De Trump a la política “micción”

Rafael Cardona

En ocasiones tiene la fama de un rock star.

Lo siguen señoritas de enhiestas pestañas, como decía don José Alvarado y sus admiradores forman legiones. Es un sabio, un hombre docto, un especialista cuya testa lleva la aureola del Premio Nobel de Economía.

Se llama Joseph Stiglitz y muchas veces nada contra la corriente del salvajismo capitalista. Algunos le dicen un “economista humanizado”. Y él, como toda persona pensante, está en contra de Donald Trump, quien va por la vida cosechando críticas y sembrando temores, paso a paso.

Ya no es el diario Die Welt de Alemania con un sombrero de charro en la portada cuyo texto interior se solidariza con México por las incontables y, por desgracia, interminables ofensas desde Washington.

Es la alarma de un premio Nobel quien, sin embargo, incurre en uno de los peores lugares comunes de la resignación. Stiglitz ha dicho, palabras más o palabras menos, mal de muchos…

“…Trump parece estar empeñado en sostener una guerra comercial. Pero ¿cómo responderán China y México? Trump puede entender que lo que él propone violará las reglas de la Organización Mundial del Comercio, pero también puede que sepa que la OMC se demorará bastante antes de pronunciarse en su contra. Y, para ese entonces, puede que la balanza comercial de EE UU ya se haya reequilibrado.

“Pero dos partes pueden jugar ese mismo juego: China puede tomar acciones similares, aunque es probable que su respuesta sea más sutil. Si se produjera una guerra comercial, ¿qué pasaría?

“Trump puede tener razones que le lleven a pensar que podría ganar; después de todo, China es más dependiente de las exportaciones a Estados Unidos que viceversa, lo que otorga a E U una ventaja.

Pero una guerra comercial no es un juego de suma cero. Estados Unidos pierde también. China puede ser más eficaz en apuntar sus represalias para causar un dolor político agudo. Y los chinos pueden estar en una mejor posición para responder a los intentos estadunidenses de infligirles dolor de la que Estados Unidos está para responder al dolor que China podría infligir a los estadunidenses.

“Nadie puede adivinar con certeza quién puede soportar mejor el dolor. ¿Será Estados Unidos, donde los ciudadanos comunes ya han sufrido por mucho tiempo, o será China, que, a pesar de los tiempos difíciles, ha logrado generar un crecimiento superior al 6%?”

Pero en cuanto a México dice Stiglitz:

“…México debe ver más allá de Estados Unidos y diversificar su economía, concretar mejoras sociales y mejorar las condiciones para la inversión, sostuvo hoy el economista Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de Economía 2001, en su conferencia magistral ‘Trump: retos y oportunidades para México’.

“En su ponencia, organizada por la Universidad de Columbia y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre otras instituciones educativas, el también catedrático estadunidense relativizó el impacto que la llegada de Donald Trump a la presidencia de estados unidos pueda tener en las relaciones con México y el resto del mundo.

‘El presidente es solo una persona y va a estar allí, esperemos, por cuatro años o menos’, dijo, provocando las risas de los presentes en un escenario del Auditorio Nacional, en la Ciudad de México.

“Añadió que ‘la amistad entre Estados Unidos y México, así como el orden mundial que estamos tratando de lograr continuarán pese a Trump’. Stiglitz enfatizó que no se puede considerar normal ‘la intolerancia, la misoginia, la clase de comportamiento que Trump representa’.

“Tendremos que denunciarlo continuamente. Hay un lado algo más brillante de todo esto, y es el grado en que los estadunidenses tendrán que trabajar juntos, y con los pueblos de todo el mundo, en respuesta a esta amenaza, a nuestra democracia y nuestros valores fundamentales”, sostuvo.

“Añadió que esto ya se vio en la respuesta a la orden ejecutiva del mandatario estadunidense sobre migración. “En cuestión de horas hubo protestas en todos los aeropuertos de Estados Unidos, y esa fue una respuesta global”, refirió.

Sin embargo esa maravilla de optimismo no resulta tan reconfortante.

No se necesita un Premio Nobel de Economía para soltar la vaguedad de un México “diversificado”. Es cierto, pero cómo. Es ignorar una atadura centenaria entre este país y su permanente atraso y el poderío de los americanos desde los tiempos de James Monroe; es olvidar la paciente labor de erosión cultural entre México y Estados Unidos; es pedirles a los “mexhincados” no ver el “Superbowl” o postrarse ante el Oscar del cine; es decirles no a quienes creen lo mismo en Disneylandia o en Columbia, Yale o Georgetown; es decirles no vayan a ver al médico a Houston, no compren en San Antonio, no se larguen de braceros a California, no quieran ser gringos, a pesar de todo.

