¿En la punta de la lengua? ¡A otro perro con ese hueso!

Carlos Alberto Patiño

Si se emplean sin mesura, sin tino, las frases hechas son una monserga. Pero existen porque tienen utilidad. Nos ahorran el trabajo de sintetizar una idea, aunque propician la pereza mental, fomentan la molicie y nos alejan del buen estilo.
Algo habíamos dicho ya de los lugares comunes en este espacio.
Las fórmulas hechas son un recurso de comunicación informal, son fauna del lenguaje coloquial.

Tengo en mente, desde que abordé los nombres de algunas medidas, la expresión “un palmo de narices”, y recuerdo el ademán con la mano extendida en la punta de la nariz. El palmo, lo sabemos, es la cuarta, la distancia entre el meñique y el pulgar extendidos.

Es el gesto mínimo para Donald Trump, aunque se me ocurren otros que implican dedos extendidos y doblados.
Las frases hechas no son refranes ni proverbios, pero se asemejan. De algunas, el origen se pierde en los tiempos, no así el sentido.
“A la buena de Dios” es dejar algo al descuido, que las cosas ocurran de cualquier manera, pero confiando en que la mano divina llevará todo a buen fin.
En cambio, “a ojo de buen cubero” es una estimación de la habilidad de ­cálculo. El cubero era el fabricante de cubas, los toneles para conservar el vino. La experiencia era la que marcaba las medidas.
“Se armó la de Dios es Cristo” nos remite a un enfrentamiento entre personas de distintos pareceres. La frase empieza a tomar forma en un concilio de los primeros tiempos del cristianismo, cuando se discutía la divinidad de Cristo y el dogma de la Santísima Trinidad.
“Ver moros con tranchete” debe venir de la época del al-Andalus y la Reconquista. Era o voz de alarma (al arma) o exageración, delirio persecutorio. Ahora llamar moros a los moros no es bien visto. De los tranchetes no sé.
“Se fue con el rabo entre las patas” describe el retiro de aquel al que no le fue bien en un encuentro, que no logró sus objetivos. Recuerda a la forma en la que los perros se alejan de un peligro protegiendo sus genitales con la cola.
“Poner en un brete” es meterse o meter a alguien en aprietos. Brete es un antiguo instrumento para inmovilizar reos.
“Meter las manos al fuego” es fórmula para avalar las propias conductas o las de otros. El origen es medieval. Era la prueba de la verdad. El señalado debía sujetar fierros calientes o meter la mano entre las brasas. Si resistía, comprobaba su dicho. Como los tiempos han hecho más blandengues a los humanos, lo más frecuente ahora, es decir “no meto la mano al fuego por nadie”.
Ser de “manga ancha” es ser de gran tolerancia, de mucha permisividad. Según algunas fuentes, el origen de la frase se relaciona con las vestimentas religiosas que eran, así, de manga ancha, y se aludía a los curas muy tolerantes con sus fieles.
Usamos “hacerse de la vista gorda” con un sentido similar, pero más para quien evade su responsabilidad que para el tolerante.
“En la punta de la lengua” tenemos todas las respuestas, pero no pasan de ahí.
“A otro perro con ese hueso” sirve para deshacernos de quien nos quiere embaucar, para demostrarle que su engaño es fallido. Y los perros tienen sus patas. “Andar de pata de perro” es pasearse libremente, como hacen los perros vagos que recorren sus territorios. Por supuesto, el término no aplica a los pobres caninos llevados por “paseadores” que ni los pasean y sí los maltratan.
¿Y qué le hizo el viento a Juárez? ¿De dónde salió esta expresión? ¿Alguien conoce la historia? Cuénteme.
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Me hizo notar Marielena Hoyo que Carlos Slim dice “financía” y no financia, como marca la norma.
“Financiar” se conjuga como “comerciar”. Rarísimo sería decir “comercía”. Ese acento no tiene razón de ser.
Decía la regla que cuando en el infinitivo a la vocal débil (“i”, “u”) de un diptongo en la terminación del verbo la anteceden la “c” o la “g”, al conjugar no se deshace el diptongo, no se pone acento.
Escribí “decía”, así en copretérito, porque la manga ancha de la Real Academia de la Lengua ya le dio entrada a conjugaciones como “licúa” y “adecúa”, que antes sólo eran “adecua” y “licua”. Ahora se admite como modelo de conjugación para estos verbos “actuar”, además del original “averiguar”, donde no cabe “averigúo”.
Aquí me pregunto ¿y el lema de la RAE? Ése que a Bertha Hernández le parece buen eslogan para un jabón de trastes: “Pule, fija, da esplendor” ¿Dónde queda? Porque no pule nada darle cabida a incorrecciones por más extendidas que estén.
Peor que “financía” es “financea” y eso me lleva al mal uso de “copear” en lugar de “copiar” y al estrafalario “fotocopear”.
“Copiar” es reproducir; “copear” es servir o tomar copas. “Fotocopear no es nada, a menos que lo sea por el efecto de las copas.
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Regaños. El portal sonorense dossierpolítico.com publica: “Una maniobra donde el presidente del PRI fue un colaborador dispuesto, especialmente si se trataba de perjudicar a Carolina Monroy, su segunda y con quien tiene una relación glaciar”.
Usar una palabra sin saber su significado es error común en los tiempos que corren. La pérdida de los hábitos de la lectura y la consulta al diccionario tiene esas consecuencias.
“Glaciar” es, según el DLE, “Masa de hielo acumulada en las zonas de las cordilleras por encima del límite de las nieves perpetuas y cuya parte inferior se desliza muy lentamente, como si fuese un río de hielo”.
Lo que quiso decir el autor de esos párrafos es “glacial” que entre otras acepciones tiene la de muy frío, y se usa en sentido figurado para indicar distanciamiento, indiferencia.
Tengo otro regaño, pero no lo puedo propinar. Un tuit del Fondo de Cultura Económica dice: “Cien años podrían no ser muchos para una carta magna, pero para la mexicana de 1917 son un tramo considerable”. El problema es que como no entiendo qué significa ese mensaje, me quedo paralizado. No puedo comentar nada.
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Rotundo respondió Francisco Báez a la demanda redonda de El Arca de Arena. La palabra de origen latino, contundente, terminante por lo redondo es “rotundo”. También lo respondieron Mangel, Marielena Hoyo y Luz Rodríguez.
Para esta ocasión, El Arca busca un sitio muy bien escondido, oculto. Algunos, indebidamente, lo usan como sinónimo de lejano.

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