Héctor Victoria, constituyente artífice del 123, curtido entre fierros y sudor | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Héctor Victoria, constituyente artífice del 123, curtido entre fierros y sudor

Herederos de los Constituyentes ◗ “Vivió en carne propia la indiferencia laboral. Cuando perdió el ojo no recibió atención ni retribuciones y eso lo alentó a seguir la lucha a favor de los obreros”, relata a Crónica el historiador Jorge Victoria, nieto del constituyente de 1917, quien fuera uno de los artífices del artículo 123 ◗ Nacido en Conkal, Yucatán, Héctor Victoria fue mecánico y se convirtió en líder: organizó huelgas en contra del maltrato de los trabajadores

  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx

Dos días antes de Navidad, el 22 de diciembre de aquel 1916, se vivió una de las jornadas más álgidas en el Congreso Constituyente de Querétaro… Se deliberaba en torno a los derechos de trabajadores.

—Tiene la palabra el ciudadano Victoria —dijo Luis Manuel Rojas, presidente de la mesa.

¿Y quién era ese tal Victoria?, ¿quién era ese “tuerto de anteojos agresivos”, como lo describirían después algunos de sus amigos?

Se llamaba Héctor, y fue considerado uno de los artífices del artículo 123 de la carta magna.

Ante la muerte prematura de sus padres, desde muy joven debió cuidar a sus dos hermanas pequeñas. Quería estudiar literatura, sueño inalcanzable en esas condiciones de penuria. Trabajó en dos talleres como aprendiz de mecánico, hasta conseguir una plaza más estable en Ferrocarriles de Yucatán como ayudante general. Su arrojo e ímpetu lo transformaron pronto en líder: planeó protestas y organizó huelgas en contra del maltrato a trabajadores y la falta de servicios.

En una de las faenas, torneando una pieza de metal, perdió el ojo derecho…

“Vivió en carne propia la indiferencia patronal. Cuando perdió el ojo no recibió atención ni retribuciones y eso, más que desanimarlo, lo alentó a seguir la lucha a favor de los obreros”, cuenta el historiador Jorge Victoria, su nieto y quien hoy es investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Aquel día de hace 100 años, Héctor Victoria subió a la tribuna, y sus palabras fueron difíciles de olvidar, de ignorar:

“Cuando un obrero viene aquí, por primera vez ante un público tan consciente, es necesario declarar que, por efecto de la educación que ha recibido, tenga necesariamente errores en el lenguaje, pero esta falta de erudición se suple cuando su actuación en la vida patentiza   su honradez. He creído necesario hacer esta aclaración, porque no quiero que mañana los académicos trasnochados, los liróforos con lengua de esparadrapo, vengan a decir aquí: a la peroración del representante de Yucatán o le faltó una coma o le sobró un punto o una interrogación”…

Tenía entonces 30 años. Nació el 29 de diciembre de 1886 en Conkal, una población cercana a Mérida. Tuvo nueve hijos: seis con doña Bertha Rubio, su esposa; y tres con la maestra Hermila Gamboa, abuela de Jorge, nuestro entrevistado.

Con ambas mujeres cohabitó a la par…

Crónica ha querido rescatar algunos pasajes de su vida, por el perfil distinto al de los grandes generales, abogados, intelectuales o periodistas constituyentes. Este fue un hombre con grasa en las manos, curtido entre fierros y sudor.

ANTICLERICAL. Quince meses antes de ese discurso en Querétaro —24 de septiembre de 1915—, don Héctor fue uno de los principales agresores a la Catedral de Mérida. Quedó destruido casi todo el interior del recinto religioso.

“Mi abuelo era un ortodoxo del socialismo. En una carta en la cual exige la libertad de un compañero preso, escribió: Nuestra lucha titánica es contra el clero y el capitalismo”.

En ese 1915 había llegado a Mérida, Salvador Alvarado, general del Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza, quien nunca se declaró anticlerical, aunque durante su mandato se clausuraron iglesias.

“Desde mucho antes mi abuelo se había contagiado de los ideales revolucionarios: en 1911 incitó a una huelga de ferrocarrileros. Era el final del Porfiriato y en aquel tiempo eso de las huelgas estaba prohibido, se convertiría en derecho hasta la Constitución del 17”, detalla Jorge.

Se afilió al Partido Socialista de Yucatán junto con el caudillo revolucionario Felipe Carrillo Puerto. Y sus conceptos sobre derecho laboral fueron incluidos en la Ley del Trabajo de Yucatán promulgada por Alvarado el 11 de diciembre de 1915.

Por sus atributos como ideólogo y líder sindical, en 1916  es elegido como diputado constituyente por el Distrito de Izamal.

