Un capricho que termina una leyenda… (Don Alejo se volvería a morir…)

Edgar Valero Berrospe

Tengo 31 años metido en el mundo del deporte como reportero y comentarista. En esas más de tres décadas he visto cualquier cosa que se le pueda ocurrir a usted. Decisiones sabias, decisiones equivocadas, grandes aciertos y grandes yerros, decisiones absurdas y berrinches de todo tipo. Esto incluye a directivos, deportistas, periodistas, gente de todo tipo involucrada en este ámbito.

Debo reconocer que no soy un gran aficionado de la Liga Mexicana de Beisbol, pero también reconozco que sin que yo sea aficionado, la liga ha sido un baluarte del deporte mexicano, y he visto desfilar a grandes peloteros que luego se encumbraron incluso hasta llegar a las Grandes Ligas y allá, de pronto, recordar que surgieron de lugares como la Academia de Pastejé, apenitas afuera de Toluca rumbo a Atlacomulco, donde los Tigres capitalinos, por idea del desaparecido y siempre bien recordado Ing. Alejo Peralta y Díaz Ceballos (casi nadie conoce su segundo apellido), formaron a una enorme cantidad de beisbolistas de talla internacional, entre ellos Matías Carrillo, José Luis Sandoval, Kiko Campos, Narciso Elvira que pasó muchas temporadas con los Dodgers, los Cerveceros y los Rangers de Texas, Roberto “Metralleta” Ramírez, y una lista larga e ilustre de jugadores.

Eso fue parte del legado que dejó el Ing. Peralta a quien tuve la fortuna de conocer allá a finales de la década de los 80 cuando empecé a cubrir para el Ovaciones y luego MVS Multivisión, la actividad de la Liga Mexicana en el desaparecido Parque del Seguro Social. El ingeniero, a quien quiero recordar con mucho afecto, tenía más allá de los 72 o 73 años, y aun acudía a su palco atrás de home en el parque de pelota, y se había convertido hasta sencillo acercarse a él a platicar, o más bien a escucharlo hablar de cómo sus ideas contribuyeron a transformar el México agrario, en el México industrial.

Don Alejo, para llamarlo de manera más afectuosa, fue un visionario, un hombre de un duro y recio carácter que además, fue piedra angular del crecimiento de la educación técnica, de la industria en México y por supuesto del deporte. Pero ya a su edad, disfrutaba más de estar en su palco, ahí juntito a home, en el Parque del Seguro Social, majestuosa obra construida a instancias suyas ante don Antonio Ortíz Mena, y con todo respeto digo que era casi un “viejo bonachón”, cuyas anécdotas lo dejaban a uno con la boca abierta, comenzando por cómo decidió “entrarle” al beisbol reemplazando a los Azules de Veracruz (que no jugaban en Veracruz sino en el Parque Delta, pero eran “de Veracruz” porque su dueño, don Jorge Pasquel, era veracruzano) y cómo en esa temporada de 1955 cuando jugaron su primera campaña en la LMB se coronaron campeones.

Con el ingeniero Peralta de podía hablar casi de cualquier cosa, su alma mater, el Instituto Politécnico Nacional (del que fue director y gran reformador) perpetuó su nombre al dedicarle el Auditorio más importante en Zacatenco a su nombre, no importa que los imberbes e irreverentes “politos” le llamemos coloquialmente “el queso” por su forma arquitectónica, al final de cuentas ahí es donde ejecuta la Orquesta Sinfónica del IPN (que tuve la oportunidad de escuchar interpretando el Huapango de Moncayo en el 50 aniversario), y donde se llevan a cabo las grandes reuniones. O al menos se llevaban.

Ser un personaje con un carácter y un temperamento tan fuerte, pero con una visión y lucidez de las cosas como pocos empresarios en nuestro país, claro que tenía que llevar a los Tigres a ser una novena triunfadora, que todavía el año en que falleció, en el primer mes de la campaña de 1997, su equipo se coronó campeón por sexta ocasión de los doce títulos que posee, o poseyó. Y don Alejo terminó siendo el ejecutivo más influyente de toda la Liga Mexicana.

Pero todos esos años de esfuerzo como empresario visionario y como directivo, de sueños cumplidos, de metas alcanzadas a costa de un trabajo intenso y creativo año tras años, de pronto se van a ir de un plumazo. Y es que tras verse en aparente “desventaja” ante el resto de los clubes que contratan mexicanos nacidos en el extranjero al por mayor para integrar sus novenas, Carlos Peralta, hijo del ingeniero y quien se quedó al frente de la organización desde 1997, hace 20 años cuando falleció su padre, ha decidido no ir más. Ha puesto en venta algo que él llama “el equipo”, digo que llama “el equipo” porque no están en venta ni el logotipo, ni el nombre, pero no jugará más, luego de 61 años de pertenecer al circuito estelar del beisbol mexicano.

No se si es un berrinche, pero lo parece. Y duele porque quienes nos acercamos y vimos y vivimos parte de la historia de este club, nos resistimos a entender “las razones” que orillan a tomar tan trascendente decisión. No se si es por el anuncio de que el gobierno estatal “sólo” estaba dispuesto a aportar 20 millones de pesos para la manutención del equipo (después de los más de 200 que recibieron), pero esta puede ser la más importante de la “razones”. El beisbol seguro que no es negocio para el señor Peralta. Pero muchos años antes de que le fuera heredado el honor de dirigir a esta novena, tampoco lo era y nunca escuché al ingeniero Peralta quejarse de eso. Es evidente que la Familia Peralta es una de las más acaudaladas de nuestro país.

Don Alejo Peralta fue un hombre recio, un hombre intenso, de duro carácter, pero amaba a los Tigres como su vida misma. Alguna vez, allá por 1989 cuando lo entrevisté por primera ocasión, me dijo que él daba lo que fuera por sus Tigres, que le dolía ver el Parque del Seguro Social medio vacío la mayor parte de los días de juego, pero que no cambiaba por nada su afición por el Rey de los Deportes y que se moriría feliz si volvía a verlos campeones. Ya no pudo saberlo, pero Dan Firova comandó a la “troupe” felina que aplastó a los Diablos Rojos en la Serie Final cuatro juegos a uno en aquel 1997… Una Guerra Civil con un enorme membrete de “A la memoria de Alejo Peralta, empresario visionario y apasionado amante del béisbol… Y claro, de sus Tigres…”

 

evalerob@aol.com

www.twitter.com/evalerob

edgarvalero.wordpress.com

youtube/evalerob

Imprimir

Comentarios