La ciencia política y el amor

Rigoberto Aranda

En los últimos días, los medios de comunicación y las redes sociales se han visto plagados de imágenes que comparan el trato dispensado por el flamante presidente Trump a Melania –frío, distante, hasta indiferente—con la calidez que proyectan los Obama.

El discurso de despedida de Barak Obama fue ciertamente elocuente.

“Has sido mi amiga durante los últimos 25 años… Tomaste un rol que no te pedí y lo hiciste tuyo, con gracia, estilo y buen humor. Hiciste de la Casa Blanca un lugar que pertenece a todos. Y una nueva generación tiene sus miras más altas porque te tiene a ti como modelo”, dijo el mandatario con la voz entrecortada por las lágrimas.

¿Tiene un significado en el desempeño de los presidentes? Veamos con calma.

Ambos ganaron la carrera presidencial, a su estilo particular son políticos exitosos. Las expresiones machistas y misóginas de Trump en plena campaña y antes de ella no alcanzaron para hacerlo caer en las preferencias electorales.

Obama y su esposa aprendieron en los ocho años de ejercicio del poder a recuperar un poco de los bajos índices de popularidad de su mandato.

Michelle se puso a trabajar en serio en proyectar la imagen de un presidente incluyente, con sensibilidad humana. Por otro lado, los logros trascendentes de Obama fueron de otra naturaleza.

Lidió con una crisis económica cuyos orígenes estaban dentro de Estados Unidos, pero sobre todo en el entorno global. Estados Unidos, contra todos los pronósticos, libró la peor parte: desempleo, crecimiento negativo, deuda excesiva. Ahora su economía crece.

Es poco probable que Michelle haya tenido que ver con las medidas que ayudaron a su esposo a salir de eso. Si el amor de los Obama es genuino –como todo indica que es— al menos habla de un hombre muy poderoso que decidió quitarle protagonismo bélico a su país, que buscó la reconciliación con Cuba, intervino decididamente en la pacificación de Colombia y evitó intervenir con tropas en los conflictos de Europa y África.

Se mantuvo prudentemente al margen de conflictos con el Estado Islámico y preservó el equilibrio con Rusia y China. Muchas de estas decisiones le costaron votos a su gobierno y, por extensión, a su partido.

Esto es política. Quizá el amor con el que vive Barak Obama lo ayudó a ser moderado, sensible y prudente. Eso, si lo sabemos algún día, será después.

Hillary Clinton no se benefició de este amor. Quizá el contraste también la alcanzó por las conductas poco ortodoxas de Bill Clinton durante su mandato.

Melania ciertamente no se veía muy feliz en el día completo que duró el Inauguration Day del 45o. presidente de Estados Unidos.

Evidentemente Donald Trump no es caballeroso ni cariñoso.

No sé si esto sea un buen indicador de la capacidad para el desempeño del poder. En  Muchos países tanto los gobiernos como la sociedad esperan con cierta ansiedad cómo se va a comportar este visiblemente irascible y conservador hombre.

rigoberto_aranda@hotmail.com

 

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