México debe generar innovaciones disruptivas, dice Mario Moisés Álvarez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

México debe generar innovaciones disruptivas, dice Mario Moisés Álvarez

Nuestros Científicos. El científico quiere aprovechar más de 30 años estudiando bioreacciones para resolver un reto científico: el diseño y la fabricación de chips capaces de producir anticuerpos monoclonales, moléculas que inhiben o bloquean algunas funciones de células cancerígenas

México debe generar innovaciones disruptivas, dice Mario Moisés Álvarez | La Crónica de Hoy

México puede desarrollar muchas innovaciones en farmacéutica y nutracéutica, si aumenta la inversión privada para investigación y desarrollo, pero sobre todo si se crean los ambientes adecuados para que nazcan las llamadas “innovaciones disruptivas” o nuevos conocimientos con aplicabilidad práctica.

Así lo considera Mario Moisés Álvarez, bioquímico mexicano que fue el fundador y primer director del Centro de Biotecnología FEMSA, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). En ese centro laboran actualmente 100 investigadores en biotecnología, genómica, bioquímica, ingeniería de alimentos y farmacéutica, entre otras.  

El propio Álvarez, autor de cinco patentes y más de 60 artículos científicos, dirige en el Centro de Biotecnología proyectos para el desarrollo de medicamentos contra el cáncer, así como trabajos de ingeniería de tejidos e ingeniería celular.

Unos días después de recibir el galardón más importante que se otorga a un investigador del Tecnológico de Monterrey que es el Premio Rómulo Garza a la Investigación y Desarrollo, en su categoría Insignia, por una trayectoria científica destacada, Mario Moisés Álvarez hace una recapitulación de lo mucho que ha avanzado la investigación científica en el ITESM, en contra de la creencia anterior de que las universidades privadas no hacen investigación.

El profesor y miembro del Grupo de Ingeniería Celular y Bioreacción cuenta que una prueba de los avances es el hecho de que en México ya pueden producir pruebas de diagnóstico molecular para detectar enfermedades como la influenza, el ébola o el zika.

En su caso, el doctor Álvarez quiere aprovechar más de 30 años estudiando bioreacciones para resolver un reto científico: el diseño y la fabricación de chips capaces de producir anticuerpos monoclonales, moléculas que inhiben o bloquean algunas funciones de células cancerígenas.

“Me sentiría bien definido como un ingeniero que se ha dedicado a abordar problemas biológicos. Mi vocación es muy de ingeniería, pero siempre me ha apasionado la biología y en la pasada década he tratado de trabajar más en la línea biomédica, aplicando la ingeniería. Actualmente, trabajamos, por ejemplo, en el diagnóstico molecular de enfermedades como la influeza, el ébola y trabajamos en diagnosticar el zika”, explicó el académico, que ha trabajado como profesor invitado en Harvard Medical School, donde formó parte del Centro de Investigación para Innovación en Materiales (BIRC, por sus siglas en inglés).

NUTRACÉUTICA Y FARMACÉUTICA. Alrededor del año 2002, el Tecnológico de Monterrey puso en marcha una campaña interna para fomentar la investigación y apoyar la generación de patentes y empresas de base tecnológica. Después de un esfuerzo grande se consiguió un primer financiamiento de 4 millones de dólares y en 2004 se abrió el Centro de Biotecnología FEMSA, un edificio de cinco pisos, dentro del Campus Monterrey del ITESM, donde el trabajo es coordinado por 13 líderes. Sus especialidades son la investigación y desarrollo en ingeniería de alimentos, farmacéutica y nutracéutica.

El objetivo de este centro es generar soluciones, tesis, pero también patentes y transferencia tecnológica. Algunas de las soluciones que ya ha aportado al país fue el desarrollo de un método para la producción masiva de vacuna contra la influenza AH1N1.

“La vocación por el desarrollo tecnológico e inventar cosas viene de mi experiencia en la industria porque, como parte de un post doctorado, trabajé poco más de año y medio en la industria farmacéutica, con la compañía Bristol- Myers como parte de su Training program. Durante un periodo de entre año y medio o dos años trabajé en Bristol Myers Squibb y esa experiencia fue muy ilustrativa de cómo el científico busca llevar una idea a la implementación, y en este proceso es indispensable patentar. Porque si lo que estoy desarrollando realmente quiero que tenga impacto, tengo que patentarlo.

“Al regresar a México en 2002, el Tecnológico de Monterrey estaba en una campaña muy fuerte para apoyar los procesos de patentamiento de innovaciones y eso nos incentivó a varios profesores a patentar desarrollos en los que habíamos participado”, detalló el profesor que obtuvo su primera patente internacional por mejorar un proceso para la fabricación de medicamentos en una etapa, peligrosa, llamada cloración de intermediarios. Más adelante obtuvo una segunda patente internacional, apoyando al alumno de doctorado Jesús Valencia, en experimentos de química sintética.

El mismo Centro de Biotecnología FEMSA ha generado ya decenas de patentes en áreas de atención a la salud y se trabaja en el desarrollo de tratamientos contra el cáncer, diabetes e hipercolesterolemia, a partir de moléculas extraídas de plantas de uso común como el frijol negro, diferentes variedades de maíz y semillas silvestres como la semilla de ébano.

VOCACIÓN TRANSFORMADORA. Originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, Mario Moisés Álvarez recuerda la profunda impresión que sintió cuando tenía 11 años de edad y su mamá, Romana Álvarez, lo llevó ante un grupo de niños de primaria para que diera una clase de matemáticas. Su mamá era profesora y él era bueno para el tema que debía exponer a otros niños, pero nunca había sentido tanta responsabilidad como sintió frente al grupo.

“Ese momento cambió mi vida y me di cuenta que ser profesor es realmente una labor muy importante, porque con tus palabras transformas vidas. Yo creo que si alguien puede cambiar los problemas del mundo es un profesor porque su impacto es exponencial”, cuenta el hombre que recuerda con agradecimiento a su mamá, que trabajaba en dos turnos y en la noche atendía un negocio de hamburguesas, para que su hijo acudiera a la mejor escuela.

“Yo creo que México sí ha avanzado en investigación y desarrollo, pero hay que ser más agresivos, hay que aumentar la inversión privada y pensar en ideas más innovadoras. Por ejemplo, en la zona de Boston y Cambridge cada vez hay más colaboraciones entre la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetss. Si en Monterrey hubiera más puentes de colaboración entre el Tecnológico de Monterrey y la UANL, seguramente se crearía en México un polo de desarrollo muy fuerte, para entrar a la economía del conocimiento”, concluyó.

Imprimir