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Los niños que crecen con las abuelas y la brecha insalvable

Casos. Doña Carmen desconoce el uso de las redes sociales y no puede ayudar a su nieto Alejandro, quien cursa segundo de primaria y debe recurrir a Facebook y WhatsApp para realizar tareas escolares. Alumnos en esta situación suelen desarrollar aversión a las tecnologías

Alejandro termina de comer. La abuela le pide lavarse los dientes y comenzar la tarea. El nieto cursa segundo año de primaria y su mamá hizo el esfuerzo de comprar una computadora para la casa.

—¿Qué tienes qué hacer de tarea?, pregunta la abuela, ya con cierta cara de ansiedad, pues sabe lo que viene.

—Tengo que entrar a Facebook porque mi maestra nos va a poner ahí las preguntas y luego mis compañeros de equipo y yo vamos hacer el grupo en Whatsapp para trabajar.

La abuela pone una expresión de pánico. No tiene idea de lo que le habla su nieto.

Alejandro sigue: “¿Me ayudas a buscar la información? Ahh, la profe nos dijo que no podemos cortar y pegar”.

La abuelita piensa “¿Cómo que no se puede cortar y pegar, si eso es lo que hacíamos cuando íbamos a comprar monografías a la papelería”, claro, cuando la madre de Alejandro era niña.

Su hija le compró un celular para poder hablar con ella aunque salieran a la calle. Es decir, doña Carmen, la abuela, sólo usaba el teléfono para eso, para hablar.

Doña Carmen siguió meditando sobre el hecho de no poder ayudar a su nieto y esperar a que regresara su hija de trabajar. Seguramente vendría cansada como siempre y los compañeritos de Alejandro ya estarían dormidos para las nueve de la noche.

Ésta es una historia de terror, al menos para la abuela. La cantidad de información y la tecnología con la que viven su hija y su nieto está muy lejos de sus conocimientos. El mayor acercamiento a algo moderno para ella era manejar con cierta soltura la pequeña Olivetti con la que ayudaba a su hija a hacer sus tareas de monografías y de libros de texto. Le parece terrible que su nieto ya no tenga libros o no los use para trabajar cotidianamente.         

La cantidad de información a la que se tiene acceso por internet ha crecido de forma impresionante. Según los expertos, en este momento se genera diario la misma cantidad de información que se generó durante todo 2002.

Nadie podría en su vida leer toda la información disponible en la red.

Doña Carmen no tiene la menor idea de todo lo que hay detrás de la computadora de su casa…     

Esta brecha es inédita.

Tiene implicaciones psicológicas, de autoestima y desde luego educativas.

Entre las más importantes de las psicológicas destacan la dificultad para comunicarse de manera directa y la frustración que genera en ambos.

Lo que suele hacer una comunicación fluida y amorosa se convierte en un proceso incluso doloroso. Para el binomio abuela nieto tiene un costo emocional en el que está de fondo la relación de ambos con los padres del niño.

Esta situación genera ansiedad y puede llevar incluso a procesos depresivos.

En términos de autoestima el niño sufre de un sentimiento de desilusión hacia la figura de la abuela y una perversión del concepto de habilidades para desempeñarse en su escuela.

Aunque hay pocos estudios al respecto, muchos profesores reportan que esta disminución en la autoestima causa un problema real de relación con otros alumnos y cierta segregación generada por asuntos de competitividad.

Tampoco hay datos duros sobre cómo impacta esta situación en el desempeño escolar; es decir, no se sabe si son niños con calificaciones más bajas o si solamente tienen implicaciones sociales o de relación. Lo evidente  es que muchos niños que viven en esta brecha tienden a desarrollar cierta aversión o rechazo a la tecnología.

Si sumamos procesos psicológicos de minusvalía funcional con autoestima baja resultan en un niño con menores posibilidades de éxito escolar, tanto en términos cognitivos como en funcionalidad satisfactoria.

En el terreno educativo estas desventajas, reales o simplemente percibidas, generan en los estudiantes dificultades para insertarse al proceso de aprendizaje al mismo ritmo que sus compañeros y los llevan también a un circulo vicioso de autoestima, desempeño pobre y pueden llegar a autoexcluirse del grupo.

Lo cierto es que muchos profesores son poco sensibles a esta situación y avanzan con la mayoría. Es decir, prefieren trabajar con niños cuyas familias tiene las capacidades y habilidades de manejar con soltura tanto las computadoras como los programas de apoyo a la educación, que incluso ya están en los usos y costumbres escolares.

Es poco probable generar un programa para educar tecnológicamente a las abuelas. Se deberían de implementar programas para apoyar con la adquisición de estas herramientas a las abuelas que lo requieran.

Aunque quizá muchas se resistan a este aprendizaje por diferentes razones, desde que ya no ven bien hasta presentar rechazo a la tecnología.

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