Y el recuerdo nos lleva a ese instante, 22 de diciembre de 1916. Aclarado su origen obrero y su pasado sin letras, Victoria sacudió al resto de los constituyentes:

“Tal vez en estos momentos los obreros con mejores condiciones en toda la República, gracias a la Revolución constitucionalista, son los de Yucatán, de tal manera que somos los menos indicados, según el criterio de algunos reaccionarios o tránsfugas del campo obrero, para venir a proponer esta reforma, pero nosotros pensamos lo contrario. En Yucatán estamos palpando todos estos beneficios, y los trabajadores no le besan la mano a los patrones, ahora los tratan de tú a tú, de usted a usted, de caballero a caballero, y por efecto de la Revolución los obreros yucatecos se han reivindicado. Señores diputados, un representante obrero del estado de Yucatán viene a pedir aquí se legisle radicalmente en materia de trabajo”.

Según las crónicas, nadie en el Gran Teatro de Iturbide —hoy de la República— perdió el hilo de la arenga:

“Deben trazarse ya bases fundamentales en materia de trabajo, entre otras, las siguientes: jornada máxima, salario mínimo, descanso semanario, higienización de talleres, fábricas y minas, convenios industriales, creación de tribunales de conciliación y arbitraje, prohibición de trabajos nocturnos a mujeres y niños, atención en accidentes, seguros de indemnización”.

Al final, estos anhelos fueron incluidos en la Constitución y en las posteriores leyes secundarias.

DOS FECHAS. Don Héctor —dice el nieto, de 55 años—-, “nunca me ha llamado la atención como abuelo, sino como líder obrero… Comencé a desentrañar su historia como parte del rescate del cementerio general de Mérida: es muy antiguo y se encuentra en el abandono”.

¿Ahí están los restos de tu abuelo?

—Sí, pero fuera de la Rotonda de los Socialistas Yucatecos, donde está por ejemplo Carrillo Puerto. La tumba de mi abuelo se encuentra a unos 200 metros. A finales de los 80, cuando era gobernador Víctor Manzanilla Shaffer, admirador de mi abuelo, intentó llevarse los restos a la Ciudad de México, pero el proyecto no se consumó.

—¿Qué significado tiene Victoria en Yucatán?

—Sólo es recordado en dos fechas: en el aniversario de la Constitución, y cuando el Congreso local entrega su máximo galardón: una medalla que lleva el nombre de Héctor Victoria Aguilar. El reconocimiento fue instituido también por el gobernador Manzanilla Shaffer.

Al volver a Yucatán, tras la promulgación constitucional, es designado presidente del Congreso local. Y en los años posteriores desarrolla, junto con Carrillo Puerto, diversas encomiendas a favor del derecho agrario.

Pero la muerte lo sorprendió temprano: el 31 de diciembre de 1926, cuando apenas tenía 40 años. Aunque su acta de defunción, por embrollos del registro civil, refiere el fallecimiento a los 35 años. ¿La causa? Tuberculosis laríngea.

Días antes del adiós, Antonio Ancona Albertos, otro constituyente de Yucatán, escribe: “Victoria, este tuerto de anteojos agresivos y corazón fuerte, años después llegó a la metrópoli, venía enfermo de tuberculosis laríngea, afónico, flaco, desamparado. Alguien del gobierno de Yucatán lo dejó sin empleo, ya no sirve para nada el precursor del Artículo 123, vino con su admirable compañera, y hubo de regresar agonizante, con auxilios pequeños de grandes amigos pobres, pero entero, jamás flaqueó, nada pidió, seguro de sí mismo y seguro de su muerte viajó en trenes y barcos hacia su destino: el cementerio de Mérida”.

Años después del deceso, le dedicó al amigo otras palabras: “Lo enterraron y se olvidó, gobiernos de Yucatán se sucedieron y ya nadie más habló de Héctor Victoria, olvidamos a Héctor, yucateco ilustre por sus hechos y esencialmente por haber sido uno de los creadores del artículo 123. Yucatán ha glorificado a hombres sin valor y sin valer, por ahí hay calles con nombres desconocidos, ¿y Victoria cuándo?”.

¿Ni una calle siquiera? –se pregunta a Jorge, profesor de la materia Cultura Maya.

—Hay una pequeña avenida, de unos 300 metros, cuyo nombre oficial es Héctor Victoria, pero nadie la llama así. Ahí está la sede de la  UNAM en Mérida, aunque todos la conocen como Avenida 43. Un fraccionamiento obrero en la población de Kanasín se llama como él y hubo un tiempo en que el Teatro Ferrocarrilero también se nombró así, pero ya las letras se cayeron, se perdieron.

¿Qué opinas tú de sus logros?

—Fueron reflejo de que en aquel tiempo los políticos eran del pueblo y estaban comprometidos con las necesidades de marginados u oprimidos. No por nada se logró la Constitución más adelantada del mundo en sentido social.

—¿Y los políticos de ahora?

—Están muy devaluados, no podemos compararlos con mi abuelo, aquel tuerto de anteojos grotescos…

Imprimir