor que aportaba México en la relación trilateral, porque pensábamos que la mano de obra barata siempre sería atractiva. Ya vimos que no es así.

Desde hace tiempo se ha hablado de la eventual escasez de pilotos aviadores en el mercado doméstico. Tomando como base las previsiones de las armadoras de aeronaves que sugieren que en el plazo de 20 años México requeriría de unos 44 mil pilotos, se vio la necesidad de tener alternativas de formación, pero también hubo empresas que vieron su oportunidad para cabildear por anular el requisito constitucional que exige que los  comandantes de aeronaves con matrícula nacional sean mexicanos.

El jueves pasado, la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) celebró el Día de la Emancipación del Piloto Aviador Mexicano, que conmemora la gesta que culminó con el reconocimiento de ASPA como sindicato. En la cena estuvieron presentes tanto el director de aeronáutica civil, Miguel Peláez, quien trazó un panorama muy halagüeño para nuestra aviación, como el subsecretario de Trabajo, Rafael Avante.

Este último, frente a un centenar de pilotos y el director de la Cámara Nacional del Aerotransporte (Canaero), organismo que ha estado empujando un paquete de reformas que incluyen el replanteamiento del requisito mencionado, Avante expresó como postura de la administración pública que los comandantes al mando de aeronaves mexicanas deben seguir siendo mexicanos.

Lo importante de esto, sin embargo, no es sólo el asunto de nacionalidad, sino mirar con atención lo que implica este gesto. Conocemos casos de muchos pilotos mexicanos que están en aerolíneas asiáticas, árabes o de otras latitudes y es claro que quienes los contratan están dispuestos a pagar mucho por su experiencia.

Hay muchos pilotos que vienen de Mexicana, pero muchos otros son egresados de nuestras empresas de bajo costo que pagan entre 2 mil y 2,500 dólares, mientras aquellas ofrecen de 12 mil hasta 20 mil dólares mensuales. Es decir, formamos pilotos en nuestras empresas y los exportamos en sus mejores momentos de riqueza intelectual para nutrir aerolíneas del extranjero.

Lo peor que nos podría pasar ahora sería traer pilotos de fuera para formarlos aquí y que luego se vayan a otros países por las mismas razones. Quedaríamos como una bonita escuela que no sabe retener a los mejores porque no somos capaces de aquilatar el valor agregado que da la experiencia.

No sabemos aún cómo se estructurará la política regional de Estados Unidos, pero no descartemos que además de las exigencias del DOT para la alianza Delta-Aeroméxico, se piense en requisitos de ingreso a las aerolíneas mexicanas para que no tengan sueldos artificialmente bajos.

Si queremos una aviación de grandes ligas no sólo hemos de formar buenos pilotos, debemos ser capaces de aprovechar lo que saben para que nuestra aviación sea mejor y competir con esa mano de obra calificada y bien pagada como ventaja. Lo acabamos de vivir y ojalá lo compendamos.

 

Lo oí en 123.45:Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio.

raviles_2@prodigy.net.mx

twitter: @charoaviles

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