Espectáculos

David Garret ofrece el soundtrack de su vida

Renovado, ahora graduado de la Escuela Julliard y estudiante del laureado Itzhak Perlman, David Garret sigue forjando su camino guiando al público masivo hacia el  rico universo de la música clásica, fusionándola con arreglos pop, una cualidad única del violinista, quien la noche de ayer hizo suyo el Palacio de Bellas Artes.

En el máximo recinto de la cultura nacional, Garret hipnotizó con su destreza en el violín. A los pies del único telón de cristal (Tiffany’s) en el mundo, con la imagen de los dos volcanes más representativos de México, el músico hizo gala de talento, el cual lo ha llevado a conquistar a las audiencias de nuestro continente y tan lejanas como de Asia.

Su imagen: con su pelo recogido en una sencilla coleta, saco y pantalón oscuros, con una cómoda playera blanca, denotó la naturalidad de quién encontró a su musa en el fino arte de la música de Bach, Mozart, Beethoven o Bruch y al instrumento que se convertiría en una extensión de su propio cuerpo y ser, el violín, desde los cuatro años.

Su honestidad interpretativa se extiende a su personalidad, despreocupada, incluso para limpiar el tenue sudor de sus manos, lo hacía en su ropa. Sus maneras de­senfadadas incluyen cómo se dirige a su público, la cual robó la atención de todos los presentes, desde el inicio, pasadas las 20:00 horas, hasta la última nota después de las 22:00 horas.

“Gracias, buenas noches, Ciudad de México. Estoy muy emocionado de presentar este repertorio clásico aquí. Cada pieza me trae a la memoria mis últimos 30 años en los escenarios”, expresó.

La combinación del allegretto ben moderato, allegretto, recitativo-fantasía y allegretto poco mosso hicieron la delicia de los presentes, quienes apenas se movían, mantenían sus ojos fijos en el escenario y sus oídos abiertos para no perderse de cada tempo, durante los 30 minutos de interpretación.

“Vamos a interpretar el soundtrack de mi vida; empezando quizá desde los 12 años, cuando me di cuenta que me quería convertir en músico, gracias a la interpretación de Isaac Stern y de César Franck”, expresó Garret para interpretar “Sonata para violín y piano en la mayor”, en el segundo instrumento lo acompañó  Julien Quentin.

Para seguir con su recital, Garret eligió “Leyenda en sol menor Op. 17”, con el cual recordó el difícil periodo de su vida, entre los seis y los 10 años. “A esta edad es muy importante trabajar en tu técnica. Lo hacía por varias horas al día. Estoy agradecido por pasar por eso, porque fueron mis fundamentos para tocar”, aceptó el virtuoso, para tomarse un descanso.

Luego de 15 minutos regresó, micrófono en mano y se mantuvo muy cercano a su audiencia, contando las experiencias vividas detrás de cada pieza que regaló. Incluso se permitió distraerse en algunas ocasiones, primero por la seriedad de un hombre en el público y luego por un “problema” en la primera fila, lo cual causó aún mayor empatía.

También dieron forma al recital “Romanza andaluza Op. 22/1”, con la cual rememoró su adolescencia y la fascinación causada en él por los “grandes violinistas” y la “fuerza de la naturaleza en su música”.

Siguió “Humoresque en sol bemol Op. 101/7”, en la cual anotó que tiene en la sección media el ritmo de “Viva la vida” de Coldplay. “¿Plagio?”, bromeó. Ese incluso es un crossover que él hizo, aunque esta vez, decidió tocar la versión clásica. “Marcha de la ópera. El amor por tres naranjas Op. 33” se escuchó.

Prosiguió con “Rondino sobre un tema de Beethoven”, en la cual recordó como Fritz Kreisler era dueño de seis Stradivarius. A pesar de su pulida técnica, en “Csárdás”, tuvo un pequeño traspié, a pesar de entonarla, en 2004, 50 veces en 60 días. Con dedicatoria a su “querido amigo y maestro” Perlman tocó “La Capricieuse Op. 17”.

La “Polonesa en re mayor Op. 4” le valió uno de los aplausos más calurosos de la noche. Sorprendido, el violinista aseguro: “ni en Europa tiene este recibimiento”. De “Melodía en mi bemol mayor” compartió “es mi favorita”. “El vuelo del abejorro”, cedió protagonismo a “Variaciones sobre un tema de Corelli, en el estilo Tartini”.

Al concluir fue más allá, reveló uno de sus secretos. “La gente me pregunta: ‘¿Cómo aprendiste a tocar rápido?’. A lo cual respondo, ‘siempre hay que practicar de manera lenta’”, explicó.

En “La ronde des Lutins”, recordó a sus padres, quienes lo ayudaron a mantener la mejor educación musical posible. Agradeció a todos por acompañarlo en la mágica velada y dio una muestra de humildad.

“Es un privilegio estar en este escenario tan maravilloso. Me preguntaron mucho acerca de la importancia de estar aquí, me considero un artista clásico, así que creo que era algo natural, pero espero no haber ofendido a nadie por estar tocando aquí esta noche”, expresó, lo cual le valió el aplauso de pie.

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