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Como prisionero en Siria “no hay opciones ser violado, violar o morir”: superviviente

Al Shogre, tras su liberación y pesando 35 kilos, a la derecha, actualmente como refugiado en Estocolmo.

Omar al-Shogre, de 21 años, uno de los supervivientes de las “cárceles del infierno” sirio, relató a medios internacionales y a Amnistía Internacional (AI) la pesadilla que vivió durante tres años en cinco prisiones, desde que fue detenido en noviembre de 2012, sólo por llamarse Omar y vivir en Baniyas, sitio de intensos enfrentamientos sectarios, destacó CNN.

“La muerte era el camino más fácil, mucho más que soportar todo lo que nos hicieron”, dijo vía telefónica desde Estocolmo, donde vive refugiado desde hace 14 meses tras su liberación.

“Una tarde cualquiera de noviembre de 2012 hombres de la inteligencia militar siria derribaron la puerta de la casa. Yo tenía 17 años y vivía con mi tía en Baniyas, donde cursaba el bachillerato. “Entraron y me llevaron sin motivo. Como se llevaron a tantos otros sólo por vivir en un país donde hay protestas” contra el gobierno.

IMPUTACIONES. De camino a la comisaría comenzaron los golpes. “¿A cuántos soldados has matado? ¿Qué armas has utilizado?”, le gritaron en los primeros interrogatorios. De los golpes con palos, pasaron a los golpes con varillas metálicas. De las quemaduras en la piel con cigarros y mecheros, pasaron a las descargas eléctricas. Las epidemias o las raciones de comida y agua que “no bastarían para un pájaro”, reportó el diario español El País.

Entonces comenzaron los abusos sexuales. “Elegían a dos presos y a uno le decían que violara al otro. El que se negara era ejecutado. No había más opciones. Ser violado, violar o morir”. Abusos que sufrió y cuyo testimonio recogió el informe de Amnistía, que denunció miles de ahorcamientos en una cárcel del régimen de Al Asad. “Nadie admitirá que esto les pasó a ellos, pero pasó muy a menudo”.

CADÁVERES. Entre rejas pensó en que pronto le llegaría la muerte. “Cada noche, a las cuatro de la madrugada era la hora de las torturas. Cada domingo, lunes y martes llegaban las camionetas que se llevaban montañas de cadáveres”.

Al Shogre llegó a pesar 35 kilos tras vivir entre las paredes de las “celdas del infierno” donde presenció muertes y sufrió violaciones y torturas. “Puede que en Europa las cárceles estén llenas de criminales, pero en Siria están llenas de gente buena, de presos políticos y jóvenes sin crímenes”. Al Shogre un día, sin más, fue liberado.

 

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