Trump sueña con levantar muros y China con derribarlos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Trump sueña con levantar muros y China con derribarlos

Geopolítica. Las dos superpotencias mueven ficha para “volver a ser grandes de nuevo”. EU apuesta por el aislacionismo y el proteccionismo xenófobo, y China por la apertura y la globalización. ¿Quién ganará la partida que podría decidir la hegemonía mundial en el siglo XXI?

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Imaginen un tablero de ajedrez mundial. A un lado se sienta Donald Trump y al otro lado Xi Jinping. Sobre el tablero, una combinación extraña: las fichas de EU están a la retaguardia y las chinas están inusualmente avanzadas.

¿Qué está pasando?

La principal anomalía ha sido la llegada de Trump al poder y proteccionismo xenófobo. Tampoco es normal el comportamiento de Xi, quien, desde que el Partido Comunista Chino lo eligió presidente, hace cuatro años, ha apostado abiertamente por el libre comercio y se ha mostrado mucho más belicista y expansionista que sus antecesores —empezando por el propio Mao Zedong— que trataron siempre con estudiada delicadeza las relaciones con Washington y sus aliados asiáticos.

Todo esto cambió al tercer día de llegar Trump al poder, cuando anunció que sacaba a EU del Acuerdo Transpacífico, el mismo que firmó Barack Obama y los líderes de otras once naciones, todas potencias de la cuenca pacífica, como Australia, Japón, Canadá y México, excepto la mayor de todas, China.

Es el Pacífico, idiota. Obama, que salió de su letargo tras comprobar la hiperactividad de Xi en firmar acuerdos comerciales y hacer negocios en todo el mundo (y de forma muy intensa en América Latina), trató de matar dos pájaros de un tiro. Con su TPP habría logrado liderar el que habría sido el mayor bloque comercial del mundo, al tiempo que habría conformado una alianza-barrera de países alrededor del gigante asiático. Todo ello basado en la creencia, bastante aceptada internacionalmente, de que, quien domine la cuenca del Pacífico dominará el siglo XXI.

Pues bien, esa astuta jugada de ajedrez de Obama es la que acaba de deshacer Trump, para alegría de su contrincante Xi, que no sólo ve desaparecer el peligro de un Pacífico estadunidense, sino que, si sabe jugar bien, podría acabar convirtiéndose en el primer comunista de la historia que lidera el mundo, o al menos el que despejó el camino para que China supere a EU como primera potencia planetaria antes incluso de que este siglo cruce su ecuador.

La reacción de Xi a la retirada de Trump deja claro que ambiciona su corona, como quedó claro con sus tres siguientes movimientos. Primero anunció su intención de defender y encabezar el libre comercio; segundo, se comprometió a liderar también la lucha contra el cambio climático (anticipándose así a la amenaza de Trump de sacar a EU del Acuerdo de París); y tercero, se fue a Davos, capital de invierno del capitalismo, donde fue recibido como una estrella y se presentó como un soldado de la globalización.

Los analistas lo tuvieron fácil: Trump vuelve a hacer grande a China.

Taiwán no se toca. Lejos de rectificar, Trump contraatacó con un movimiento peligroso, cuando decidió cruzar una línea roja, respetada por todos los presidentes de EU desde que Richard Nixon reanudó relaciones con Pekín: el principio de “una sola China”. Cuando el presidente de EU aceptó la llamada de la presidenta independentista de Taiwán, Tsai Ing-wen, a espaldas de China, y defendió luego su derecho a tratar “de igual a igual” a la isla considera por China una provincia rebelde, la reacción del gobierno chino fue fulminante: “Si EU reconoce a Taiwán, será considerado una declaración de guerra”.

La increíble torpeza diplomática de Trump no solo podría desestabilizar el delicado orden en esa región, sino que podría poner al mundo al borde de una guerra nuclear, sobre todo si sigue atendiendo las recomendaciones de su siniestro “Rasputín”, Steve Bannon, quien durante la campaña del republicano aseguró que EU declararía la guerra a China “en 5 o 10 años”, para frenarel expansionismo de Pekín en el Mar de China Meridional, donde disputa islas con varios países y construye islas artificiales con misiles.

La venganza es un plato que se sirve frío. El delicado equilibrio entre las dos superpotencias podría romperse no solo si Trump sigue con su gobierno errático, sino por culpa de Rusia, el país que EU echó del tablero de ajedrez a finales del siglo pasado. Si Rusia se decanta por una de las dos superpotencias, sospecho que no sería precisamente por la estadunidense, por mucho que a Trump se le caiga la baba con el “zar” Vladímir Putin.

El presidente ruso, que durante la era Obama firmó una estratégica alianza energética con China, no olvida la humillación que su país sufrió con la caída de la Unión Soviética, cuando hace exactamente 30 años jugaban la partida Ronald Reagan contra Mijaíl Gorbachov y el primero hizo un movimiento que resultó una jugada maestra. Gritó: “Gorbachov, eche abajo ese muro”.

Dos años después, el mundo libre celebró la caída del Muro de Berlín y la posterior caída de la “cortina de hierro” que aisló durante décadas al mundo soviético. No sabemos si existe en ruso el refrán “la venganza es un plato que se sirve en frío”, pero sí es más que probable que el ex agente del KGB use su astucia para manipular a su favor al pelele de Trump.

La partida por el dominio del siglo XXI se juega aún y se desconoce el desenlace, pero si tuviéramos que congelar una imagen del presente para intentar adivinar el futuro ganador les propongo la de Trump, encerrándose a sí mismo en un muro, con los ladrillos de la Gran Muralla China que arranca gustosamente su adversario Xi.

Se aceptan apuestas.

 

fransink@outlookl.com

 

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