Nacional

Las huellas de los constituyentes

Documentos, libros, fotografías y objetos personales de algunos de ellos se conservan en el Archivo Histórico de la UNAM

Desde la máscara mortuoria de Heriberto Jara hasta la biblioteca de Félix F. Palavicini. Por diferentes caminos, las pertenencias de algunos diputados constituyentes de 1916-17 ahora son conservadas en el Archivo Histórico de la UNAM (AHUNAM), que permite a Crónica entrar en sus bóvedas.

Los objetos son también memoria, son recuerdo, son hallazgo. El acervo fotográfico ayuda a entender los días de Querétaro, y en objetos se rescata una imagen del ser humano. Algunas piezas resultan importantes para acercarse con la mirada del siglo XXI a los días en que los constituyentes de 1917 se aprestaban a presentar a la nación el resultado de su trabajo.

Hoy, la UNAM, entre sus muchas tareas a favor de la conservación de la memoria cultural de los mexicanos, cuida y conserva algunos archivos  formados en otros tiempos por personajes de la vida nacional. Lo mismo están los papeles de Rafael Chousal, secretario de Porfirio Díaz, que los de Roque  Estrada, maderista de primera hora y presidente convencionista. También está el considerable archivo que da cuenta de la larga vida del escritor y periodista Martín Luis Guzmán, y los documentos de Jaime Torres Bodet, poeta y Secretario de Educación Pública de excepción. Junto a ellos, se conservan también los materiales que son huella de la trayectoria vital de algunos constituyentes de 1917.

Peculiar es el archivo de Heriberto Jara (1879-1968), el primero que llegó al AHUNAM, en 1977, comprado a los descendientes del militar y político. Y es excepcional porque contiene objetos personales, algunos personalísimos que hablan de ese otro aspecto, de la dimensión meramente humana, con sentimientos y obsesiones que todos tenemos.

En el archivo del general se conservan, bajo supervisión cuidadosa, dos sillas de montar, los arreos para el caballo, la funda de pistola, objetos todos cercanos, cercanísimos para cualquiera que se hubiera ganado los galones en los fragores de los combates revolucionarios. Pero unos pasos, está una caja que contiene una delicada bata de encajes negros, que perteneció a Ana María, la esposa de Heriberto Jara.

Están los quepís, los trajes de masón. Insólito detalle: el AHUNAM custodia la máscara funeraria del general Jara; en la parte del archivo que resguarda fotografías, ese mismo rostro retratado en yeso aparece en una instantánea, seguramente tomada en sus últimos años de vida, junto al general Lázaro Cárdenas. Ambos personajes sonríen con la suavidad que los hombres de biografía larga y plena se pueden permitir.

Otro constituyente, otras huellas, otras historias. La Colección Félix F. Palavicini que se conserva en el AHUNAM traza otra historia de vida, la del periodista tabasqueño (1881-1952) que dejó la Secretaría de Educación a donde lo había colocado Venustiano  Carranza para marchar al Constituyente de Querétaro done sería una de las figuras más relevantes.  Esta colección incluye parte de la biblioteca formada por Palavicini: mil 100 títulos.

Luz María Martínez, Técnica Académica el AHUNAM, responsable del ordenamiento del archivo de Heriberto Jara, llama la atención sobre los contrastes de los archivos: los libros de Palavicini contrastan con las experiencias de vida de Jara. Esos contrastes serían los mismos que darían forma y cuerpo a la Constitución de 1917.

Por fortuna, los personajes históricos no se quedan “congelados” en un punto específico del tiempo y el espacio. Puede que la narrativa histórica lleve, en ocasiones, a lecturas parciales de aquellos actores del pasado. Pero esa es una de las virtudes de un archivo personal: revela a su antiguo propietario más allá de la efeméride. Por eso, en el archivo de Jara están las placas de impresión y los documentos que hablan de su apasionada militancia en el Movimiento por la Paz de los años 50, que llevó al antiguo revolucionario a viajar a la remota China y tomarse una curiosa fotografía con Mao Tse Tung.

Lo mismo pasa con los documentos de Félix F. Palavicini: ahí están, en abundantes copias mecanográficas, los guiones que empleó para el programa de radio que mantuvo, entre 1942 y 1951, donde hablaba de la evolución de la segunda guerra mundial y de temas históricos.

Otros archivos hablan de las pasiones de sus propietarios originales. El acervo del ingeniero de minas y general Amado Aguirre se divide en dos grandes segmentos: uno, el que corresponde a su biografía militar y política; allí donde están sus hojas de servicios, donde está el seguimiento que, en plena campaña electoral de Álvaro Obregón, hacía de los telegramas que se cruzaban entre los adversarios políticos del general manco. Aguirre, uno de los hombres de confianza del que llegaría a ser presidente de la república en 1921, ayudó a neutralizar algunas de las acciones que contra Obregón planeaban sus rivales.

El otro grupo documental revela el interés que Amado Aguirre tuvo por la historia de México: documentos e incluso el resultado de algunas indagaciones propias, como la realizada a fines del siglo XIX, cuando tenía 34 años y la revolución no estaba en el horizonte inmediato, intentando dar con el paradero final de Francisco Picaluga, el marino italiano que en 1831 entregó al insurgente Vicente Guerrero para ser fusilado. Aguirre terminaría aquella indagación en 1921, meses antes de convertirse en el Secretario de Comunicaciones de la primera presidencia obregonista.

Es en el archivo de Amado Aguirre donde se encuentra una copia del “Álbum de Diputados al Congreso Constituyente de Querétaro de 1917, con dedicatorias, datos y pensamientos”. Documento invaluable para entender el ánimo con el que aquellos hombres concluyeron sus labores, algunos de ellos proporcionan sus datos biográficos; otros, dejan alguna línea que habla de su actuación en el Constituyente; otros esbozan una queja velada de algunas derrotas legislativas. De entre sus páginas, surge el breve párrafo dejado allí por Félix F. Palavicini, que es señal de lo ocurrido, pero es también la mirada esperanzada al futuro nacional:

“Todas las grandes ideas del proyecto de Constitución se salvaron. Las imperfecciones de detalles se corregirán con el tiempo y la gran obra de progreso hará inmortal a la Carta Magna de 1917”. Así pensaban, así eran.

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