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Paola Espinosa espera “algo más grande que una medalla”

En estos días en que suele tocarse el vientre donde un niño crece en silencio, la mexicana Paola Espinosa, medallista olímpica de saltos, reconoce estarse alejando de la imagen de persona invulnerable que muestra cuando hace sus clavados.

“Me volví más sensible, soy una mujer que parece dura, a veces lo soy, pero últimamente hasta algunas palabras me provocan ganas de llorar”, asegura Espinosa.

Viste un vestido azul rey de mangas largas con una discreta cadena y una pulsera color plata. Su figura sigue estilizada porque lleva pocas semanas en estado de gravidez pero un brillo en los ojos delata su estado de gracia.

“No existe mayor medalla en mi carrera y me voy a sensibilizar más cuando conozca al bebé”, dice.

Ha ganado medallas en todos los tipos de campeonatos de su deporte, podría retirarse y lo haría sin pendientes, sin embargo sabe que las mujeres aumentan la fortaleza después de convertirse en madres y apostará a un regreso milagroso.

“No sé si me dé tiempo a competir en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla en el verano de 2018, pero quiero llegar en forma a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, no con la idea de competir, sino de pelear otra medalla”, anuncia.

Después de dos décadas en los saltos, Paola conoce de dolores y pocos saben que antes de competir en Río debió librar lesiones en dos de sus vértebras, una crisis de lumbalgia en el sacro y otra de nervio ciático. Algunos flecos de su pelo pintado en dos tonos de dorado se salen de la fila cuando cuenta la historia.

“El profesor cubano Pedro Gato me sacó del hoyo. Yo no podía moverme de la cama y su trabajo de fortalecimiento me regresó al alto nivel; es un hombre que sabe, pero influye más con su forma de levantarle la autoestima a una”, dice.

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