Recursos públicos e instituciones del Estado, ¿modernizar o cercenar? - Javier Santiago Castillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Recursos públicos e instituciones del Estado, ¿modernizar o cercenar? | La Crónica de Hoy

Recursos públicos e instituciones del Estado, ¿modernizar o cercenar?

Javier Santiago Castillo

Los tiempos inciertos son propicios para diagnósticos y propuestas insólitas. La volatilidad del tipo de cambio, el deterioro de los precios del petróleo y un desempeño económico que se pronostica débil, entre otros factores, han hecho tambalear el presupuesto federal. Sin duda, es necesario emprender medidas de austeridad en todas las instituciones del Estado, a fin de preservar el equilibrio en las finanzas públicas. Pero desde mi punto de vista es necesario ir más allá de la austeridad, que es transitoria, y se debe racionalizar el gasto público, que debe ser lo permanente.
Es saludable para nuestra democracia que la aplicación de los recursos del erario ocupe un espacio importante en la deliberación pública. Considero que la discusión, si ha de ser fructífera, amerita un cambio de tono y orientación. Con motivos entendibles y en ciertos casos reales, la iracundia se sobrepone al análisis y las propuestas son suplantadas por revanchismos indefinidos. No se puede negar que en muchos espacios del Estado los cargos y presupuestos que los acompañan se constituyen en privilegios, ni que se emplean cantidades ingentes de recursos sin mayor beneficio social, o que se otorgan contratos a los amigos para acciones innecesarias o que pueden ser mejor realizadas por otros proveedores o por la estructura misma de las dependencias.
Pero reconocer tales perversiones en el servicio público y convenir en que deben ser combatidas, no implica concluir simplistamente en que todo es así en las instituciones del Estado. Tampoco ayuda mucho a nuestra comprensión del problema que lo reduzcamos a propuestas de recorte en un lado para destinar tales recursos a un fin de creemos más urgente o necesario, o sencillamente que nos limitemos a pedir menores presupuestos.
Sería adecuado abandonar el simplismo, para que no confundamos la austeridad con la precariedad de las instituciones, ni la honestidad y eficiencia con la adquisición de bienes “baratos”;  para que no motejemos de faraónica a una construcción por el sólo hecho de ser grande y sin considerar su utilidad social inmediata y mediata, que pretendamos que un servicio público con salarios deteriorados será más útil a la sociedad, o que simplemente digamos que hay salarios de privilegio sin tener en cuenta el nivel de responsabilidad de los cargos y las cualidades que se requieren para su ocupación, aunque viene bien eliminar la dotación indiscriminada y casi patrimonialista de bonos, vehículos y gasolinas, guardaespaldas, las secretarias de las  secretarias de las secretarias y diversa parafernalia. Necesitamos un enfoque un tanto más holístico.
Creo que podríamos coincidir en que nuestro país y el futuro que deseamos para él, requieren de instituciones sólidas, con capacidad de acción en el espacio público que les corresponde gestionar y orientadas a la satisfacción de las demandas sociales en su campo. Instituciones eficientes, eficaces y modernas, al servicio de la sociedad. Pero para ello se requieren recursos financieros. De modo que la discusión sobre el cuánto debe estar acompañada de la deliberación sobre el cómo y el para qué.
En todos los ámbitos de la administración pública debemos hacernos cargo, respecto del cómo, de las deficiencias habituales en la presupuestación: se suele presupuestar sin un efectivo análisis de costos, al tanteo y/o sobre bases puramente incrementales; se sobrepresupuesta bajo la lógica administrativa de que siempre se autorizará una cantidad menor; se asignan recursos con base en la intuición, sin un efectivo análisis de los beneficios apetecidos y su efecto en los temas que se busca atender.
En un plano estructural, no podemos olvidar que las inercias y las decisiones desafortunadas han conducido a presupuestos en los que el gasto corriente consume un porcentaje abrumador, en detrimento del gasto de operación, proyectos, que son los que efectivamente permiten el cumplimiento de la misión institucional. Todas las instituciones, en mayor o menor medida, están urgidas de una reingeniería institucional que les permita recuperar su capacidad de acción y generación de bienes públicos.
Eso no se logrará con llamados a la austeridad que se agotan en acciones de relumbrón, con impacto mediático, destinadas sólo a impresionar a los opinadores frívolos o satisfacer la mezquindad de quienes sólo pretenden proteger su imagen. Disminuir salarios de altos funcionarios implica ahorros magros. Poco se consigue al disminuirle el garrafón de agua a la burocracia, racionarle las hojas de papel o renunciar a un espacio para su activación física y en cambio aleja sus condiciones de trabajo de lo que la Organización Internacional del Trabajo ha denominado trabajo decente. No, la ineficiencia y el dispendio, siempre de mayor volumen, está en otras partidas presupuestales y no siempre en la de servicios personales.   
No se trata de recortar por recortar, ni de hacer moralina con la austeridad, sino de aplicar los recursos públicos con eficiencia, eficacia, racionalidad y honestidad. Requerimos transformaciones de fondo que modernicen la confección y uso de los presupuestos, transparenten las acciones y razones de la aplicación de recursos, mejoren la técnica de presupuestación con sentido social e institucional y hagan de cada unidad ejecutora de gasto un coadyuvante del desarrollo nacional en todos sus campos, mediante la provisión de bienes públicos que enriquezcan nuestra convivencia social.
En el INE debemos asumir responsablemente que después de más de 25 años de su creación existen rémoras y dificultades de conducción administrativas estructurales. Los consejeros electorales no tienen atribuciones administrativas, excepto la aprobación del presupuesto. En cambio tienen la responsabilidad política de las decisiones que en esa materia se toman. Es un tema al que el colegiado debe prestarle atención tan relevante como al de organizar elecciones. Hoy la administración de las instituciones públicas es un asunto de la mayor relevancia política.

 

@jsc_santiago
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