La Pepa: revolucionaria, liberal… y breve | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

La Pepa: revolucionaria, liberal… y breve

La Pepa: revolucionaria, liberal… y breve | La Crónica de Hoy

¿Qué tiene que ver la Constitución de México con Napoleón, la ciudad de Cádiz y el invierno ruso? A priori, nada, pero, como reza el proverbio chino, el aleteo de una mariposa en Francia, durante la segunda década del siglo XIX, se sintió como un tornado en España y Rusia, y luego como un grito huracanado de libertad al otro lado del mundo… y la Historia cambió para siempre.

Con la excusa de la invasión de Portugal y repartición de ese país con España, las tropas francesas entraron en la península ibérica en 1808, pero el pueblo español no perdonó la traición de Napoleón al rey Fernando VII, al que encerró en el castillo francés de Valençay, originando no sólo una guerra de españoles contra franceses y contra el rey impuesto, José I Bonaparte, sino el inicio de una rebelión en la Nueva España, que empezó la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con en el Grito de Independencia.

Milagro en San Felipe Neri. Mientras que, con la excusa de la invasión francesa y el destierro del “rey legítimo”, en México había prendido la llama de la insurrección contra las tropas realistas, en España la resistencia levantaba la misma bandera de la libertad para luchar contra los invasores franceses y, de paso, plasmar en un texto las reglas fundamentales de la nación.

En Cádiz, donde las tropas napoleónicas no lograron entrar, un grupo de hombres redactó en la iglesia de San Felipe Neri la que sería promulgada, el 19 de marzo de 1812, como la primera Constitución Española.

Muchos consideraron un auténtico milagro que en un templo gaditano se hubiese parido una Constitución tan liberal para la época, teniendo en cuenta el peso que seguía teniendo la monarquía, la aristocracia y el clero en la atrasada sociedad española de principios del siglo XIX.

Revolucionaria, pero misógina. En sus 384 artículos, reconocía, por ejemplo, la prohibición de aplicar penas a los familiares de quien había cometido un delito, señalando que el castigo debía recaer exclusivamente sobre el culpable de los hechos. Se reconocían asimismo el derecho a la integridad física, por lo que quedaba prohibida la tortura, y el derecho a la libertad de expresión y de prensa “sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación”.

Además, incorporó la separación de poderes y la concesión de la ciudadanía española para todos los nacidos en las colonias, un gesto en el que sin duda influyó el hecho de que varios de los constituyentes fuesen americanos, como el mexicano Miguel Ramos Arizpe, a quien se le debe la creación de ayuntamientos, que resultó fundamental para la abolición de privilegios a la aristocracia española y la consolidación de un poder criollo.

Como muestra de agradecimiento, proliferaron plazas dedicadas a la Constitución por todo el continente americano, algunas de las cuales aún sobreviven, pese a la brevedad de La Pepa, como el Zócalo de la Ciudad de México, cuyo nombre oficial es Plaza de la Constitución, lo es en honor no a la Constitución Mexicana, sino a la Constitución Española de 1812.

Sin embargo, tanta modernidad tenía límites y en La Pepa, pese a su apodo (en referencia a que fue promulgada el día de San José), sólo se recoge la palabra “mujer” una sola vez y para señalar que no podía ejercer el voto. Además, consagraba a España como un Estado católico, que prohibía cualquier otra confesión, mientras que el rey lo seguía siendo “por la gracia de Dios”, aunque, a partir de entonces, también por “gracia de la Constitución”.

Conspiración. El 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz promulgaron la Constitución Española, con la esperanza de que el “rey legítimo” en el exilio, Fernando VII, la bendijese a su regreso. Sin embargo, antes debían liberar a España del invasor francés y para ello contaron con la ayuda del crudo invierno en la llanura rusa, en el otro extremo del viejo continente. Pero, para ello, tendrían que pasar otros dos años.

La campaña rusa de Napoleón, que soñaba con la conquista de toda Europa, incluida Rusia (el mismo error que llevó también a Hitler a la perdición, un siglo después), diezmó hasta tal extremo a las tropas napoleónicas, que Napoleón desistió no sólo de invadir el imperio zarista, sino de invadir España.

Esa derrota histórica de Napoleón en Rusia repercutió definitivamente en la victoria de los españoles y sus aliados ingleses en la península ibérica, que se consumó con la firma del Tratado de Valençay en diciembre de 1813, mediante el cual, Napoleón reconoció a Fernando VII como rey legítimo de España.

El 22 de marzo de 1814, Fernando VII “El Deseado” entró en España aclamado por el pueblo, que luchó contra los invasores franceses en su nombre, y por las Cortes de Cádiz, que lo esperaban para que estampase su firma en la Constitución de 1812, en la que se le reconocía como rey.

Sin embargo, no todos los que juraron la Constitución de 1812 estaban de acuerdo con su profundo espíritu liberal y americanista, y 69 de ellos conspiraron para evitar que sus compañeros liberales se salieran con la suya. Por medio de una carta, conocida como el “Manifiesto de los Persas”, llamada así porque los firmantes aluden en su carta a una leyenda persa, según la cual, se permitían cinco días de anarquía cuando moría el rey. Con ello, querían denunciar que, con el destierro de Fernando VII, España había vivido no cinco días sino dos años de anarquía, de la que surgió una carta magna que despojaba de parte de su poder al monarca para entregárselo a los “representantes del pueblo”. Por todo esto, los constituyentes conservadores le pedían al monarca que la aboliese y reinstaurase el “ancien regime” absolutista.

La gran traición. Dicho y hecho. Fernando VII se sumó a este de golpe de Estado y no firmó la Constitución de 1812, sino que la abolió el 4 de mayo de 1814. Con este acto contrarrevolucionario, el rey traicionó a los que lo apoyaron y acabó con cualquier esperanza de construir en España y en sus colonias un Estado moderno y más justo.

El asesinato de La Pepa no fue, sin embargo, en vano, ya que engrandeció aún más la causa de los que luchaban por la independencia y permitió que siete años después de su muerte prematura, México se liberara finalmente del yugo español.

Los diputados americanos en Cádiz

Veinticuatro diputados del Reino de la Nueva España estuvieron presentes en las Cortes de Cádiz que dieron lugar a la constitución liberal de 1812. Muchos de ellos eran sacerdotes o militares. Muchos de ellos eran al mismo tiempo abogados.

Entre los más conocidos está el coahuilense José Miguel Ramos Arizpe, sacerdote, como lo eran también José Beye Cisneros, y José María Couto. Militares eran Francisco Fernández Munilla, José María Gutiérrez de Terán y algunos más. Pedro Bautista Pino era comerciante y Manuel María Ibáñez era regidor del Ayuntamiento de Oaxaca.

También acudieron a Cádiz representantes de los otros reinos de la América

Española. Llegaron de los Virreinatos de Buenos Aires, Perú y Santa Fe, y de las Capitanías Generales de Chile, Cuba, Ecuador, Filipinas, Guatemala, Puerto Rico, Santo Domingo y Venezuela.

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