Revolución, Constitución y democracia

José Fernández Santillán

Ahora que se cumplen 100 años de la promulgación de la Constitución de 1917, conviene hacer una remembranza de los acontecimientos que le dieron vida a ese documento fundamental. Por principio de cuentas, ella, nuestra Carta Magna, es producto de la Revolución convocada por don Francisco I. Madero para el 20 de noviembre de 1910 en el Plan de San Luis fechado el 5 de octubre de ese año.

Vale la pena destacar que Madero, antes de convocar a las armas para derrocar a la dictadura de Porfirio Díaz, intentó que la transformación política fuese por la vía pacífica; por medio de la competencia electoral. Convocó a la formación del Partido Nacional Democrático. El programa de acción de ese partido contenía los siguientes puntos: limpieza en los procesos electorales; formación de un sistema de partidos; subordinación del poder a la ley. Estas demandas las dejó planteadas en su libro La sucesión presidencial en 1910 (México, Fosa, 1985, p. 28) publicado en 1908. Y, efectivamente, el líder coahuilense participó en los comicios de ese año; pero sufrió un fraude electoral que fue la causa del estallido revolucionario como lo dejó asentado, justamente, en el Plan de San Luis: “En México, como república democrática, el poder público no puede tener otro origen ni otra base que la voluntad nacional, y ésta no puede estar supeditada a fórmulas llevadas a cabo de un modo fraudulento”.

El dictador quiso aferrarse al poder; pero, el 24 de mayo de 1911 tuvo que presentar su renuncia. Viajó a Veracruz para abordar, el 31 de mayo, el buque de vapor Ypiranga rumbo a Francia, donde murió el 2 de julio de 1915.

Se convocaron a nuevas elecciones. Por medio de ellas Madero ocupó la Presidencia de la República el 6 de noviembre de 1911. Su gobierno respetó los derechos ciudadanos, observó la ley, creyó en la institucionalidad. No obstante, era una institucionalidad basada en la oligarquía y en el ejército porfirista que al final lo traicionó. Quien estaba al mando del ejército, el General Victoriano Huerta, le dio un golpe de Estado. Madero fue asesinado junto con el Vice-Presidente José María Pino Suárez, el 22 de febrero de 1914.

Diversas facciones revolucionarias se lanzaron contra el usurpador, entre ellas la facción Constitucionalista comandada por Venustiano Carranza. Es importante tomar en consideración que la Revolución Mexicana en realidad estuvo conformada por una miríada de ejércitos acaudillados. Para ellos lo importante era derrotar al Ejército Federal.

El ejército porfirista finalmente se rindió el 13 de agosto de 1914 al firmar los Tratados de Teoloyucan. ¿Qué era lo que procedía? Pues poner de acuerdo a las distintas corrientes alzadas. Para ese fin se llevó a cabo la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes entre el 10 de octubre y el 13 de noviembre de 1914.

Al Teatro Morelos de esa ciudad acudieron jefes militares con mando de fuerzas y gobernadores de los estados de la República entre ellos: Álvaro Obregón, Francisco Villa, Eduardo Hay, Paulino Martínez, Eulalio Gutiérrez, Antonio Díaz Soto y Gama, Rafael Pérez Taylor. En esa magna asamblea también estuvieron hombres de letras como José Vasconcelos, Roque y Federico González Garza, Vito Alessio Robles, Luis Cabrera y Jesús Silva Herzog, varios de ellos ligados a Madero.

Los convencionistas no querían una nueva Constitución sino la rehabilitación de la Carta Magna de 1857 y la incorporación a ella de reformas sociales. Empero, como no pudieron ponerse de acuerdo, regresaron a los campos de batalla; ahora para pelear entre sí. Las fuerzas se dividieron entre los ejércitos de la Convención (villistas y zapatistas fundamentalmente) contra los Constitucionalistas (carrancistas).

El destino de la Revolución se decidió en las batallas de Celaya escenificas entre el 6 y el 15 de abril de 1915 con saldo favorable para los constitucionalistas. Con esto, los constitucionalistas aseguraron que su proyecto político fuese el que delineara el futuro de la nación. Al Congreso de Querétaro les fue prohibida la entrada a quienes hubiesen tomado las armas contra el Ejército Constitucionalista. Sin embargo, todo mundo acepta que buena parte del programa social de la Convención tomó cuerpo en la Carta Magna de 1917. La diferencia radica en que la Convención, recordando a Madero, quería la democracia parlamentaria como lo estipulaba la Constitución de 1857; en cambio, la de 1917 prescribió un gobierno fuerte, es decir, un sistema presidencial.

Carranza, la verdad sea dicha, no abrigaba muchas esperanzas en la democracia. En el discurso inaugural del Constituyente de Querétaro lo dijo sin medias tintas: para hacer uso de los derechos y libertad, sobre todo respecto de la función electoral, primero se debía contar con un mínimo de preparación.

Como fue planteada en un origen, la Constitución de 1917 contuvo dos cosas fundamentales: un programa de reformas sociales (artículos 27 y 123) y un poder Ejecutivo fuerte. Y así caminó el país durante décadas. Posteriormente vinieron los impulsos democráticos y las consecuentes reformas introducidas en la Constitución (artículo 41). Pasamos del presidencialismo a la división y equilibrio de poderes; de la hegemonía del partido oficial al pluralismo.

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