El gasolinazo y sus mentiras

Luis Sánchez Jiménez

Desde el anuncio del incremento del precio de las gasolinas y el diésel a finales de diciembre pasado y durante todo el mes de enero, el gobierno federal ha repetido una y otra vez el argumento para justificar las impopulares alzas: “el precio internacional de la gasolina subió y el dólar también, por lo que era indispensable su incremento”.

La publicidad del gobierno federal reconoce, sin tapujo, que México importa más de la mitad de la gasolina que se consume en el país. Ese dato es alarmante, ya que pone en riesgo la seguridad energética y vulnera la soberanía nacional. La importación de gasolinas ha mantenido un alza creciente desde 2004, cuando representaba menos del 10 por ciento de las ventas totales. En 2016, durante los meses de julio y septiembre, las importaciones representaron, respectivamente, el 69 y 68 por ciento del consumo total de gasolinas. Mientras que de manera deliberada se ha dejado de surtir petróleo a nuestras refinerías.

México es el cuarto consumidor per cápita de gasolinas en el mundo, sin embargo, tiene gasolina de reserva únicamente para dos días de consumo nacional. Otros países de la OCDE, como el propio Estado Unidos o Francia, tienen más de 90 días de reserva. ¿No es esto un factor de riesgo para la seguridad nacional? Evidentemente sí.

Pero el gran argumento es que los precios internacionales de las gasolinas han aumentado. No obstante, cuando vemos el panorama de manera más amplia, se aprecia que esto no es así. De acuerdo con la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), el precio del galón de gasolina regular en la Costa del Golfo, para la semana del 3 de diciembre de 2012, dos días después de la toma de protesta de Enrique Peña, fue de 3.158 dólares; el 26 de diciembre de 2016, el precio de esta misma gasolina fue de 2.080 dólares; es decir, el precio bajó 1.078 dólares, un 34 por ciento menos.

En México, el primer gasolinazo del sexenio de Peña Nieto ocurrió el 8 de diciembre de 2012, fue de 9 centavos, como venía siendo cada mes; el costo de la gasolina Magna llegó a 10.81 pesos por litro. Desde el 1 de enero de este año esa misma gasolina cuesta 16.33 pesos, en la región Barranca del Muerto de la CDMX. Un incremento de 5.52 pesos por litro, equivalente a 51 por ciento más. Nada que ver con la evolución del precio que usamos de referencia en los Estados Unidos.

¿Qué debería pasar con el precio de las gasolinas y el diésel el próximo 4 de febrero de acuerdo con la línea de argumentación del gobierno federal? Veamos.

Los reportes de enero de la EIA indican que los precios promedio por galón para la Costa el Golfo fueron: 2.148 dólares para el 2 de enero; 2.168 para el día 9; 2.142 dólares para el día 16; 2.124 para el día 23; y 2.089 dólares para el pasado día 30. Una variación a la baja entre el segundo día del año y el último del mes de menos 0.059 de dólar. Prácticamente sin variación.

El Banco de México reportó para el 2 de enero de este año un tipo de cambio de 20.73 pesos por dólar; para el 31 de enero fue de 20.79. Aún con las variaciones drásticas a lo largo del mes, terminó prácticamente igual.

La respuesta es que no deben incrementarse más las gasolinas. Si conociéramos cuánto cuesta cada embarque de importación de gasolinas y el costo de producción a pie de refinería por parte de Pemex, los cálculos serían mucho más precisos y transparentes.

El dato de cierre de 2016 indica que el gobierno federal obtuvo, por concepto de IEPS a gasolina y diésel, poco más de 227 mil millones de pesos y en 2017 pretende recaudar 284 mil millones de pesos por el mismo concepto.

Enrique Peña Nieto miente y oculta que el propósito del gasolinazo es obtener mayor recaudación antes del proceso electoral de 2018 y garantizar márgenes de ganancia redituables a los inversionistas privados con el adelanto de la liberalización de las gasolinas. Por esto y más, #NoalGasolinazo.

Senador de la República

XXX Twitter @ SenLuisSanchez

Imprimir

Comentarios