El problema aquí es muy simple: queremos cambiar a Trump en lugar de cambiar nosotros. Mientras los mexicanos no dejemos de ser un patio trasero orgulloso de esa condición por años, no podremos avanzar.

La pregunta es si podremos cambiar siquiera un ápice nuestra actitud ante ellos. Y también si honestamente creemos en un mundo ideal entre ellos y nosotros antes de la llegada de este fundamentalista americano cuyo grito de guerra nos arrolla a todos: “¡America first!”

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Mientras tanto, y en la misma línea del Nobel  de prolongar la denuncia y hacer evidente la resistencia, algo significativo y simbólico sucedió en Campeche, una ciudad acostumbrada desde siempre al acoso, ya sea de piratas o de precios al derrumbe en la declinante industria petrolera cuyo espejismo se ha terminado.

“Unos 30 mil campechanos —dice la información—, se manifestaron de forma pacífica en la Marcha por la Unidad Nacional, la primera de esta magnitud que se realiza en el país a convocatoria conjunta de las diversas corrientes políticas, económicas y sociales en el estado, para dar muestra de la fortaleza del pueblo mexicano y alzar la voz en defensa de la soberanía nacional y el respeto a la dignidad de los mexicanos.

“Al unísono de ‘México, México, México…’, ondeando banderas nacionales y portando pancartas con leyendas de Marcha por la Unidad de Campeche y el país, un mar de gente vestida de blanco salió del parque de San Martín, recorrió la calle 12 del Centro Histórico hasta llegar al Circuito Baluartes, tomó la calle 8 y arribó a la Plaza de la República para congregarse en un mitin donde se dejaba escuchar música mexicana y se dio lectura a un pronunciamiento ante los momentos cruciales que se viven respecto a la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

“Ahí se expuso que los campechanos refrendan su amistad con el pueblo de Estados Unidos, y piden respeto a los derechos humanos de los mexicanos que se encuentran en el país vecino y porque haya una relación comercial donde ambas naciones ganen.

Igualmente se ratificó el respaldo a las acciones que se emprendan en la defensa de la nación y  los intereses de los mexicanos.

“Además quedó de manifiesto que los campechanos son ciudadanos comprometidos con el país y que tienen voz, determinación y carácter.

“A la Marcha por la Unidad Nacional, en la que participaron hombres y mujeres de todas las edades, estudiantes, maestros, padres de familia, trabajadores, dirigentes de partidos políticos, de cámaras empresariales, organismos sociales, legisladores locales y federales, representantes de la iglesia y servidores públicos de los tres niveles de gobierno, se unió el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas con su esposa Christelle Castañón de Moreno”.

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La verdad, resulta complejo encontrar un nombre adecuado para la coprofilia del desmesurado Arne Aus den Rutten, quien ha encontrado en el lanzamiento de pañales sucios la mejor forma de expresar sus pensamientos.

Quien tiene ideas en la cabeza, combate políticamente con  ellas, pero quien guarda una letrina en la mente sólo puede pensar y expresarse a través de la excreción.

Hace algunos años alguien  definió los delirios como parte de la política ficción; pero ahora estamos ante la política micción o la política defecación.

Más allá de simpatías o antipatías por el Partido Revolucionario Institucional, el caso reciente de un señor cuya  manía crítica requiere el acopio insalubre de pañales usados (¿por quiénes?) para simbólica y aromáticamente lanzarlos contra las puertas de su enemigo, resulta altamente patológico. ¿Cómo olerá su casa?

Muchas son las formas perversas de la coprofilia, según nos dicen los siquiatras, especialmente como elemento de excitación sexual, pero con las evidencias visibles en este caso, no hay nada por hacer sin (en el fondo), compadecer a este pobre hombre cuyo paso por la actividad políticamente redentora (desde la tunda a sus “robocops” por parte de los ambulantes de Tacuba cuando era delegado; o la paliza de los guardaespaldas de un millonario en ese mismo tiempo), lo exhiben como un castigador masoquista.

Aus den Rutten se ha instalado en la escena política mediante actos violentos e intimidatorios cuyos efectos se le revertirán  tarde o temprano.

Sus parafilias extravagantes van desde la intromisión en vidas ajenas de supuestos infractores de cualquier reglamento (basura, agua, etc.) con una imagen de Periscope como arma, hasta la “jitomatiza” contra el coordinador de los diputados del PRI, César Camacho, quien  ha prometido proseguir judicialmente con la denuncia por las agresiones.

Ojalá lo hiciera hasta la consecuencia final, cuyos resultados  serán mínimos por desgracia.

Los únicos lugares donde se habían usado pañales usados como proyectiles en medio del desmadre, eran las arenas de lucha libre o los estadios de futbol.

Hoy Arne, a quien desde ahora se le podría llamar #Lord Pañal, escribe su biografía con la tinta de la diarrea.


rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

 

 

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